La trampa de Antonio Patriota

Enrique Vargas Peña (foto de agenciabrasil.ebc.com.br)

Además de los medios nacionales, la mayor parte de las agencias noticiosas que cubren noticias sobre nuestra región del mundo y los diarios importantes que se ocupan de ella (“Estado de Sao Paulo” o “El País” de Madrid) dieron a conocer entre el viernes y el sábado unas declaraciones del canciller brasileño Antonio Patriota referidas a Paraguay.

Al efecto de mantener todos sus matices originales y su verdadero alcance, voy a transcribir a continuación, sin traducción, en portugués, la versión que de las declaraciones del señor Patriota tal como aparecieron en “Estado de Sao Paulo”:

“A nossa expectativa é que o Paraguai retorne o mais pronto possível assim que seja retomada a vigência democrática… A manutenção do calendário eleitoral foi considerada positiva”, disse Patriota a jornalistas após participar de um encontro com o ministro de Relações Exteriores do Uruguai, Luis Almagro”.

“Legalmente (o retorno) poderá ser a partir do momento que os membros” (MERCOSUR-UNASUR) “decidirem. Pode ser a qualquer momento”, afirmou ele”.

“Patriota disse que os chanceleres dos países do Mercosul não retornaram ao Paraguai desde a saída de Lugo, mas que os membros não precisam, necessariamente, aguardar a próxima reunião de cúpula do bloco, em dezembro em Brasília, para discutir a questão”.

A partir de estas declaraciones, los partidarios de MERCOSUR en nuestro Paraguay están de fiesta, porque su patrón, Brasil, les da, mediante Antonio Patriota, esperanzas de reincorporarse al proceso que llaman de “integración”.

Incluso el propio canciller nacional, José Félix Fernández Estigarribia, sostuvo ayer en ABC que “nos parece muy importante que el canciller Antonio Patriota comience a considerar la posibilidad de levantar las sanciones lo antes posible”.

Es indudable que las expresiones de Patriota son más suaves que las de los demás cancilleres de MERCOSUR y que la suavización de la posición brasileña parece un avance con relación a la intransigencia anterior.

Pero dichas declaraciones confirman (“confirmar. Del lat. confirmāre.1. tr. Corroborar la verdad, certeza o el grado de probabilidad de algo. 2. tr. Revalidar lo ya aprobado.3. tr. Asegurar, dar a alguien o algo mayor firmeza o seguridad. U. t. c. prnl”) que Brasil se sigue arrogando la potestad de certificar la validez del proceso democrático paraguayo y que Brasil sigue pretendiendo que Paraguay acepte el hecho consumado del ingreso ilegal de Venezuela a MERCOSUR.

Brasil se sigue arrogando la potestad de certificar la validez del proceso democrático paraguayo cuando Antonio Patriota dice que “A nossa expectativa é que o Paraguai retorne o mais pronto possível assim que seja retomada a vigência democrática…”

Brasil, el país que ha calificado de “democrático” el proceso electoral venezolano, en el que todo el Estado, desde sus recursos hasta sus Fuerzas Armadas, se volcaron decidida e impúdicamente a favor del candidato a la reelección Hugo Chávez, se arroga la potestad de verificar la validez del proceso democrático paraguayo.

No sé si el canciller Fernández Estigarribia o el presidente Federico Franco o los nueve senadores liberales que siempre coinciden con Brasil quieren aceptar que un país que avala a la dictadura que oprime a Venezuela sea el que certifique si en Paraguay hay o no democracia, pero yo no lo acepto.

Brasil carece de altura moral para certificar la validez de la democracia paraguaya o de cualquier democracia. Brasil es el soporte de la dictadura venezolana y no tiene credibilidad para hablar de democracia en ninguna parte.

Brasil sigue pretendiendo también que Paraguay acepte el hecho consumado del ingreso ilegal de Venezuela a MERCOSUR. Cuando el canciller Patriota dice que “Legalmente (o retorno) poderá ser a partir do momento que os membros” (MERCOSUR-UNASUR) “decidirem. Pode ser a qualquer momento”, da por sentado que cuando a ellos se les ocurra, tendremos que dar las gracias y hacer fiesta porque nos permitirán sentarnos con Venezuela en la mesa de MERCOSUR.

Brasil, el país que violó (“violar. Del lat. violāre.1. tr. Infringir o quebrantar una ley, un tratado, un precepto, una promesa, etc”) groseramente los artículos 4 y 5 del Protocolo de Ushuaia (I) para proceder a violar seguida y desembozadamente los artículos 37 del Protocolo de Ouro Preto y 20 del Tratado de Asunción para introducir ilegalmente a Venezuela a MERCOSUR pretende que aceptemos todo eso y nos sentemos a su mesa como si nada.

No sé si el canciller Fernández Estigarribia o el presidente Federico Franco o los nueve senadores liberales que siempre coinciden con Brasil quieren aceptar que un país que pisotea los tratados y los acuerdos sea nuestro socio, pero yo no lo acepto.

Es decir, la suavización de la posición brasileña es solamente la zanahoria que se pone delante del caballo para que acelere el paso, pero el látigo sigue ahí por si la zanahoria no es suficiente.

Supongo que todo el mundo conoce la figura de la zanahoria y el látigo.

No hay ningún cambio de sustancia en la posición brasileña. Brasil sigue considerándose el amo del juego. Un amo que puede hablar más suavemente, pero que no deja de recordar que es el amo.

Lo que habría que analizar en todo este episodio de las declaraciones de Antonio Patriota es la razón detrás de la suavización.

Ya relaté que me explicaron en Nueva York que el gobierno bajó los decibeles del discurso del presidente Federico Franco ante Naciones Unidas a pedido de Colombia, porque Colombia estaría tratando de arreglar un entendimiento que le permita a Brasil una salida elegante.

Brasil requiere de la salida elegante porque todo el mundo sabe ahora que es un país que apoya a dictaduras y que viola tratados y, por tanto, es un actor internacional poco confiable.

Pero Brasil cuenta con los malos paraguayos que siempre han negociado en nombre de Paraguay pero a favor de Itamaraty y, entonces, la intermediación colombiana se usará no solamente para que Paraguay acepte dar a Brasil una salida elegante, volviendo a MERCOSUR, sino en las condiciones que Brasil pretende, es decir, aceptando que puede fiscalizar a nuestra democracia y a Venezuela dentro del bloque.

Para dar argumentos a esos malos paraguayos es que Antonio Patriota suaviza la posición brasileña, para permitirles decir que como “Brasil se suaviza, nosotros también tenemos que suavizarnos”.

Como premio por ceder nuestros principios, nos regalan volver a un MERCOSUR con la dictadura venezolana como miembro pleno y a CELAC (a la reunión de Santiago) y a todas esas organizaciones a través de las cuales Brasil ejerce su hegemonía.

Espero que el presidente Franco no caiga en la trampa. Espero que el canciller Fernández Estigarribia no caiga en la trampa. Espero que el Partido Liberal, con tantos simpatizantes de Brasil que ya lo perjudican, no caiga en la trampa.

Y si ellos caen en la trampa, espero que el Partido Colorado asuma la defensa de los principios que constituyen el interés nacional paraguayo.


Publicado en la edición de La Nación del 07 de octubre de 2012

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