MUCHO CIRCO Y POCO PAN


Chester B. Swann

*CARTA CIUDADANA DESDE EL PARAGUAY*

Salpica ideas entintadas:

*¿Transición… o transacción? Ud. dirá. *

Hay tantas propuestas de satinadas que están tentando a los “desarrollistas” y políticos mediocres, encandilados como mariposas fototrópicas con el dinero y las supuestas “inversiones” extranjeras destinadas a sobornar a los dueños del circo y emperifollar

estadísticas falsas
como ósculo de suegra.

*Río Tinto* es una de estas descabelladas propuestas que, en trueque de dar unos cuantos empleos desea una tarifa subvencionada para derretir aluminio importado de no sé dónde, ya que la materia prima aquí no existe. Alúmina
y bauxita deben venir tal vez de Guyana o de Canadá y sólo necesitan
esclavos baratos y energía casi gratis pagada por los contribuyentes, ya recargados con las espurias deudas

De las “binacionales”.

Es que ellos quieren una tarifa preferencial muy por debajo de los costes
de producción de la misma y ofrecen pagar a la Itaipú 35 U$S el megawatt, cuando el coste real es de 44 U$S … y la diferencia la vamos a pagar
nosotros. El costo del *progreso*, dicen, para dorarnos la píldora.

Pero lo peor es que los residuos (fluoruro de sodio y alúmina) son harto nocivos y venenosos —tanto para la salud humana como para el medio ambiente—, e incluso el ambiente entero.

Y al circo regenteado por nuestros políticos burdeleros le están creciendo los enanos y se les están encogiendo los elefantes sin que atinen a
percatarse de ello y de la impaciencia del público.

Podría —esta filantrópica corporación anglo-canadiense —con oscuros antecedentes en España desde el siglo XIX—, irse al Brasil a solicitar tarifas subvencionadas, pero no creo que este país les dé albergue a tan
altos costes y de seguro piensan que en el Paraguay es más fácil de comprar políticos o corromper voluntades… salvo las de la ciudadanía, algo reluctante a comprar espejitos y abalorios de colores.

Lo más probable es que nuestros judas domésticos se coticen para sacar réditos de parte de la Río Tinto y jueguen a rematadores de la riqueza nacional, como han aceptado las dádivas de Monsanto y las auri-rapiñeras
que están invadiendo Paso Jovái con el visto bueno de la SEAM y nuestro
actual presidente e incluso de muchos guaireños encandilados por el áureo brillo del vil metal.

Cuando estas rapiñeras corporaciones hayan exprimido todos los recursos del país, arruinado nuestra tierra y envenenado nuestras aguas, se irán por
donde vinieron a buscar otro circo por el mapa. Y de seguro habrán muchos payasos y enanos fascistas que aceptarán encantados los treinta denarios de
las corporaciones para entregar sus patrias a la crucifixión extranjera. Como dijera atinadamente alguien: cuando se haya muerto el último pez, cuando
haya desaparecido la fauna y cortado el último árbol, aprenderemos que el
oro y los billetes no se pueden comer.

Pero para entonces, será tarde para arrepentirse de ello.

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