APOLOGÍA DE LA HIPOCRESÍA

Y esto tiene que mucho que ver con la polvareda que Eduardo Avilés ha levantado con su famoso e-mail y posteriores declaraciones a los distintos medios de comunicación. Sigo afirmando que la sociedad sigue siendo  bastante hipócrita ya que lo que este ciudadano ha expresado, es el mismo pensamiento de pánico que tienen millones de paraguayos y que por pudor, estupidez o vergüenza no se animan a confesar en público.

 

Y eso que estamos en la segunda ciudad más importante del país, donde bien se puede llamar al 911; eso si es que no están mirando Cartoon Network. Pero en el campo, donde la casa del vecino más cercana puede estar a 5 ó 10 kilómetros de distancia, es medio complicado. Ahora bien, estoy de acuerdo que se arme y contrate gente para defenderse, siempre y cuando se mantengan dentro de los límites de sus respectivas propiedades.

 

Muchos desmemoriados podrán alegar que el “chilere” se mandó una impresionante y feroz apología del delito. Estamos de acuerdo en un 50 %, ya que prometer una reforma agraria a 40 mil campesinos de San Pedro y no cumplir, es incentivar a la violencia. Cuando el vicepresidente Federico Franco mete por la ventana a 33 parientes con sueldos que oscilan desde los 2,5  a los 25 millones de guaracas de sueldo, eso también es incentivar a la violencia.

 

Nadie dice que Eduardo Avilés sea un santo ni mucho menos. Pero expresó con total sinceridad, todo lo que sentía al respecto, aunque cierta rabia malsana lo haya empujado a hacerlo. Es más, abrir su boca fue casi lo mismo que hacerlo con la caja de Pandora, ya que nos hemos enterado que tras sus 40 años de residencia, en nuestro país, se escondía un oscuro y tenebroso pasado que al final terminó por alcanzarlo.

 

De lo otro, que sea juzgado por quien corresponda y en esto y en todo lo demás por mí expuesto aclaro que no soy el dueño de la verdad y tampoco la monopolizo. Aquí ya he expuesto mi modesto punto de vista y espero que todos ustedes lo comprendan aunque no lo compartan. Eso me daría mucho gusto saber que ustedes si tienen capacidad para tolerar el disenso sin necesidad de agredir por ello. Porque de ninguna manera he querido hacer apología de la hipocresía, al contrario quiero acabarla, y si es posible para siempre, aunque ello sea utópico. 

 

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