Horacio dice una cosa pero hace otra

Enrique Vargas Peña (foto de abc.com.py)

Hace escasos ciento dieciocho (118) días el presidente de nuestra República, Horacio Cartes, dio a conocer un comunicado, que entonces nos llenó de orgullo, en el que afirmaba que “El 12 de julio de 2013…He tomado conocimiento del documento ‘Decisión sobre el cese de la suspensión del Paraguay en el MERCOSUR en aplicación del Protocolo de Ushuaia sobre el compromiso democrático’, de los presidentes/as reunidos el día hoy en la Cumbre del Mercosur en Montevideo (Uruguay)”…(en el que) “Se resuelve…el cese –recién a partir del próximo 15 de agosto- de la suspensión que impusieron al Paraguay del derecho a participar en los órganos del Mercosur y de sus deliberaciones, decisión esta que nunca hemos compartido por los motivos que la originaron y especialmente por no ajustarse a las normas jurídicas que establece el Protocolo de Ushuaia…He tomado conocimiento, además, de la decisión de aquellos presidentes de traspasar la Presidencia Pro Témpore de Mercosur para el segundo semestre de 2013 al señor Nicolás Maduro, Presidente de Venezuela. Sobre este particular, en mi calidad de Presidente Electo de la República del Paraguay que asume sus funciones constitucionales el próximo 15 de agosto, debo puntualizar cuanto sigue:
1. Un hecho fundamental de la política internacional es la vigencia del Derecho Internacional. La política no es fuerza ni arbitrio. Tampoco legitima cualesquiera hechos y procedimientos que se aparten del Derecho.
2. Las características jurídicas del ingreso de Venezuela como miembro pleno al Mercosur, en julio del 2012, no han sido subsanadas conforme a las normas legales a que se debe ajustar el ingreso de un nuevo miembro, y al Tratado de Asunción (Art. 20), el Protocolo de Ouro Preto (Art. 3 y Art. 37) y el Protocolo de Adhesión de Venezuela (Art. 12). El mero transcurso del tiempo o decisiones políticas posteriores no restablecen, por sí, el imperio del Derecho. El Derecho concerniente, internacional y nacional, debe ser reconocido, respetado y cumplido, tal como se ha acordado. Es decir, pacta sunt servanda”.

Increíblemente, el jueves 5 de diciembre, la mismísima persona que afirmó y firmó todo lo anterior, envió al Senado una nota pidiendo que esa cámara alta de nuestro Congreso apruebe el protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR sin ninguna condición como si “el mero transcurso del tiempo” restableciera por sí el imperio del Derecho.

En la nota, el presidente Cartes no menciona ninguno de los problemas reales constatados por él mismo en su nota del 12 de julio, los pasa por alto, los olvida, los pisotea. No habla de la violación del Protocolo de Ushuaia para suspender ilegalmente a Paraguay, no habla de qué hicieron los que nos castigaron para enmendar su error, no habla de la violación del Tratado de Asunción y del Protocolo de Ouro Preto de la que se valieron Argentina, Brasil y Uruguay para imponer ilegalmente el ingreso de Venezuela al bloque y, por supuesto, no menciona ninguna reparación que haya recibido Paraguay por ambos actos ilegales.

Brasil, Argentina y Uruguay no dieron paso alguno para garantizar a nuestro Paraguay el restablecimiento del principio del consenso (Tratado de Asunción, Protocolo de Ouro Preto) reemplazado por el principio de mayoría (Cumbre de Mendoza) y tampoco dieron paso alguno para reparar la ilegal suspensión de Paraguay por la violación del Protocolo de Ushuaia usada para suspendernos.

Esto significa en términos prácticos que Paraguay carecerá de instrumentos jurídicos de vigencia real para equilibrar el peso específico de Brasil en la toma de decisiones que comprometen al bloque y que acepta pasivamente los resultados del conculcamiento de sus derechos soberanos.

Brasil impondrá sus intereses al bloque y Paraguay profundizará el camino de convertirse en provincia económica de Brasil en los años que vienen.

En consecuencia, los paraguayos tenemos derecho a pensar legítimamente que, dado que nuestro país no fue compensado en modo alguno por Brasil, Argentina y Uruguay, el presidente Horacio Cartes está tomando esta decisión de aceptar a Venezuela en MERCOSUR por alguna otra causa que no ha sido dada a conocer.

Si el presidente de la República no trabaja por el interés general del Paraguay, tal como él mismo lo definió en su magnífica nota del 12 de julio de 2013, el pueblo paraguayo tiene derecho a saber qué intereses reales son los que defiende Horacio Cartes desde el cargo que le confió el pueblo paraguayo. O qué debilidad suya le permite a Brasil imponerle la claudicación.

Todos los que ahora votarán en el Senado a favor de esta sumisión de nuestra República han declarado públicamente ser concientes de la prepotencia brasileña en MERCOSUR y aún así insisten en que la mejor receta para hacerle frente es someternos a ella y obedecerla.

Julio César Velázquez el pasado martes 3 de diciembre y Enrique Bacchetta el pasado jueves 5 de diciembre mostraron, en la 9.70 AM, ser plenamente concientes de esa prepotencia brasileña y aún así nos impondrán la sumisión, al aceptar, como exige Brasil, el ilegal ingreso de Venezuela al bloque sin ninguna reparación a los derechos paraguayos.

Horacio Cartes está poniendo punto final al gran esfuerzo nacional iniciado tras la Cumbre de Mendoza de MERCOSUR para afianzar una política exterior y una política comercial independientes de Brasil, encaminada a fortalecer vínculos con la Alianza del Pacífico y con los países norteamericanos y europeos que nos apoyaron en aquellos días tremendos.

Pasará a la historia, seguramente, como uno más del monton de políticos colorados funcionales a Brasil, de la misma clase que aquellos que entregaron Itaipú para financiar el desarrollo de Sao Paulo. Una pena.

 

Artículo publicado en la edición del domingo 8 de diciembre de 2013 en La Nación (http://bit.ly/1ctSlR2)

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