El tiempo corre y el país sigue esperando

El tiempo es una de las dimensiones más valiosas con que el hombre puede contar, si es que este, lo sabe aprovechar, con inteligencia, a su favor. De lo contrario puede resultar un arma de doble filo, capaz de desatar consecuencias nefastas para quien lo ha malgastado inútilmente.

Tal el caso de nuestro señor presidente, don Fernando Lugo Méndez, quien de un modo cándido e infantil ha desperdiciado un poco más de seis meses, intentando ensamblar un equipo de colaboradores con gente inexperta. Salvo honrosas excepciones, la cartera de ministros ha navegado en el mar de la mediocridad, con un rumbo errático, en todos los niveles.

Las constantes marchas y contramarchas, como así los dimes y diretes, han terminado por confundir a todos los estamentos de nuestra sociedad; periodistas, analistas, asesores y movimientos de base incluidos. Ahora ya no se habla del cumplimiento de las promesas, ya que a este ritmo, jamás se materializarán, al menos dentro de su período.

Pero lo que es reprochable, sin lugar a dudas, es la variabilidad de postura, que se le observa, en los anuncios oficiales, ya que dos días después implementa lo contrario.
También es lamentable el modo como contradice la órdenes de sus ministros y asesores del primer anillo, dejándolos siempre muy mal parados.

Todo manejado de un modo desprolijo y con cierto manoseo de por medio. Eso le ha quitado una parte de la popularidad que gozaba el 15 de agosto del año pasado. Según las encuestas, tenía 65 % de favoritismo. Hoy no supera los 29 puntos, y según pase el tiempo, descenderá aún más, a menos que se vea algo concreto.

El tiempo que se va, nunca más se puede recuperar. Los plazos se vencen y la paciencia de los ciudadanos, ante tanta promesa incumplida, puede llegar a estallar. Pero más que todo, por los descabellados anuncios hechos antes de mirar que es lo que queda en el fondo de la bóveda del Banco Central.

Anuncios como la construcción de 600.000 viviendas durante el presente periodo. El asfaltado de cientos de kilómetros de caminos secundarios, destinado a sacar la producción fruti-hortícola; empleos para un millón de desocupados, subsidios destinados a incentivar la producción de determinados productos agrícolas para competir, aún con desventaja, con la marihuana, el plantío “estrella” del departamento de San Pedro. En realidad generan más desconfianza que optimismo.

Sin embargo lo más preocupante de todo esto, no son los reiterados virajes de timón, que el gobierno toma de buenas a primera, si no la falta de carácter del señor presidente, que ante la presión de los productores de sésamo del departamento de San Pedro, permitió que le doblaran el brazo y le impusieran un precio totalmente fuera de mercado y de toda lógica.

¿Como es posible pagar 6.000 guaraníes por kilo más subsidios que compensen las perdidas de los productores?, si esta ridícula medida, lanzaría al producto a 8.000 guaraníes por cada kilogramo. En Paraguay, lo máximo que se está pagando son 4.500 y 5.500 en Brasil, con lo que daría un promedio de 3.000 guaraníes de pérdida por cada mil gramos, que lo tendría que pagar de su bolsillo, el resto de los conciudadanos de nuestra tierra.

Con ese razonamiento, todos los que tengan pérdidas, en sus negocios, podrán arreglar sus problemas, taponando las rutas nacionales, y presionando al gobierno para que le paguen un precio con valor de oro. ¿Y el famoso riesgo empresario? Si al primer mandatario le tiembla el pulso a la hora de la verdad, y el tiempo se le escurre de manera miserable, esto hará que la espera por el bendito cambio sea irremediablemente eterna.

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