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QUIEN ABUSE DE UN MENOR, NO MERECE VIVIR

Muchos amigos, muy cercanos, se enojan conmigo, cuando toco el sensible tema de la pena de muerte, sin embargo yo la justifico en casos muy puntuales, especialmente en aquellos crímenes hediondos, donde no exista, una pizca de piedad, en la actuación del asesino. 
En el curso de estos últimos meses, he leído una cantidad escalofriantes de noticias sobre el abuso infantil

Aún me es totalmente imposible creer que exista tanta maldad y sangre fría en el corazón de cualquier ser humano. Y esa sensación de amargura y desazón se acentúa, en el caso que la actora principal sea una madre. 

Hechos aberrantes que en realidad, a mi modesto juicio, no tienen siquiera el perdón de Dios, en el cielo y mucho menos la disculpa del hombre, aquí en la Tierra. 
Un padre que mete a una beba, de muy pocos meses, dentro de un lavarropas en funcionamiento. 

Una mujer que sumerge completamente a una criatura de dos años, en un profundo pozo de agua. 

Una madre pre-adolescente que introduce a una beba recién nacida, en un “tatakua” encendido (horno de barro). En este caso fue el olor a carne quemada lo que alertó a los vecinos, que enseguida dieron parte a la comisaría local. 

Estos son algunos de los cientos de tristes casos, pero que ya sirven como una pequeña muestra, de los horrores que suceden en el día a día. 

También sería un verdadero error pensar que esto se manifiesta solo en las clases sociales menos favorecidas, ya que se ha detectado muchas situaciones iguales o peores en las capas sociales más altas. 
Ahora bien, se llama abuso infantil a cualquier acción, ya sea física, emocional y sexual o también al olvido no accidental en el trato hacia un menor, por parte de sus padres o cuidadores y que le ocasione un daño físico o psicológico, que amenace de una manera u otra su desarrollo en aquellos dos sentidos. 

Existen seis maneras distintas de abusar a un menor. 

Se pueden distinguir básicamente, seis tipos distintos de abuso infantil. El abuso físico, con golpes de toda índole siendo los moretones y las fracturas, los tristes recuerdos de esta infame modalidad. 

El abuso sexual cuando los niños son vejados tanto en un acto privado como comercial. La pornografía también se encuadra dentro de esta denigrante categoría. 
El abuso psicológico es el maltrato que ejerce una persona sobre un menor con amenazas, actitudes y palabras humillantes. 

A esto se le puede sumar el aislamiento y la descalificación personal que corroerá lentamente la autoestima de la víctima. 

El abandono físico es una situación en que no son atendidas las necesidades mínimas de un menor por parte de un adulto responsable de él. Pueden ser alimentos, vestimenta, condiciones higiénicas o atención por parte de un profesional de la medicina. 
El abandono emocional es la falta total o parcial de todo tipo de afecto que todo infante requiere. Eso con el tiempo creará cierto resentimiento, aunque el niño reciba todo lo material. 

Se llama abandono institucional cuando las distintas dependencias estatales, que deberían velar por el menor, incurren en graves faltas u omisiones o bien son inadecuadas e insuficientes para resolver las distintas carencias que el niño necesita. 

El abuso infantil es un muy grave problema a nivel mundial con serias consecuencias y que pueden llegar a entorpecer el normal desarrollo emotivo de una persona. 

Casi un 25 % de las mujeres y un 10 a un 15 % de los hombres declararon haber sufrido algún tipo de abuso sexual, durante la infancia, y un 35 % de las personas encuestadas, de ambos sexos, cuentan sobre maltratos físicos cuando eran niños. 
Entre las consecuencias más graves del abuso infantil se encuentran los problemas de salud física y mental que son por lo general, arrastrados durante toda la vida. Siendo una cifra casi ínfima los que logran sobreponerse a todo ese terrible infierno, vivido durante la niñez. 

También debe tenerse muy en cuenta sus efectos sociales y laborales, ya que la reinserción de los abusados será muy lenta y eso retrasará su desarrollo económico, si es que lo logra. 
Muchos no han tomado real conciencia de la magnitud del gran problema que esto representa. 

Según cifras oficiales de las Naciones Unidas y de la Unesco, se calcula que cada año mueren por homicidio 1, 5 millones de niños menores de 15 años. 

Esta cifra no incluye otro tanto de suicidios, ya que los menores, en su desesperación por escaparse de sus angustias y obtener un poco de paz, optan por la única vía que ellos conocen. 

En situaciones de conflicto armado y entre los refugiados, los niños son llevados a la fuerza, para ser entrenados como soldados y muchas veces son violados por los mismos adultos que los han sacado de sus hogares. 

