BASURA BAJO LA ALFOMBRA

Los titulares de los principales diarios económicos del planeta, veían  a Chile como un país exitoso y autosuficiente. Lo comparaban con aquellos famosos tigres asiáticos, que batían records de producción y exportación, mes a mes. La imagen creada por Chile y que proyectaba al exterior, causaba verdadera envidia y admiración, no solo a los países de la región, si no a todas las naciones tercermundistas.

Con la llegada del Mercosur, también Chile deseó integrarlo, pero tuvo que esperar un buen tiempo, antes de ingresar al bloque regional, ya que los primitivos socios no se ponían de acuerdo en muchos puntos esenciales. A pesar de esto, existía en Chile, cierto tipo de miraba altanera y soberbia con respecto a sus posibles socios, a los que miraba por encima del hombro. Su única condición, era gozar de un status diferenciado debido a su gran asimetría con el resto de los integrantes.

Hoy, de una manera u otra, sobrevive el modelo económico impuesto por los militares, y sostenido como sea por los grandes empresarios que siguiendo las pautas neoliberales, han concentrado toda la riqueza en el 5 % de la población. Chile es un país que sigue exhibiendo uno de los índices de desigualdad social más altos del mundo.

Ahora bien, uno de los puntos más llamativos que ha causado el sismo chileno es que este no fue el primero de su historia y seguramente no será el último. Sin embargo jamás, un gobierno  chileno, en una catástrofe similar, tuvo que enviar 10 mil soldados a las regiones afectadas, para contener los saqueos, de hordas histéricas, a los grandes supermercados.

Nadie recuerda que haya habido necesidad de aplicar las leyes de excepción o imponer el toque de queda, para proteger la propiedad privada, en alguna otra oportunidad. Otro hecho bastante significativo, resulta el hecho de esconder las cifras oficiales de muertos por la tragedia, haciendo una ostensible disminución, en los números, como si ese simple dato estadístico fuera importante como para seguir apuntalando toda costa su ya endeble escenografía hollywoodense.

Por lo tanto, esto es una clara muestra de lo que continuamente pregono. Las cosas no siempre son como la ven nuestros ojos. Para ello es necesario, si es que se quiere conocer la verdad, raspar un poco la superficie. Con ello se logrará “no tragarse los sapos” que nos quieren vender. Sin embargo habría que felicitar a los ideólogos de tan macabro plan, por lo casi perfecto de su obra, que de no ser por el sismo, nadie jamás podría haber intuido, que debajo de la alfombra se encontrara toda la basura. 

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