Complaciendo a Hitler

Lamentablemente hay algunas personas en posición influyente que detestan estudiar Historia por lo que, como lo señala el lugar común, están condenados a repetirla, lo cual no sería un problema más que para esos ignorantes si no fuera porque arrastran consigo a otras personas.


La historia del ascenso de Adolfo Hitler al poder absoluto en Alemania es una fuente inagotable y vigente de lecciones acerca del modo en que los monstruos más letales son muy eficientes en presentarse como inocentes corderos para anestesiar a quienes les observan atacando a sus víctimas con el objeto de reducir su capacidad de resistencia.

Aunque no es el único ejemplo, Hitler es el caso más útil porque existe muchísima información de fácil acceso a disposición de cualquier interesado en las técnicas que él usó para llegar al poder, consolidarse y lanzarse sobre sus víctimas sin miramientos.

Hice la anterior introducción para tratar de explicar lo que sucede en muchas sociedades democráticas con respecto a la organzación religiosa Hamas, que gobierna la Franja de Gaza, cuya frontera con Israel acabamos de visitar los periodistas que estamos recorriendo el territorio israelí invitados por la Agencia Israelí de Cooperación Internacional (MASHAV).
Creo que la nota sobre Hamas que aparece en Wikipedia (http://bit.ly/1q0TPot) es una buena base de trabajo para exponer el tema.
Hamas fue fundado como la rama palestina de la organización religiosa egipcia “Hermandad Musulmana” con el mismo propósito final que su matriz en Egipto: Estabecer un Estado Islámico, Hamas en todos los territorios que hoy son Israel más los territorios que Israel ocupa en Cisjordania.
Esto implica claramente dos cosas. La primera es que Hamas requiere, para cumplir su objetivo, que Israel desaparezca, que deje de existir, que sea borrado del mapa. La segunda es que Hamas estabecerá, si triunfa, allí donde ahora está Israel y en los demás territorios que reclama, una teocracia totalitaria. El totalitarismo se define por el propósito de sus impulsores de controlar todos (todos, total) los aspectos de la vida de la sociedad y de lo individuos que la integran. Las tres grandes religiones monoteistas, judaísmo, cristianismo e islamismo, son los tres más constantes movimientos totalitarios de la historia pues pretenden regular la vida, y la regulan siempre que pueden, “desde la cuna hasta la tumba”, desde la manera de parir hasta la manera de sepultar, pasando por cómo vestir, cómo comer, qué comer, cuándo comer, cómo amar, qué decir, qué registrar, qué castigar, cómo castigar y, por supuesto, qué odiar. No me crean a mi. De mi deberían dudar. Lean la Torah, la Biblia y el Corán para saber si lo anterior es verdad o mentira. El judaísmo es la menos dañina de las tres religiones monoteistas, pero solamente porque a diferencia del cristianismo y el islamismo, no es una religión proselitista, y por nada más, aunque aquí en Israel hay denuncias de que los partidos religiosos están calificando como judíos a inmigrantes con cualquier excusa al solo efecto de situarlos en el padrón electoral y ganar así más poder del que ya tienen. Ningún demócrata aceptaría para su país un programa como el que Hamas pretende imponer sobre estas tierras pero, sin embargo, muchos demócratas que viven en países democráticos están apoyando en estos días a Hamas, le complacen y le dan soporte cuando Israel, el país agredido por Hamas por programa y en los hechos, se defiende de la agresión.
Esto ocurre, a mi modo de ver, porque los líderes de Hamas han aprendido a disfrazarse de corderos para anestesiar a quienes le observan atacando a sus víctimas. En la nota mencionada de Wikipedia constan declaraciones de varios líderes de Hamas diciendo que su Carta Fundacional y su programa político son documentos sin importancia que se usan esencialente para consumo interno, aunque en ellos está muy claro lo que quieren y hacia dónde van. Es didáctico comparar esas declaraciones de los actuales líderes de Hamas, que no solamente tranquilizan a muchos demócratas sino que los convierten en simpatizantes de la organización religiosa, con las que Hitler realizaba antes de cada zarpazo, antes de remilitarizar Renania, antes del plebiscito de anexión de Sarre, antes de la anexión de Austria, antes, durante y después de la Conferencia de Munich en la que logró que le dieran los Sudetes checos, antes de la invasión a Polonia e, incluso, tras el advenimiento de la Guerra Mundial, antes de la Batalla de Inglaterra. En cada una de esas ocasiones Hitler aseguró, con magnífica elocuencia ciertamente, que estaba comprometido con la paz, que sólo buscaba y deseaba la paz, “una paz con justicia”.
Los juicios de Nuremberg y las incesantes investigaciones posteriores permitieron a todos los interesados saber que cada vez que Hitler hablaba de paz, estaba preparando una agresión y un despojo y que para él, el discurso por la paz era un arma esencial para la guerra. Es muy cierto que en Gaza han muerto niños y personas inocentes como consecuencia de la respuesta israelí a Hamas, pero muchos demócratas parecen haber olvidado preguntar a Hamas porque lanzan misiles desde barrios residenciales, desde patios de escuelas, desde accesos a hospitales. Muchos gobiernos, por ejemplo el brasileño, el argentino, el uruguayo, no le preguntan a Hamas por qué ponen a la gente a cubrir los misiles con los que atacan a Israel.Están fascinados con Hamas, le quieren complacer como querían complacer a Hitler, Daladier y Chamberlain, Laval y Baldwin o Eduardo VIII. Ahora sabemos que al complacerlo no lo apaciguaban como creían, sino que lo cebaban. Y sabemos que fueron responsables, por estupidez, de llevar al mundo a la Segunda Guerra Mundial; así ahora quienes ceban a Hamas tendrán responsabilidad en la difícilmente evitable próxima guerra en Gaza.

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