Mientras que las niñas son vulnerables a la violencia, explotación y abusos sexuales por parte de los combatientes, fuerzas de seguridad, miembros de su propia comunidad e incluso de los trabajadores de la asistencia humanitaria, entre otros. 

Una respuesta que nos da la Organización Mundial de la Salud (OMS) a sus múltiples causas, es que muchos adultos usan la violencia para castigar o enseñar disciplina a los niños. La mayoría son familiares o niñeras, los que llevan a cabo estos malos tratos.

Al hacerlos culpables, los niños sobrellevan esta situación creyendo que eso es normal y lo disimulan como pueden de los extraños. 
Debido a una cuestión religiosa, cultural y tradicional, muchos países tienen ciertas prácticas que atentan contra el bienestar físico y mental de los niños. El castigo cultural, como la mutilación genital femenina y los trabajos domésticos infantiles, forman parte de esa costumbre tradicional. 

A pesar que son países que han firmado tratados internacionales que condenan los abusos infantiles, se siguen permitiendo estas prácticas. 
De hecho, los gobiernos no las consideran perjudiciales, por ello, no intentan crear medidas para aumentar la concientización y prevenir tales prácticas. 

El tema y sus consecuencias son tan complejas que apenas pude resumir algo de sus causas y derivaciones en los adultos. 

Si usted está en presencia de un abuso denúncielo sin dudar, habrá salvado del infierno, al menos una vida.

EDUCAR E INSTRUIR NO SON SINÓNIMOS

Desde el mismo momento que una pareja concibe a un nuevo ser, planificado o no, se crea una enorme responsabilidad, por parte de los futuros padres. 

Desde ya que no todos están preparados para serlo, ni espiritual ni desde el punto de vista económico. 

Sin embargo y por desgracia, ya que no habiendo una Escuela para Padres, no queda otra solución que hacer camino al andar. 
Pero aunque lo hubiera, son tantas las variantes que se conjugan en la vida de una criatura, que sería imposible dar una fórmula mágica universal, para la crianza de hijos. 

Aunque sea su concepción planificada o simplemente accidental, el resultado siempre será el mismo: la enorme responsabilidad de enseñarle, educarlo, instruirlo y formarlo. 

La finalidad es que cuando llegue a ser adulto, se desenvuelva libremente y sin problemas de adaptación a una sociedad agresiva, que no le dejará ocupar, con facilidad un lugar, sin tener que pelear por él. 

Por este motivo se insiste que durante los primeros cinco años, tenga a sus padres como únicos modelos a copiar, porque es esta etapa cuando empieza a mostrar la criatura, su personalidad. 

Y es en estos momentos que conceptos tan básicos y simples como enseñar-educar-instruir y hasta formar son confundidos por ignorancia, por desidia al querer delegar su función de padre a otra persona o porque les suena lo mismo uno que lo otro. 

Sin embargo no solo existe una gran diferencia conceptual entre aquellos cuatro vocablos, sino también la forma de emplearlos. 

El primer paso en el aprendizaje de todo ser humano es la enseñanza. Esto significa “la transmisión de conocimientos habilidades, ideas o experiencias pero siempre desde el punto de vista empírico”. 

La intención primaria es que el individuo comprenda y utilice las primeras normas, reglas y principios que le son impartidas. Un ejemplo muy claro de esto es enseñarle al bebé a no tocar las tomas eléctricas, no meter cualquier objeto en la boca o avisar cuando precise hacer sus necesidades fisiológicas. 

Mientras que educar “es el desarrollo de las facultades intelectuales y morales que les permitirá vivir y convivir en sociedad”. Aquí podría comenzar la tan conocida confusión, ya que es en el hogar donde comenzarán los niños la segunda etapa de su aprendizaje. Eso será cuando, por ejemplo, aprendan a contar, a leer o jugar con elementos didácticos. 

A continuación vendrá la etapa de instruir, que es cuando, tanto el infante, el pre o el adolescente irá incorporando de memoria o de un modo razonado, cada una de las distintas disciplinas del conocimiento humano. Estas serán usadas en un futuro, en un oficio, en una profesión o simplemente como cultura general. 

Es comprensible que haya cierta confusión con estas tres primeras palabras, especialmente porque coinciden tangencialmente en propiedades muy similares. 

Un detalle que ejemplifica lo ya dicho podemos ver que: ante todo se necesita dos personas (el docente y el alumno), que las tres se realizan sistemáticamente, las tres construyen el saber del individuo y finalmente, todas ellas contribuyen a dotar a la persona de herramientas útiles para poder convivir en una sociedad. 

