Ganarán los dipuchorros

Enrique Vargas Peña (foto de paraguay.com)

La convocatoria de ayer, viernes 25 de mayo de 2012, al “after office revolucionario”, articulada principalmente por Maxi Urbieta y Emilio García, generó un debate de la mayor importancia en nuestra sociedad, harta de dipuchorros y oportunistas de la política: ¿Este incipiente movimiento ciudadano debe o no integrar a políticos más decentes que los dipuchorros?

Hay algunos amigos que dicen que no, que no se debe permitir que esos políticos más decentes que los dipuchorros se sumen para que “no lleven agua a su molino”.

Les pido disculpas a los amigos que creen eso, pero lo que creen es una solemne estupidez y, lo que es mucho peor, es el camino seguro para que este incipiente movimiento ciudadano no pueda producir ningún resultado práctico.

Digo que es una estupidez (“estupidez. De estúpido y -ez. 1. f. Torpeza notable en comprender las cosas”) porque la democracia tiene una lógica concreta y los que creen que no se debe integrar a los políticos más decentes que los dipuchorros no consideran esa lógica concreta sino que viven en el ilusorio mundo del voluntarismo y de la retórica.

En la democracia, las decisiones, buenas o malas, se toman mediante votos. Las manifestaciones que sirven para canalizar el voto producen efecto y son importantes. Las manifestaciones que se agotan en los discursos retóricos para nada sirven, sino para agregar frustraciones.

Los que nos reunimos ayer en la plaza del Congreso queremos que los dipuchorros salgan del Congreso y para eso necesitamos que no sean reelectos.

Los 46 dipuchorros que el jueves 24 de mayo de 2012 votaron por otorgar ciento cincuenta mil millones de guaraníes a sus operadores partidarios lo hicieron para intentar asegurar su continuidad en el Congreso, buscando triunfar en las elecciones internas de sus partidos y luego ser reelectos en las elecciones generales del 21 de abril de 2013.

Los ciento cincuenta mil millones los usarán en unos nueve mil operadores cuyo trabajo real consiste en puntear los padrones de mesa para identificar a los electores que van a votar por cada dipuchorro o senachorro y, principalmente, para identificar a los electores que no van a votar por ellos.

Identificados los electores que van a votar y los que no van a votar, el trabajo de estos operadores es identificar el nivel socio-económico de esos electores y preparar, para el día de las elecciones (21 de abril de 2013), o el transporte para los electores amigos o la compra de cédula para los electores enemigos.

Eso no ocurre en los barrios medios o altos de Asunción, Ciudad del Este o Encarnación, sino que ocurre en los barrios de nivel socio-económico bajo de las ciudades y en todo el resto del país.

Con el máximo respeto y con el mayor sentido de urgencia quiero decir que creo que muchos de los faisbukeros o twiteros que ayer estuvieron en la plaza del Congreso jamás en su vida vieron a un operador político ni se detuvieron a estudiar el trabajo que realmente hacen los operadores políticos. Y les quiero implorar que por favor estudien el tema y comprendan cómo es el enemigo, pues si no lo hacen jamás podrán derrotarlo.

Y el día de las elecciones, el grupo de operadores políticos que no está dedicado a buscar a electores amigos o a comprar las cédulas de los electores enemigos se sienta en las mesas electorales con credencial de autoridad de mesa, de autoridad electoral.

En síntesis, con los ciento cincuenta mil millones de guaraníes para operadores políticos los dipuchorros y los senachorros nos están obligando a nosotros a pagarles la reelección, pues frente a ellos nadie habrá en gran parte del país.

Para que frente a ellos haya alguien, y alguien con posibilidad de derrotarlos y de expulsarlos para siempre de la vida política, necesitamos imperiosamente de la alianza y el trabajo de los políticos más decentes que los dipuchorros y senachorros.

Ellos sí tienen ya equipos electorales en formación y ellos sí están preparando gente que se sentará en las mesas electorales el día de las elecciones para vigilar que nadie robe la voluntad del pueblo.

Pedirles que se vayan también ellos, ese grito estúpido “que se vayan todos” es simplemente no entender cómo funciona la democracia y es, sobre todo, asegurar la reelección de los dipuchorros y de los senachorros.

Es una solemne estupidez y si esta estupidez triunfa, la movilización de ayer en la plaza del Congreso para nada habrá servido, para nada.

Así que sí necesitamos a Mario Ferreiro, a Desiree Massi, a Sebastián Acha, sí necesitamos a Enrique Salim Buzarquis y sí necesitamos a Miguel Carrizosa, a Horacio Cartes, a Efraín Alegre, a Javier Zacarías, a todos los diputados y senadores que se oponen a esta vergüenza, en tanto expulsen de sus movimientos de los dipuchorros y senachorros (esa es la prueba que necesitamos).

Disculpenme, pero sin ellos, no tenemos organización alguna para hacer frente a la maquinaria perfecta, y pagada por nosotros, de los dipuchorros y senachorros.

Material enviado el sábado 26 de mayo a La Nación para su publicación en la edición digital

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