AYÚDATE QUE TE AYUDARE

Estamos de acuerdo que las cosas están algo “peludas” y nada viene fácil. Las entradas extras que antes teníamos, se congelaron o desaparecieron como por arte de magia. Hace muy poco tiempo atrás, pegábamos un taconazo en el piso, y aparecía sin mucho esfuerzo, un salvador billetito de cien mil, que no te solucionaba los problemas, pero que tapaba unos cuantos agujeros.


Hoy en cambio, podes patear muchas baldosas, levantar  polvareda, gastar la suela de tus multi-únicos zapatos  y no aparece ni siquiera un mísero diez mil. Hemos tenido que resignar muchas cosas que antes nos eran realmente imprescindibles, pero que ahora son un verdadero lujo. Esta sí que es una crisis y no macanas.


Los índices de desocupación siguen trepando hasta las nubes. Y no existen perspectivas que se estabilicen o mucho mejor, que desciendan. Las  entidades públicas están atestadas de empleados que no producen nada; al contrario, gastan y mucho a nuestras costillas. Sin embargo hay una factura electoral que debemos pagar. Los que los han votado, lograron alguna prebenda o un puestito más o menos rentable, pero que tiene su costo. Y los que no lo votaron, pagarán el precio por no haberlo hecho.

Esas son, señoras y señores, las reglas de juego. Pero, ¿cómo conseguir un trabajo, en un país cuyo gobierno no los crea, o se olvidó de crearlos? Pero es sumamente fácil responder a esta simple pregunta. Si el gobierno no lo crea, entonces nosotros mismos debemos inventarlo. Nuestro poder de inventiva ya es reconocida en el mundo entero, porque entonces, no ponerla en práctica. 

Si uno espera que este o cualquier otro gobierno cree fuentes de trabajo fáciles de acceder, o le pavimente la calle de su casa, o que el recolector de la basura cumpla con los días pactados. Que la escuela de sus hijos no llueva más adentro que afuera o tenga suficientes pupitres y pizarrones. O cuando va a un centro de salud y usted no tenga que salir corriendo a comprar jeringas, gasa y algodón; entonces usted es un romántico empedernido o un haragán que espera, que le sirvan caldo con la cuchara en la boca.

Sea de una manera u de otra, usted está perdiendo miserablemente su tiempo. Lo que debe hacer es tomar al toro directamente por los cuernos. Como dice el refrán: “Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”.

Si no tiene un empleo porque lo despidieron por faltas de ventas, no importa. No se desespere ni eche espuma por la boca. Simplemente ponga su cerebrito a trabajar, que mal no viene usarlo de vez en cuando. 

Siempre las soluciones están a la vuelta de la esquina y son generalmente las más sencillas las que sirven. Haciendo un repaso de las actividades de mis amigos, la mayoría tienen un trabajo bajo relación dependencia, no todos, pero a ninguno de ellos les alcanza con lo que ganan. Por lo tanto tienen una segunda y tercera entrada para redondear una cifra que no es exótica, pero que al menos, llena la olla y calma a los acreedores.

Es la creatividad la que caracteriza a nuestro pueblo y este lo tiene en demasía, solo que, lo ha delegado a quien más veces le traicionó, mintió y engaño. Que es el Estado y este ya ha demostrado incapacidad de solucionar los problemas a la gente, por lo tanto, la gente misma es la que tiene que acabar con sus propios problemas, sin tener que esperar que un ineficiente burócrata venga en su auxilio. 

Eso no significa que al Estado no se le siga exigiendo que cumpla con sus obligaciones, pero el ciudadano común debe de saber, que no debe esperar que la Nación, Itaipú o Yacyretá estén  pendientes de sus reales necesidades.

El ingenio sale a la luz cuando la necesidad aprieta. Las grandes ideas nacieron así. Una amiga además de llevar su estudio contable, cocina bizcochuelos, los decora de diferentes formas y sus clientes no la dejan en paz. Tal es su éxito. Un conocido abogado, luego de atender su estudio jurídico, instaló en el garaje, junto con sus hijos, una mini-carpintería y hacen pequeños muebles a pedido.

Un colega, viendo que con sus magras entradas no llegaba ni a la primera quincena, se le ocurrió, en las 3 hectáreas contiguas a su casa, plantar remedios-yuyos. Para tal tarea, luego de pedir el correspondiente permiso, seleccionó a toda la gente mayor del barrio y les dio algo que hacer. Todos ganan algo, no mucho, pero en esta época cualquier caldito, ya da ya.

Otra persona cercana y muy querida, fue echada por exceso de personal y baja ventas. Ella es madre soltera de dos criaturas. En el fondo de su casa, con 150 mil guaraníes prestados, montó un taller de figuras de yeso. No se volvió millonaria, pero sus hijas van a colegios privados y jamás le han pedido favores ni al Estado ni a sus parientes. Solos con ingenio e iniciativa todos ellos están sobreviviendo a uno de los peores momentos económicos de Paraguay, en época de paz.

Ellos pudieron y ustedes también son capaces; la cosa es no dejarse estar ni dormirse en la corriente. Menos quejas y a golpear más puertas y ver todas las opciones que se tiene a mano. Y para terminar, les dejo un chiste que espero que les sirva para poner una sonrisa en sus caras pero también una cierta enseñanza.
En medio de una horrible tormenta, se encuentra un hombre de profunda religiosidad y que está convencido que Dios no lo va a dejar morir. Se pone de rodillas y comienza a rezar con verdadero fervor. Al rato se le acerca un vecino, en su bote, y le avisa que las aguas están subiendo muy rápido y que debe huir con ellos de una inminente inundación. Pero él lo rechaza, y le pide que huya lo más rápido posible, porque a él, Dios lo salvará.

Más tarde acierta a pasar en bote otro vecino que también lo invitan a subir, pero el hombre también lo despide con las mismas palabras que al anterior. Media hora después cuando muchos de los techos de las casas del pueblo se han dejado de ver, por la altura que las aguas han llegado; aciertan a pasar dos botes más  para ayudarlo, y él insiste en que no. 

Que se quedará allí hasta que Dios lo venga a salvar. Desafortunadamente, una ola gigante, lo arrastra, lo golpea contra una roca, se ahoga, y muere.

Sube al Cielo y al ver a Dios, enfrente de él, le dice muy enojado y con voz de reproche:
— Me abandonaste, Señor.
Se escucha entonces la suave y melodiosa voz del Todopoderoso:
— ¿Cómo que te abandoné?, hijo mío, te envié cuatro botes y no quisiste tomar ninguno. 

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