Nicanor, el premier

Enrique Vargas Peña (foto de abc.com.py)

La historia del acercamiento, luego entendimiento y actual “enamoramiento” entre el presidente Horacio Cartes y el ex presidente Nicanor Duarte Frutos aguardará seguramente algún tiempo más para ser revelada en detalle por alguien del entorno íntimo de cualquiera de ambos. 

Para los efectos prácticos, basta recordar hechos públicos y notorios tales como los furibundos discursos que contra Horacio pronunciaba Nicanor en aquellos primeros días de la interna de la Asociación Nacional Republicana (ANR/Partido Colorado) y los actuales encuentros que regularmente mantienen en las cálidas salas de Mburuvichá Roga. 

Tengo el privilegio de haber conversado algunas veces con ambos, cosa que me gustaría seguir haciendo, charlas que me permiten intuir que Nicanor es un hombre que combina la acción con la voraz lectura de intelectuales que piensan en la política y que Horacio prefiere la acción y los datos concretos. 

Los hombres de acción no se mueven gratuitamente. Tienen propósitos, objetivos, fines. Eso es lo que los diferencia de los demás. Nicanor no volvió al ruedo político para ser embajador o canciller. Nicanor es un hombre de poder, ve el poder no solamente como lo vería cualquier seccionalero colorado, sino para implementar las ideas que va elaborando a partir de sus lecturas. 

Horacio no llegó al poder para ser un presidente más. Tiene la ambición de hacer historia, como la hizo en Libertad: Encontró un club en la segunda división y lo dejó entre los mejores del Continente (posición que ahora les cuesta mantener a los liberteños). Creo que Horacio quiere ser el protagonista de una evolución similar de nuestro Paraguay. 

Lo señalado en el párrafo anterior sobre Horacio no excluye que, al mismo tiempo, busque beneficios particulares, de nuevo exactamente como en Libertad asegurando transferencias de jugadores y cosas por el estilo. 

Pero de todo lo apuntado surge claramente la situación de que Nicanor tiene sobre Horacio una ventaja, la de poder exponerle objetivos arropados en sólida base argumental. 

Hay algunos indicios, pues no tengo prueba fáctica alguna, que indican que Nicanor logró establecer su ascendencia (“3. predominio moral o influencia”) sobre Horacio. 

El cambio, nunca explicado, de la posición fijada formal y solemnemente por Horacio el 12 de julio de 2012 sobre MERCOSUR (http://bit.ly/1mfeNkb), puede deberse a muchas causas o a la confluencia de algunas, pero una de ellas es la idea sostenida siempre por el grupo de Nicanor sobre nuestra pertenencia incondicional a ese bloque regional. 

Otro indicio es la posición sobre la deuda de Yacyretá. Aunque Luis Castiglioni me recordó el viernes 28 en la 9.70 AM que Nicanor fue quien se negó a firmar el preacuerdo de 2006, el senador liberal Carlos Amarilla denunció a Nicanor, también en la 9.70 el mismo día, como el ideólogo de un acuerdo que reconocería al menos una parte de lo que los argentinos denominan “deuda” de la binacional. Notablemente, el canciller Eladio Loizaga, también el mismo día, se mostró reacio a admitirme la validez del principio “deuda cero” que sostenemos muchos paraguayos. 

Es posible que mis deducciones sean equivocadas. Pero si se ven confirmadas por los hechos que sucedan a partir de ahora, entonces creo que la acción de estos dos hombres, Horacio y Nicanor, puede poner en peligro no solamente nuestra posición en Yacyretá y nuestra independencia frente a MERCOSUR, sino también el diseño institucional de nuestra República, habilitando la reelección presidencial, objetivo asumido ya hace mucho por Nicanor, deseado desde siempre por los sectores stronistas del Partido Colorado y acompañado también por el ex presidente Fernando Lugo y que podría contar con el apoyo del siempre pragmático Blas Llano, jefe de facto del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA). 

Espero estar absolutamente equivocado, pero no tengo derecho a olvidar que las promesas, aún las formales y solemnes, de Horacio están siempre sujetas a los cambios que por cualquier razón decida el presidente, como lo demuestra su cambio con respecto a MERCOSUR. 

Horacio dice ahora, e insiste, en que se va en 2018. Pero también dijo que no volvíamos sin condiciones a MERCOSUR. Y volvimos. Luego, aunque ahora lo niegue, puede decir en 2015 o antes o después, que intentará la reelección. 

Y un cambio constitucional que habilite la reelección a Horacio, habilitará inmediatamente a Nicanor. Y a Lugo y a Federico. 

La reelección no conviene a nuestro país por la tradición histórica que tiene, en la que la reelección fue el instrumento central en el desarrollo de tipos autoritarios de gobierno. 

Y tampoco conviene por la naturaleza prebendaria de nuestros partidos tradicionales, naturaleza que les condena a ver el Estado como instrumento para alimentar a sus clientelas. 

Si ahora, sin reelección, los colorados se cobran cuentas pidiendo cargos (http://bit.ly/1iIJddG), no es demasiado difícil imaginar lo que harán teniendo la posibilidad de permanecer por periodos más prolongados en el poder. Es cuestión de recordar a Stroessner para saberlo con certidumbre total. 

El seccionalero de hoy no es diferente al de 1954-1989, no aprendió nada, absolutamente nada, de los 25 años de democracia y lo único que quiere es el poder para alimentar a su clientela. 

En defensa de Nicanor tengo que decir que al menos dice las cosas. En eso, Horacio es más parecido a Lugo, quien inició su carrera política combatiendo a la reelección para terminar trabajando por ella.
Le ruego a nuestro presidente que ponga las cartas sobre la mesa y que deje de actuar como actuó en el tema MERCOSUR. 

Artículo publicado en la edición del domingo 30 de marzo de 2014 de La Nación (http://bit.ly/1leLdvj). 

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