Cachique motorizado

Je suis amérindien Migüel.

Fueron las primeras palabras de Benoît, costaud jeune homme, recorte tipo infante de marina, de mirada desconfiada pero con el ego hasta el cielo.
Nos conocimos a fines del 2005.  Teniamos algo en comun: acababamos de establecernos en Montréal. Moi, nouvel immigrant arrivé de l’Amérique du Sud, quant à lui, nouvel immigrant arrivé dans la région de Montréal.

Al poco tiempo me di cuenta la diferencia. Benoît hablaba perfectamente inglés, francés y su lengua aborigen maternal, yo con un nivel debutante de inglés, diria que casi perfecto castellano, guarani, mas bien jopara avanzado y un francés intermedio.
Imaginandome que la vida en su parcialidad seria parecida a la pelicula «Danza con lobos», grande fue mi sorpresa cuando me dijo: Migüel, hace años que nosostros cambiamos el caballo por la motoneige y los tipis(1) por una casa moderna, calefaccion incluida.
Al principio crei que el tipo me estaba tomando por idiota, pero luego de ciertas averiguaciones comprobé que los aborigenes en Canada gozan de  privilegios del primer mundo.
Los amérindiens no solo viven en comodas y modernas casas, manejan autos, NO PAGAN IMPUESTOS SOBRE EL SALARIO!, tampoco pueden ser juzgados ni condenados por la justicia blanca, ellos poseen su propia policia y sus propias leyes.
No les fue facil adaptarse a este mundo moderno impuesto por los blancos;  hay una tasa alta de suicidio en sus etnias, mucho alcoholismo y desercion escolar .
En los siguientes meses mi di cuenta que teniamos otra cosa en comun: ni Benoît, ni Migüel eran aceptados al 100% en la sociedad québécois.
Y pensar que en  América del Sur muchos aborigenes se pasan mendigando por la calle, sin servicios publicos en sus parcialidades, olvidados y dejados a su suerte.
La unica cosa que encontré en comun entre un «indio» del primer mundo y un «indio» sudamericano es que a ninguno les gusta trabajar, lo digo sin generalizar, pero con conocimiento de causa.
La foto adjunta fue publicada en el diario ABC color hace unos dias, en la cual se observa  a un aborigen haciendose lustrar los zapatos.
(1)    Choza en forma de cono, tradicionalmente utilizado por los aborigenes.


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