El hijo de la monja

Enrique Vargas Peña (foto de obispadodegoya.org.ar) 

Los medios de comunicación del mundo publicaron el viernes el caso de una monja católica de nacionalidad salvadoreña, aunque residente en Italia, que dio a luz un robusto varoncito de tres kilos y medio alegando no saber que estaba embarazada (http://bit.ly/1cESEVp) (http://bbc.in/1bd4Xwj).

El diccionario de la Real Academia define que “monja” es “(F. de monje). 1. f. Religiosa de alguna de las órdenes aprobadas por la Iglesia, que se liga por votos solemnes, y generalmente está sujeta a clausura.

Wikipedia en castellano agrega que “Una monja es una mujer que ha sido consagrada dentro de una orden religiosa que sigue habitualmente una vida monástica, y se acoge a una serie de reglas, entre las cuales suelen estar el celibato, la obediencia, la pobreza, la castidady, en algunos casos, aislamiento total de la vida civil, conocida como clausura”.

El apóstol san Pablo enseñó a los creyentes que El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor” (1Corintios 7, 32), por eso los religiosos católicos hacen el voto de castidad.

El diccionario de la Real Academia define “castidad” es “(Del lat. castĭtas, -ātis). 1. f. Cualidad de casto. 2. f. Virtud de quien se abstiene de todo goce carnal”.

Los cristianos creen, en efecto, que la castidad es una virtud. Para los cristianos, abstenerse de todo goce carnal es lo ideal. El goce carnal no es lo ideal.

El mismo san Pablo no deja lugar a dudas: “(1Co.7.1) En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; (1Co.7.2) pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. (1Co.7.6) Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento. (1Co.7.7) Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro. (1Co.7.8) Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; (1Co.7.9) pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando”.

La moral sexual cristiana se deriva de lo anterior: Abstenerse del goce carnal es lo ideal; el goce carnal no es lo ideal. La fornicación (“fornicar. Del lat. fornicāri. 1. intr. Tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio”) es un pecado, una violación del Sexto Mandamiento.

Sin embargo, el ser humano está dotado de sexualidad. Ni siquiera los más recalcitrantes creyentes cristianos podrán negar que el cuerpo humano está dotado de órganos sexuales.

Ellos dicen que su Dios es omnipotente (Jer 32:17, 27), omnisciente (1 Jn 3:20) y omnipresente (Sal 139:7, 12).

Las enseñanzas del apóstol san Pablo suponen que su Dios, que todo lo sabe, creo la sexualidad humana a sabiendas de que ella podría dar lugar a los goces carnales. Es decir, su Dios sabía, por ser omnisciente, que el sexo que puso en los seres humanos, podría conducirlos a dar un uso al sexo que, según san Pablo, aborrece y no le gusta.

Negar que su Dios supiera que el sexo daría lugar a los goces carnales sería negar la omnisciencia divina.

Luego, si el Dios de los creyentes creó la sexualidad a sabiendas de que podría encaminar a los seres humanos a los goces carnales, al pecado de la fornicación, si hizo eso, es un Dios cruel, que tendió una trampa a los seres humanos para someterlos permanentemente a prueba.

Los cristianos denominan a esa trampa “libre albedrío”: Su Dios habría hecho un paréntesis en su bondad, para ver si los seres humanos eran o no buenos, cosa bastante rara considerando que los habría creado “a su imagen y semejanza” (Gen.1: 26, 27). Creer que el Dios de los cristianos no dotó a su creación de su atributo de bondad es negar que la creó a “su imagen y semejanza”.

Crear la sexualidad como una trampa es un modo bastante extraño, y cruel, de entender la misericordia (“Del lat. misericordĭa. 1. f. Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los trabajos y miserias ajenos. 4. f. Rel.Atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas”).

Es decir, si Dios creo la sexualidad a sabiendas, pues es omnisciente, de que haría pecar a sus criaturas, lo habría al solo efecto de solazarse con el poder de perdonar. No muy diferente a cualquier dictador latinoamericano.

La verdad, a mi modo de ver, es mucho más simple que toda la absurda construcción de sofismas que los creyentes han tenido que realizar para explicar estas contradicciones que estoy haciendo notar.

La sexualidad es inherente a la naturaleza humana y restringirla y condenarla es antinatural y dañino. Es injusto pedir a nadie que renuncie a su naturaleza para demostrar nada. Es injusto exigirle a una mujer que no tenga sexo, que no tenga hijos.

El caso de la monja salvadoreña embarazada muestra que la naturaleza no puede ser contenida y que es necesario respetarla, no reprimirla, para que la vida sea digna de ser vivida.

Artículo publicado en la edición del domingo 19 de enero de 2014 de La Nación (http://bit.ly/1jf656Q).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *