EL ALMACÉN DE LOS POSGRADOS

La universidad es la encargada de avalar los conocimientos que posee el graduado, otorgando grados académicos y un título profesional que lo acredita como tal. Una facultad en cambio, es un centro docente donde se imparten estudios superiores especializados en alguna materia o rama del saber (Medicina, Derecho, Teología, etc.); y generalmente constituyen una subdivisión de una universidad.

En las facultades se imparten licenciaturas o ingenierías, carreras de ciclo largo, y doctorados. Pueden ofrecerse diplomaturas. Estas últimas habilitan para ejercer docencia y en otros casos son títulos “intermedios”, válidos para entrar en otro ciclo universitario, como el caso de una licenciatura. Aclarado más o menos el tema, pasamos al siguiente punto.

En 1991, Andrés Rodríguez decreta la creación de las universidades privadas: Columbia, UniNorte y Autónoma de Asunción. Luego de éstas tres, y modificada la Ley 2529, las universidades privadas se multiplicaron como conejos. Hoy, es tanta y tan variada la oferta que hasta los propios interesados se encuentran mareados por el bombardeo publicitario que promueven infinidad de carreras y no todas válidas fuera de nuestro territorio.

Ahora bien, al gran negocio que supone la enseñanza universitaria privada, que mueve ciento de millones de dólares, en nuestro país; habría que agregarle un nuevo ingrediente, con la incorporación de los famosos títulos de posgrado. Un reciente anuncio del Ministerio de Educación, alertaba a los desprevenidos, que estos cursos de posgrado, en dichas entidades, no gozarían de la acreditación correspondiente, siendo esta, una de las tantas irregularidades que dichas casas de altos estudios cometen.

Acá el que les da de comer es el Estado paraguayo, ya que no existe ningún tipo de control hacia este tipo de instituciones. Las normas son demasiado flexibles y por lo tanto, más posibilidades que las casas de altos estudios no tomen en cuenta los requisitos indispensables, no  sólo para abrir una universidad, si no para ofrecer servicios adicionales. Hay una ausencia de regulación que hace que exceda la oferta a la demanda.

Una de las tantas universidades que recientemente ha brotado de la nada, tiene como sede, al garaje de una vieja casona, no lejos del microcentro de Ciudad del Este. Como ya dije, lo importante no es la infraestructura, si no el rédito proporcionado a los socios del directorio. Total, el mercado cautivo siempre responde. Cuanto más se gaste en publicidad, más respetable parecerá a los ojos de los futuros “clientes”, perdón quise decir alumnos.

Otro de los temas controvertidos es el caso de los estudiantes extranjeros, en especial los brasileros. En Brasil, los títulos de posgrados, sea de maestría o doctorado, expedido por las universidades privadas paraguayas, son tenidas como “piratas”. Ya que gozan de la misma fama como la que tienen los productos vendidos en Ciudad del Este. Y esto no lo digo yo, si no algunos de los brasileros que están cursando en nuestro país.

Yo sé que los jóvenes profesionales a veces se deslumbran y pierden la óptica de las cosas, pero por favor, no se dejen engañar con falsos programas de posgrado, doctorados o maestrías ofrecidos por universidades que realmente no tengan el reconocimiento oficial o validez académica. Porque sería lo mismo como ir de compras a un “shopping” o aún peor; a revolver las estanterías del almacén de los posgrados.

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