Discutir el Holocausto

Enrique Vargas Peña (foto de alanhart.net)
 En la actualidad se conoce bajo el nombre de “Holocausto” (“Del lat. holocaustum, y este del gr. ὁλόκαυστος. 1. m. Gran matanza de seres humanos. 2. m. Acto de abnegación total que se lleva a cabo por amor. 3. m. Entre los israelitas especialmente, sacrificio en que se quemaba toda la víctima”) a la política de exterminio del pueblo judío desarrollada durante el gobierno del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (Nazi, por su abreviación en alemán) en Alemania y sus dominios, tras su acceso al poder el 30 de enero de 1933.
El líder nazi Adolfo Hitler, que ese 30 de enero se convirtió en canciller (jefe del gobierno) de Alemania, basó una parte de su carrera hacia el poder en el odio a los judíos. El primer escrito conocido contra los judíos que se le atribuye está fechado ya el 16 de setiembre de 1919, cuando era apenas un cabo desmovilizado del ejército alemán (http://bit.ly/OfXWlO).
Con colaboración de Hitler, los nazis elaboraron un programa de gobierno, “Los 25 Puntos”, en los que, desde el 24 de febrero de 1920, quedaba enunciado claramente el propósito de segregar a los judíos y de erradicarlos de Alemania (http://bit.ly/1oWJHgU).
Hitler incrementó más su odio contra los judíos en su libro autobiográfico “Mein Kampf” (Mi Lucha), en el que desarrolló su concepción de que los judíos eran una raza y no una comunidad religiosa; una raza a la que debía responsabilizarse de muchas de las desgracias de Alemania (http://bit.ly/1d1oEub) (http://bit.ly/1d1oEub).
Las más abarcantes medidas legales aprobadas al principio por el gobierno alemán encabezado por Hitler fueron las dos leyes raciales de Nueremberg del 15 de setiembre de 1935 (http://bit.ly/1d1rqiM), que privaban a los judios de la nacionalidad alemana, establecían la segregación efectiva de los mismos y prohibían las relaciones entre alemanes “puros” y judíos (http://bit.ly/1d1rqiM).
Existen numerosas evidencias epistolares de exponentes referenciales del gobierno nazi, Heinrich Himmler, Reinhardt Heydrich, Joseph Goebbels, por citar algunos, que dejan escaso margen de duda acerca de que entre setiembre de 1935 y el ataque alemán contra la ahora extinta Unión Soviética (Rusia y sus dominios) en junio de 1941, se discutieron diversas vías para encontrar una “solución final” al “problema judío” y los siguientes link a Wikipedia permiten leer extractos de algunas de esas evidencias: (http://bit.ly/1fz1iGE) (http://bit.ly/1aYDiAQ) (http://bit.ly/MlByX3), (http://bit.ly/1gzyYEL).
El 20 de enero de 1942, diversas agencias gubernamentales alemanas fueron reunidas por Heydrich en la villa de Wannsee, cerca de Berlín, para eliminar cualquier disputa intergubernamental que dificultara la elección tomada por el gobierno sobre qué vía usaría para la “solución final”: El exterminio masivo de los judíos, desarrollado mediante técnicas industriales (http://bit.ly/1gzyYEL).
Alemania se rindió incondicionalmente a los Aliados el 8 de mayo de 1945 y en el proceso de conquista y ocupación de los territorios que habían estado bajo dominio del gobierno nazi, se recolectaron numerosas evidencias fácticas, consistentes con las evidencias epistolares y documentales, que probaron que los nazis implementaron efectivamente la política de exterminar a los judíos, evidencias que fueron exhibidas y discutidas en el juicio de Nueremberg, realizado para procesar a los lideres nazis entre 1945 y 1949 (http://bit.ly/1gmwI2R)  (http://bit.ly/1oWXLY0)  (http://bit.ly/1hlWYNj).
Juicios posteriores, como el de Adolf Eichmann en 1961, e investigaciones posteriores, fueron fuentes separadas de confirmación de la implementación de la política de exterminio que desarrollaron los nazis contra los judíos.
El más notorio crítico a todas las conclusiones derivadas de lo expuesto más arriba, aunque no el único, es el historiador inglés David Irving (http://bit.ly/1gmwI2R), quien en sus numerosos libros se esfuerza en discutir la validez de las evidencias existentes sobre dicha política de exterminio, siendo el sustento principal de un movimiento internacional para negarla o minimizarla (http://bit.ly/1hZb1Kt). 
En algunos países el movimiento que niega la política de extermino de judios desarrollada por el gobierno nazi ha generado tal reacción de indignación que se han impuesto leyes para castigar penalmente a quienes nieguen la existencia de tal política nazi (http://bit.ly/1cJgbeq), bajo el argumento de que tal negación constituye una suerte de apología del genocidio (“Del gr. γένος, estirpe, y -cidio.1. m. Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad”).
A mi modo de ver, tales leyes constituyen un grave atentado contra la libertad de pensamiento, la de expresión y, sobre todo, la de investigación.
Michael Polenyi (http://bit.ly/1d5VEvu), científico húngaro que trabajó en Inglaterra, ha sintetizado de un modo difícilmente rebatible que la ciencia no puede progresar sin libertad de investigación, en la misma línea de grandes filosofos de la ciencia como John Stuart Mill y Bertrand Russell.
La meta de cualquier investigación es la búsqueda de la verdad y del conocimiento, sin importar a dónde conduzca y sin interferencias.
El Holocausto es un hecho (“Del part. irreg. de hacer; lat. factus. 5. m. Cosa que sucede”); jamás debe ser un dogma (“Del lat. dogma, y este del gr. δόγμα. 1. m. Proposición que se asienta por firme y cierta y como principio innegable de una ciencia. 2. m. Doctrina de Dios revelada por Jesucristo a los hombres y testificada por la Iglesia. 3. m. Fundamento o puntos capitales de todo sistema, ciencia, doctrina o religión”).
Castigar a quienes planteen dudas sobre cualquier hecho, incluido el Holocausto, no solamente cierra la posibilidad de investigarlo con rigor, sino que, peor aún, abre la puerta para castigar la investigación sobre otros hechos sobre los cuales alguna mayoría circunstancial pretenda conocer toda la verdad.
Es precisamente con ese criterio, el de castigar la investigación de asuntos sobre los que la gente dotada de poder político creía poseer toda la verdad, que se detuvo por mil años el avance de la ciencia durante la Edad Media, que por eso mismo es conocida como la Edad del Oscurantismo (http://bit.ly/1nsd4fJ).
  
Artículo publicado en la edición del domingo 16 de marzo de 2014 de La Nación (http://bit.ly/PF9IHq).

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