Estos partidos son el problema

Enrique Vargas Peña (foto Emilio Diaz/facebook.com/enriquevargaspena)

Tengo dos amigos en Facebook que publican en mi muro, al menos una vez al día cada uno, sendas fotos referidas a la Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (UNACE): Las motos de UNACE, las ambulancias de UNACE, los servicios, en fin, que UNACE presta a sus afiliados.

Mis dos amigos suponen que, mostrando que UNACE atiende la necesidades de sus afiliados, exponen la diferencia entre la eficiencia de ese partido en usar el dinero de los aportes y de los subsidios en el bienestar de sus afiliados y la ineficiencia de la Asociación Nacional Republicana (ANR) y el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) para hacer la misma cosa.

Y no se dan cuenta de que, en realidad, están exponiendo y confesando el carácter absolutamente prebendario de los tres mayores partidos políticos paraguayos, la misma UNACE, el PLRA y la ANR.

Los partidos políticos no pueden constituirse para ser farmacias, ni para operar ambulancias, ni para ser asociación de socorros mutuos, ni para prestar servicio de delivery porque si lo hacen se convierten en lo que estos tres grandes (por el tamaño nada más) partidos son actualmente: Agencias de empleo y auxilio.

Cuando los partidos políticos funcionan como farmacias o servicios de ambulancia, el Estado se convierte en su bolsa de trabajo, como claramente lo explicó el presidente del Congreso Jorge Oviedo Matto, perteneciente a UNACE, justamente (http://bit.ly/K3NEOk) (http://bit.ly/IEVrlP).

UNACE, la ANR y el PLRA no son lo que nuestra Constitución exige que los partidos políticos sean, “…personas jurídicas…” (que) “deben…concurrir…a la orientación de la política nacional, departamental o municipal y a la formación cívica de los ciudadanos” –Artículo 124-.

La mayor parte de los grupos del Frente Guazú, especialmente el partido Tekojojá, está en lo mismo, como también de manera muy franca lo asumió Gerardo Rolón Posse (http://bit.ly/M4Dtdt).

Las pruebas son muchas, son muy evidentes y fáciles de señalar.

Los partidos políticos mencionados no hacen conferencias programáticas regulares, no hacen congresos ideológicos periódicos, no tienen gabinetes “en la sombra” que estudien los desafíos del país por sector, no exponen sus posiciones sobre los grandes problemas nacionales, no usan sus amplias organizaciones de base para formar a nadie.

Ni siquiera tienen publicaciones dignas de ese nombre.

Pero eso sí, tienen dispensarios, tienen fondos “para atender a las necesidades de los correligionarios” y UNACE incluso tiene ambulancias y motos.

Tal vez lo más triste de todo esto sea que el origen de este sistema es el gobierno de Alfredo Stroessner, que convirtió a la ANR en prestador sustituto de servicios públicos para consolidar su base de sustentación social.

Es decir, los partidos mencionados, principalmente los tres mayores, son calcos de un mecanismo clásico del autoritarismo para fidelizar clientelas, completamente al margen de cualquier pensamiento político propiamente.

Los resultados están a la vista de cualquiera que desee mirar: No tenemos política energética, no tenemos política exterior, no tenemos política de defensa, no tenemos política económica, no tenemos política educativa, no tenemos política de salud, no tenemos política de desarrollo, no tenemos política social, da exactamente igual que el gobierno sea colorado, liberal o socialista, porque la mayoría de los partidos paraguayos prefiere salir a “afiliar” gente.

Algún político cínico y mentiroso podría atreverse a decirme que sí hay políticas. Le desafío a que le muestre a la opinión pública qué política, aunque sea una, aunque sea mínima, no es el resultado de la inercia (como por ejemplo la matriz presupuestaria) o de comités “ad-hoc” (para esto) que a veces logran reunirse (como por ejemplo la negociación de las compensaciones de Itaipú).

Esto explica por qué los colorados no saben si son nacionalistas, conservadores o socialistas; esto explica por qué los liberales no saben si son liberales, católicos o social-demócratas; esto explica por qué hay partidos en el Frente Guazú que no saben si son socialistas-reales, bolivarianos o eurocomunistas.

La cosa, para ellos es mandar y “después veremos qué hacer”.

Los costos de todo esto son enormes. Convertido el Estado en bolsa de trabajo, la prioridad del Presupuesto General de Gastos de la Nación es el empleo de los correligionarios, razón por la que un enorme porcentaje de los ingresos tributarios que nos cobran vía impuestos se destina al gasto corriente.

Los paraguayos somos obligados por los integrantes de estos partidos a pagar impuestos para financiar a sus recomendados. Para nada más. Ruego a cualquier político, por favor, que se anime a publicar los datos del presupuesto para desmentirme. Les suplico que me desmientan, por favor.

Por eso tenemos seis mil doscientas escuelas que no son tales, sino remedos de centros educativos, sin baños, sin aulas, sin campos deportivos, sin bibliotecas, sin Internet. Y sin almuerzos.

La famosa política de “una computadora por niño” es también el resultado de comités “ad-hoc” que cada día tienen que vencer los zarpazos con los que la burocracia prebendaria de los partidos trata de imponer contratos para los protegidos de los caciques de los partidos.

La mayor parte de los contratos del Estado se resuelve de esa manera y lo atestiguan las licitaciones amañadas, diseñadas para que ganen “los amigos”, cuestionadas por todos.

Los directorios, las juntas de gobierno, los comités centrales, las direcciones nacionales de los partidos jamás se reúnen para otra cosa que para negociar cupos o candidaturas, los instrumentos que necesitan para mantenerse en el marco que construyeron, las negociaciones entre ellas versan sobre lo mismo.

Los casos de la Corte Suprema, del Jurado de Enjuiciamiento, del Consejo de la Magistratura o los de las presidencias de las Cámaras Legislativas lo enseñan más allá de toda duda razonable.

No es extraño, pues, que nuestra administración de justicia se encuentre ocupada por nulidades que solamente saben a qué padrino político deben responder y que, por lo tanto, han convertido a la justicia paraguaya en un mercado repugnante.

No es verdad que los paraguayos necesitemos a estos partidos. Estos partidos son el problema que sufrimos, no son la solución. Tenemos que hacerlos desaparecer, como han hecho desaparecer a sus partidos prebendarios los griegos, los colombianos o los venezolanos.
Artículo publicado en la edición impresa del domingo 20 de mayo de 2012 del diario La Nación

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