No es lo mismo una parroquia que un país

 

Aunque parezca este título, una verdadera perogrullada, no lo es, ya que esto es una triste realidad, especialmente si la persona, que la mayoría de los votantes, de aquel histórico 20 de abril, sigue creyendo todo lo contrario.

A pesar que aún es muy poco el tiempo transcurrido, como para hacer una primera evaluación de la nueva gestión, es evidente, que observando detenidamente varios pequeños detalles, Fernando Lugo todavía no ha podido desprenderse de 30 años de carrera sacerdotal y continúa pensando que aún mantiene su jerarquía de obispo.

 

Da la notoria sensación que el ex religioso solo cortó el vínculo con la Iglesia de boca para afuera, porque su subconsciente constantemente lo traiciona. Desde el traspaso del mando hasta el presente se han sucedido hechos que demuestran más una continuidad del mandato perpetuo colorado que los cambios tan anunciados con bombos y platillos por el movimiento Tekojoja, principal impulsor que colocó a Lugo en el sillón presidencial.

 

 

 

Para tranquilizar a 6 millones de seres angustiados, que no saben hacia donde se dirigen, nuestro presidente debería dar una conferencia de prensa, en cadena, a través de todos los medios televisivos y radiales y poner sobre la mesa todas las nuevas reglas de juego para los próximos cuatro años y así apaciguar los ánimos exaltados de una buena parte de la población.

Es fundamental saber ya cual va a ser nuestra próxima hoja de ruta y así despejar violentamente chismes y rumores mal intencionados que provienen evidentemente de aquella minoría que no quiere ni les interesa el cambio de política porque perjudica sus mezquinos intereses, solo dirigidos a llenar sus bolsillos en desmedro de los más humildes.

Con esto se podrá corregir muchos de los hechos y dichos demasiado desprolijos que este nuevo gobierno ha cometido por falta de cintura política, cierto toque de torpeza y una pizca de ingenuidad, más que por una verdadera inoperancia.

 

 

 

Citando ejemplos claros como los constantes tiroteos entre Lugo y Franco que lo único que sirven para comidilla de la prensa y regocijo de los opositores. Contribuyendo a un prematuro desgaste de la cúpula del ejecutivo.

Endosarle a la Pastoral Social, la auditoria de los fondos prometidos por la Itaipú para solucionar, por en cuanto, los reclamos campesinos. Cuando esto es un acto solo concerniente al Estado paraguayo y no a la Iglesia Católica.

 

 

Desayunos de trabajo, con su cartera de ministros, en un retiro espiritual. Pretender dar homilías o sermones, papel reservado a sus ex colegas obispos tanto paraguayos como argentinos. Promesas de aumentos salariales sin saber de dónde va a salir el dinero.

 

 

En dicha conferencia debería precisar, sin mucha verborragia, el diseño de planes concretos y posibles a corto, mediano y largo plazo, inclusive que traspongan su período presidencial.

 

 

Y no sería una mala idea imitar, de una manera u otra, el ejemplo brillante que nos da nuestra selección de fútbol, que luego de la gestión de Paulo César Carpegiani, adquirió una filosofía y una dinámica de juego que supera a los sucesivos técnicos que llegaron luego de aquel.

 

 

Esa coherencia es la que ha hecho que el fútbol paraguayo sea mirado con otros ojos y ganado un respeto como nunca antes lo había logrado. Hoy miramos su futuro con tranquilidad, al menos en ese aspecto demasiado puntual, pero no por eso menos válido.

Es necesario que viaje menos y ajuste las tuercas un poco mejor por acá, que es donde más lo necesitamos. Si cree que de esa manera va a conseguir inversores, se equivoca de cabo a rabo, porque todos los empresarios del mundo están prendidos las 24 horas del día y saben perfectamente que en Paraguay se invaden tierras y la justicia no siempre es justicia. Primero debería poner la casa en orden y luego salir a pasear, antes es una pérdida de tiempo y un gasto totalmente inútil.

 

 

 

Lo que la gente espera de Fernando Lugo, es planificación, trabajo personal, coherencia en sus dictados y cumplir todo aquello que ha prometido, o al menos una buena parte de ello que no se limite a pensar en su propio período si no que prepare los sucesivos, aunque no les toque a sus correligionarios.

 

 

Ese desprendimiento es el ejemplo que estamos necesitando. Que se adelante a los acontecimientos, y no que los acontecimientos lo persigan a él. Si logra esto superará las actuales limitaciones de ex obispo y de presidente para transformarse en todo un estadista. Amén.


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