Y por último nos quedaría analizar la palabra formar. Esta es la acción por la cual, una persona ha puesto en orden todas sus experiencias y conocimientos y sabe tomar sus propias decisiones sobre lo que le conviene o no. Este proceso resulta luego de haber incorporado todos los pasos anteriores. 

Este desarrollo es totalmente personal y es prácticamente la culminación de muchos años de adquirir y actualizar conocimientos, destrezas, habilidades y competencias; con el fin de conseguir el máximo desarrollo de toda su capacidad individual. 

Así logrará el éxito, no solo en su inserción en la sociedad, si no en su participación activa en cualquier medio, por más hostil que este sea. 

Esto debe ser el verdadero legado que todos los padres deberían entregarles a los hijos: una sólida preparación, para que estos solos puedan emprender el camino de la vida, pero con las herramientas que les permita defenderse solos, ante cualquier contrariedad. 

Esto es independiente que en cualquier momento de duda, los hijos, aún siendo ya adultos, requieran de una opinión o un consejo por parte de los padres. 

Desde el mismo momento del nacimiento, el bebé debe sentir todo el amor que un ser humano requiere, de sus padres. 

Es necesario que haya un minucioso acompañamiento de todos sus actos, ya que esa cercanía le irá dando a la criatura, la confianza necesaria. 

Estar detrás de ellos, comprobando cada paso de su desarrollo físico e intelectual, es el mayor placer que los padres pueden sentir. 

Es muy lógico que en la medida que vayan creciendo, en todo sentido, logren tener más y más libertad, cosa esta que no se debe regalar sino que necesariamente tiene que ganarse con la confianza depositada en ellos, siempre en base a la responsabilidad demostrada en cada acto en que se conduzcan solos. 

Alentarlos a romper con el cordón umbilical será siempre muy sano, buscando el equilibrio entre protección e independencia. 

Es muy importante que los padres sepan quienes son las amistades de sus hijos, que actividad hacen juntos y el lugar donde se encuentran. Pero no como si esto fuera una vigilancia carcelaria, sino a la lógica preocupación que tiene todo padre, desde el momento que aquellos salen a la calle. 

La violencia y la inseguridad ha ganado a las distintas sociedades de todo el planeta y esto intranquiliza a cualquiera. 

Sin embargo, a pesar del esmero y el cuidado de los padres y todo el amor puesto en la crianza, siempre sale algo impensado y que por supuesto envía a las cloacas, los sueños de los progenitores. ¿En qué momento un hijo se desvía del camino enseñado? 

Para luego transformarse, por desgracia, en un vulgar ladrón, un asaltante callejero, un estafador o un funcionario corrupto. 
Entonces ellos, muy tristes y totalmente apesadumbrados, seguro se preguntaran, ¿en dónde nos equivocamos?, ¿qué fue lo que hicimos mal? Y en realidad no habrá ninguna respuesta coherente que los pueda reconfortar. 

Es que son tantas las variantes que soportamos que nuestra inteligencia no siempre nos permite dominar a todas ella y siempre habrá algún detalle que se nos escape. A pesar de toda la buena voluntad puesta en la obra.

NINGUNA MUJER MERECE EL FEMINICIDIO

Según los crecientes índices a nivel mundial, estos nos indican claramente que el feminicidio (muerte violenta de mujer a manos de un hombre) es la sexta causa de muerte entre las mujeres de 14 a 50 años. Por lo general, su asesino es el marido, el novio, el amante o bien una ex pareja que no ha podido asumir la ruptura sentimental. 

