La sombra de Lugo

Este personaje que luce, a toda hora, una amplia sonrisa, y proyecta esa sensación de hombre bueno y pacífico; está comenzando a monopolizar la voluntad del señor presidente, hasta tal punto, que todas las consultas e inquietudes, deben pasar ineludiblemente por él. Una muestra de ello, seria la seudo renuncia al gabinete, como una clara demostración de fuerza y poder, ante sus colegas.

 

Aparentemente sigue los mismos pasos de otros hombres y mujeres que también estuvieron en la cima del poder y necesitaron de una sombra que los asesore y los pudiera proteger de sus propias indecisiones y dudas. Algo así como lo fueron López Rega de María Estela Martínez de Perón (Isabelita), en Argentina; Pedro Farías de Color de Mello, en Brasil y  Montesinos de Fujimori en Perú, entre los más conocidos.

 

Era evidente que elementos tan heterogéneos, provenientes de las distintas corrientes del pensamiento humano, con concepciones políticas antagónicas, debían de chocar. Sin embargo, para evitar  ese tipo de inconvenientes, se le encomendó dicha función específica a Miguel López Perito. Debía conciliar y limar todo tipo de asperezas, al menos visibles, entre los numerosos miembros del gabinete. 

 

Durante los primeros tiempos, se mantuvo a la expectativa, observando y analizando, desde las mismas sombras, con suma delicadeza, cada una de las situaciones generadas dentro del entorno presidencial. Solo se detenía a dar una que otra indicación dentro de la modestia que tal operación lo permitía.

 

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