LOS PEQUEÑOS DELITOS

Nadie sabe cuando comenzó y casi sin darnos cuenta terminó por socavar los cimientos mismos de nuestra sociedad. De los pequeños hurtos al tendal de ropa, hasta los secuestros más sangrientos y repulsivos existe un gran paso. Para que esto sucediera se tuvo que recorrer un largo camino en donde la misma sociedad, de una manera u otra, los consintió. 

 

Al reinar en nuestro país la impunidad, viejo mal que nos ataca desde la misma instalación de la colonia, y que ha sido ayudado casi siempre con el pésimo desempeño de policías, auxiliares fiscales, fiscales, abogados y jueces, quienes interpretando a la ley, cada uno a su manera, han terminado por convertir a la justicia paraguaya en cualquier cosa menos en justicia.

 

Sería interesante comenzar a perseguir a los pequeños delincuentes como los que se llevan cosas sin  pagar de algún negocio, a los que están en estado de ebriedad, a los que orinan en público, a los que tiran basura en la vereda o en el primer terreno baldío que encuentren, a los que pasan frente a una comisaría, con una actitud desafiante, con el equipo de sonido a todo volumen, a los que destruyen bienes públicos de plazas o parques.

 

Existe una razón de peso para que esto se lleve adelante. Si se comete una transgresión, por pequeña que sea y se deja sin la punición correspondiente, siempre habrá imitadores. Si alguien entra en un supermercado y roba un caramelo y las personas que observan esta escena notan que el individuo se sale con la suya; pensaran “¿y por qué yo no”?. Entonces la imitación será inminente amparada siempre por la impunidad reinante.

 

No hay cosa que duela más que pegarle al bolsillo del contribuyente con pesadas multas. De no tener dinero suficiente, horas donadas en servicios comunitarios. Si un motociclista no lleva casco, ni chapa, ni papeles y se encuentra transportando a 4 personas, es difícil que se lo pueda atrapar si es que conduce por caminos alternativos.

 

A cada trasgresión una multa desproporcionada, que duela mucho, pero que también el ciudadano común sepa que ya no quedará impune su “avivada”, que ningún amigote se atreverá a salvarlo porque puede también quedar “pegado”. Si se ataca a los pequeños delitos, jamás se llegarán a los grandes. ¿Qué no es fácil?, claro que no lo es, al contrario es dificilísimo el combate a la impunidad pero tomemos el ejemplo de los taiwaneses.

 

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