El feminicidio es la violencia doméstica, pero llevada al extremo. Es por eso que siempre se hace hincapié en frenar la violencia contra la mujer, ante el primer golpe. 
Es ahí cuando se cumple el punto de inflexión hacia un abismo, que finalmente va a terminar separando a la pareja. Es la pérdida total del respeto que siente uno por el otro. A partir de allí, ya es un punto del cual no existe retorno. 
El feminicidio es una verdadera mancha que soporta toda sociedad y que la arrastra desde el mismo comienzo de la humanidad, sin embargo se evita hablar de ello. 
Eso es porque no se sabe como afrontar el problema, ya que se prefiere esconderlo bajo la alfombra que tomar el toro por los cuernos. Admitirlo sería soportar una pesada aberración sobre su espalda. 
Solo con las distintas campañas de concientización que han venido llevando desde la década de los años 60 del siglo pasado, distintas organizaciones no gubernamentales feministas, han logrado que las leyes que castigan el maltrato doméstico y el feminicidio tengan penas mucho más duras. 
La publicidad en todos los medios masivos de comunicación ha sido fundamental, pero por los últimos índices observados, parecería que esto no es suficiente. 
Por lo que también han iniciado programas de capacitación al personal policial, judicial y médico, para que sepan actuar correctamente, cuando les toque el momento preciso. 
Miles de charlas en distintos centros religiosos, sociales, gremiales y deportivos a fin que las mujeres conozcan sus derechos y denuncien cualquier acto de violencia. 
La ONU tiene registrado en sus estadísticas oficiales (2010), que la violencia hacia la mujer afectaba a una de cada tres mujeres en todo el mundo. 
Eso significaba que algo más de mil millones de mujeres fueron golpeadas, violadas o sometidas a abusos, al menos una vez en sus vidas. 
Casi siempre el abusador es un miembro de su familia o un conocido suyo. El 70 % de las mujeres, víctimas de asesinato, mueren a manos de sus cónyuges, amantes o ex pretendientes celosos y que no asumieron la ruptura de la fallida relación. 
Según los datos presentados en las comisarías de Paraguay, el perfil del agresor, en un 80%, es un hombre de 30-40 años, trabajador no calificado o sin empleo. 
El alcoholismo es el desencadenante en el 45 % de los casos, aunque en la mayoría de los casos no hay motivos justificados.
Los intentos de abandono son interpretados por el agresor como un fracaso personal o bien piensa que ella mantenía secretamente otra relación paralela. 
Cosa que por lo general es improbable solo que los celos y la misma inseguridad que tiene ese varón, hará que muchas veces actué con una violencia desmedida. 
Serios estudios hechos tanto en la Unión Europea como en USA señalan que el mal trato está en la personalidad del agresor y no en el comportamiento de la mujer. En la mayoría de los agresores se repite el mismo patrón de conducta con todas sus parejas. 
Finge al principio una recuperación, pero luego vuelve al maltrato tanto físico como psicológico. Muchas veces la locura del agresor llega a tal punto que después de asesinar a su pareja, este intentará inmediatamente el suicidio. 
En raras ocasiones los hombres se someten a una terapia psicológica para corregir tal situación. Y de hacerlo, su recuperación es baja, ya que no reconocen que su conducta sea mala, ni que tengan nada que cambiar. Ellos culpan a la mujer, como la responsable de tal situación. De nada sirve ningún tratamiento de este tipo, sino se admite la culpa. 
Nuestro país tiene una sociedad machista, donde los números no son distintos al resto de Sudamérica, y ellos nos dicen que en Paraguay, una mujer es asesinada cada día. Estas son cifras extraoficiales, ya que los entes estatales nunca tienen sus datos actualizados. 
Por lo tanto las cifras siempre son tomadas de ONGs y organismos internacionales como la ONU o la OEA. 
A pesar de tener las leyes más modernas y de avanzada sobre violencia sexual, debido a que fue el primero en Sudamérica, en establecerlo en 1998, reformando el Código Penal y tipificando el acoso sexual como un delito, los casos de muerte femenina van en incremento a razón de un 5% anual desde hace seis años. 
Un hecho interesante y digno de resaltar es la relación que tiene la víctima con su asesino. 
En el 32% de los casos de feminicidio, el agresor fue el marido y en un 15%, el ex marido. Si nos atenemos al tipo de muerte, nos encontramos que con 49% de las veces se usa arma de fuego y en un 28%, armas blancas. 
Han sido los movimientos feministas ayudadas por varias ONGs y distintas organizaciones mundiales y regionales, quienes en base a una férrea presión, hacia los gobiernos de todos los países, lograron cambiar la legislación, para proteger a la mujer y castigar más severamente al agresor. 
En la generalidad de los casos, lo que comienza con una simple bofetada, suele desembocar irremediablemente en la muerte de la víctima. 
Durante todo ese proceso la mujer puede sufrir todo tipo de mutilaciones sexuales, pasando por el reclutamiento forzado a la prostitución, sin descontar los abortos provocados por los golpes. A veces la mujer logra escaparse del agresor, cuando ya no soporta más la tortura de la convivencia. 
De tener hijos la pareja, estos serán permanentes rehenes del agresor, con el fin de retener a la madre a cualquier costo. 
Una sugerencia que les doy a mis amigas y alumnas es que cuando conozcan a alguien que les interese realmente, sería conveniente averiguar primero con quien se meten. Las mujeres se dejan llevar por el corazón y la soledad siempre es mala consejera. 
Por lo tanto averigüen de cual agujero ha salido “la maravilla” y si no las convence, déjenlo ir. Es mejor esto que derramar lágrimas por alguien que las va hacer sufrir, si es que no las mata antes.