El baño de sangre

El baño de sangre

Por si faltara un loco en nuestro manicomio apareció un anciano quien dice ser “ex chofer de Stroessner” a “confirmar” que el entonces dictador “se bañaba en la sangre de niños” en su casa de la isla Yacyreta. Un mito que viene poblando los fantasmas de las mentes paraguayas desde los primeros años de la “era de paz”.
Se publica la “noticia” en el diario Popular, un diario de “seriedad intachable”, cuyo periodista ni siquiera se tomó la molestia de preguntar a quienes conocían a Stroessner si ese tal “ex chofer” alguna vez fue chofer de Stroessner. Del círculo de gente cercana a la entonces familia presidencial nadie se acuerda de él.
Que los niños eran secuestrados para quitarles sangre para que Stroessner se bañara en esa sangre para curarse de la lepra, vengo escuchando desde mi juventud. No hay en toda la historia policial o judicial del Paraguay ninguna denuncia, ningún antecedente que indique que tal cosa haya ocurrido. No hubo antes, en la dictadura, ni después en la democracia.
De todos los médicos a los cuales consulté desde esta mañana ninguno me dijo que bañarse en sangre de niños curara la lepra. Y para redondear, de todos los achaques de los que finalmente murió Stroessner, en ningún momento se mencionó la lepra. Esta enfermedad, para redondear más todavía, es absolutamente curable desde la década del 80, época de la que se habla ocurrieron las “desapariciones” y los “desangramientos” de los niños.
Que los niños eran “secuestrados” por los heladeros que andaban por las ciudades y los pueblos llamándoles la atención con una musiquita, me encargué de investigarlos yo mismo. En los 80 yo estaba en Radio Primero de Marzo e investigué pueblo por pueblo, comisaría por comisaría las denuncias que se hacían de los niños “secuestrados por heladeros”. Todo mentira.
Este tipo de publicaciones irresponsables a la que son muy afectos ciertos sectores del periodismo -y a los que hace coro gente seria como Carlos Matini- son una bofetada, una falta de respeto no solo a la verdad sino a la lucha y al sacrificio de quienes verdaderamente fueron muertos, torturados, encarcelados y exiliados por el stronismo.
Un disparate así relativiza la verdad histórica de las auténticas víctimas. No va a faltar un pelotudo que como hizo Lino Oviedo con el Marzo Paraguayo, diga que nada pasó en tiempos de Stroessner.
El argumento es perfecto: si es mentira que se bañaba en la sangre de niños inocentes porque creer en la represión que generó su régimen de terror.
No sé si me explico.

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