EL INFIERNO TAMBIÉN PUEDE SER LEGALIZADO

La OMS define a la palabra “droga” como “toda sustancia introducida en el organismo por cualquier vía de administración que produzca una alteración, de algún modo, del funcionamiento normal del sistema nervioso central del individuo y es, además, susceptible de crear dependencia, tanto física como psicológica, o ambas”. 


Eso significa que toda droga por más inofensiva que parezca, sin una supervisión médica puede resultar bastante peligrosa para la salud de cualquier ser humano. Lo más resaltante que se puede ver en aquella definición es que figura la palabra “dependencia” y es esta la clave de todo el asunto. 
También el tabaco y el alcohol son drogas que crean una marcada dependencia y su uso continuo trae pésimas consecuencias para la salud. De una manera u otra yo también fui un esclavo incondicional de una de ellas. Por espacio de 45 años el tabaco fue mi fiel compañero durante casi las 24 horas. 
Hoy en día, mi pulmón derecho funciona cuando quiere, por lo que me mantiene en una vida de semi invalidez. No puedo culpar a nadie de esto, como ninguno de los millones de personas en todo el mundo que han sido mutilados por este vicio infame.

Lo mismo sucede con el alcohol. Una dependencia muy difícil de vencer, que arrastra a un cortejo de enfermos convertidos en piltrafas humanas. 

La misma OMS reconoce que tanto el tabaquismo como el alcoholismo son dos adicciones perversas que destruyen el organismo y sin embargo su consumo es alentado a través de los medios masivos de comunicación. 
Los miles de millones de dólares invertidos en grandes campañas de publicidad a favor jamás son contrarrestados por las contra-campañas que previenen su exceso.

A pesar que todos saben que el uso y el abuso de ambos vicios ocasionan, con el tiempo, la irremediable muerte, aún así se consume cada día más. Podría decirse que es un suicidio anunciado. 

Pero es tanto el dinero que ambas industrias movilizan que hasta compran la conciencia del Estado, él mismo que debería proteger la salud de los ciudadanos, pero que, por una conveniencia económica, se olvida de ellos. 
Los impuestos cobrados a dichas industrias, se los abonan antes de la fabricación del producto, y representan un porcentaje bastante elevado sobre el total de lo percibido por el Estado anualmente.

Sin embargo, la asistencia que el mismo Estado les proporciona a los enfermos de estas dos drogas, es realmente ínfimo. Es más, hasta parece desentenderse totalmente del problema. 

Actualmente, son varios los países que están interesados en modificar su legislación con el fin de permitir la despenalización de la marihuana, que es muy distinto a la “legalización”, pues ahí se corre el riesgo que el consumo de esta droga se incremente hasta niveles superiores a los actuales. En el caso de México, ya es legal poseer hasta cinco gramos de marihuana, solo para el consumo personal.

Como en todo tema controvertido, existen dos posturas totalmente opuestas que generan furiosas polémicas. Los que están a favor y los que están en su contra. Para ser justo, en este caso, les daré ambas propuestas y ustedes mismos podrán sacar sus propias conclusiones. 

Pero antes deseo que tengan en cuenta lo siguiente: consumir en exceso produce alucinaciones, pérdida de la memoria, entorpece los reflejos haciéndolos más lentos.

Dificulta la concentración, trae somnolencia, causa ansiedad y lleva a la paranoia, sienten un delirio persecutorio y en etapas más avanzadas, pérdida de la noción del tiempo.

El uso de sustancias como la marihuana, constituye un peligroso fenómeno social, ya que no solo afecta individualmente por el grave problema de salud, si no que se lo vincula a todo el núcleo familiar. 

Consumir marihuana por largo tiempo, causa una profunda depresión en algunas personas, que hasta pierden todo el interés en el estudio, el trabajo, las relaciones sociales y todo tipo de actividades, llegando incluso a marginarse ellos mismos. 
Ahora bien, como antes dije, primero les diré todo lo negativo que encuentro en esta cuestión, citando desordenadamente varios puntos importantes, tales como que las mafias se debilitarían, pero de ningún modo van a desaparecer, ya que sus muy bajos ingresos los llevarían a buscar nuevas opciones más rentables.

Mientras gobierne la corrupción, la aplicación de la ley y la debilidad estatal, seguirá existiendo el crimen organizado por un largo tiempo. La despenalización de la marihuana trae el grave problema de atender a los adictos que es más difícil de afrontar que estos no tengan el fácil acceso a las drogas.

Entre lo positivo se podría decir que reduce las ganancias de las mafias y grupos terroristas, ya que estas participan en la producción, tráfico y venta de las drogas ilícitas; y si el negocio pierde parte de su estatus de ilegalidad, dejará de ser lucrativo. Si se puede llevar un registro de todos los adictos, el Estado bien podría controlar la calidad del producto, y vigilar la atención y cura del adicto.
Existe la posibilidad que el negocio tribute como cualquier otro comercio. El Estado recolectaría más impuestos sobre la producción y venta de la droga. Otro enfoque sobre el consumo de marihuana mediante la despenalización tiene que ver con una decisión individual encuadrada dentro de la libertad innata de las personas.

Antes de terminar este comentario, no puedo dejar pasar una última consideración para con la despenalización de la marihuana. La adicción a dicha droga es grave pero mucho más si se tiene en cuenta que ella es solo el punto de partida hacia drogas más duras como la cocaína, el opio o la heroína. 

Resulta que todo adicto, al comenzar no tiene grandes problemas, ya que con pocos gramos satisface su necesidad, pero con el tiempo necesitará dosis más seguidas para poder fomentar su evasión total de la realidad. 
Así hasta que finalmente la marihuana no lo satisfaga más y migre a otra droga mucho más potente. Es así que por el camino se producen las famosas muertes por sobredosis.
No se justifica despenalizar el consumo de marihuana desde el punto de vista médico. Tampoco se nota que haya una gran disminución de su consumo ni un triunfo en la lucha contra el narcotráfico. Pueden que se vacíen las cárceles pero por otro lado se llenaran los hospitales. Sin embargo es necesario debatirlo como un ejercicio necesario dentro de la democracia.

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