No nos resignemos a ser colonia

Enrique Vargas Peña (foto de yluux.com)

Creo que hasta Fernando Lugo reconoce que los países que integraban la Triple Alianza, Brasil, Argentina y Uruguay, nos humillaron en el proceso de la Cumbre de Mendoza como nunca lo habían hecho desde que nos derrotaron el 1 de marzo de 1870.

El pasado sábado 23 de junio decidieron violar el artículo 4 del protocolo de Ushuaia que dice que “En caso de ruptura del orden democrático en un Estado Parte del presente Protocolo, los demás Estados Partes promoverán las consultas pertinentes entre sí y con el Estado afectado”, suspendiendo a Paraguay, “el Estado afectado”, sin trámites.

Los antiguos integrantes de la Triple Alianza, Brasil, Argentina y Uruguay, se arrogaron sin título alguno la facultad de decidir qué parte de nuestra Constitución aceptan y qué parte no aceptan y se atribuyeron la potestad, que nadie les otorgó, de decidir qué parte del mandato popular paraguayo aceptan y qué parte del mismo no aceptan.

Es decir, pretenden erigirse en tutores de Paraguay, reduciendo la soberanía paraguaya a aquello que ellos estiman aceptable.

Luego, el martes de la pasada semana, echaron a la delegación preparatoria paraguaya que concurrió a Mendoza; más adelante en la semana, los embajadores de Argentina y Brasil trataron de impedir que el embajador paraguayo ante la Organización de Estados Americanos pudiera defender a nuestro país en la reunión que sobre Paraguay se desarrolló allí.

Finalmente, el viernes 29, resolvieron sumar a la violación del artículo 4 del protocolo de Ushuaia, la violación del artículo 37 del protocolo de Ouro Preto, que dice queLas decisiones de los órganos del Mercosur serán tomadas por consenso y con la presencia de todos los Estados Partes”.

Los antiguos integrantes de la Triple Alianza, Brasil, Argentina y Uruguay, violaron el artículo 4 del protocolo de Ushuaia para intentar maquillar la alevosa violación del artículo 37 del protocolo de Ouro Preto para tomar decisiones que, de este modo, no son el resultado de nuestro consentimiento, sino que constituyen una imposición colonial sobre nosotros.

Si aceptamos todo esto, habremos perdido nuestra Independencia Nacional para todo aquello en lo que esta tiene significación real.

Las decisiones tomadas a partir del pasado sábado 23 de junio en Mercosur son ilegales y no obligan a la República del Paraguay en tanto sea soberana. Cualquier político paraguayo que en lo sucesivo prometa aceptarlas será, simplemente, un agente de los gobiernos de la Triple Alianza y, peor, será quien ponga fin a doscientos un años de vida independiente.

Los que estén de acuerdo con que necesitamos pedir permiso externo para cambiar de gobierno, no se diferencian de los que se opusieron a la destitución de Álvar Nuñez Cabeza de Vaca y son los que quieren restablecer el tipo de obediencia que sufríamos durante el coloniaje español.

A pesar de toda la situación descripta, hay miembros del Congreso Nacional, del Poder Ejecutivo y de los partidos políticos que insisten en que tenemos que aceptarla y someternos, como colonia, al “diktat” extranjero.

Los argumentos que esgrimen los agentes de la sumisión paraguaya a la Triple Alianza son dos: Primero, que siempre estaremos aquí con Brasil y Argentina al lado y, segundo, que todo cambiará al morir Hugo Chávez.

Este segundo argumento es tan absurdo que no merece más que unas líneas. Según él, debemos aceptar la pérdida de nuestra Independencia mientras viva Chávez. No explican por qué tendríamos que perder nuestra Independencia ni un segundo. No veo en nombre de qué beneficio posterior deberíamos hacerlo y agradecería a los que piensan esto que lo expliquen.

No dicen qué podría pasar si Chávez no se muere o si es sucedido por alguien igual que él. Si Chávez no se muere o es sucedido por alguien igual que él, entonces, según la lógica de los defensores de este argumento estúpido, deberíamos seguir sin nuestra Independencia hasta que la cosa cambie alguna vez en ese remoto lugar llamado Caracas. Qué gran manera de defender el interés nacional paraguayo.

En cuanto al primer argumento, el que recuerda que Argentina y Brasil siempre serán nuestros vecinos y que esto nos obliga a entendernos con ellos, conviene recordar algunas cosas.

Los veinte años de vigencia de Mercosur en Paraguay han mostrado un hecho alarmante: Nos estamos convirtiendo en una provincia económica de las industrias brasileña y argentina, pero sin encontrar reciprocidad.

Durante esos veinte años hemos sacrificado nuestra economía abierta sin recibir a cambio nada más que las trabas brasileñas (límite de compras) y argentinas (trámites para-arancelarios). Si hemos logrado exportar a pesar de eso ha sido a cambio de concesiones cada vez mayores de nuestra soberanía. Ni siquiera nos permiten vender nuestra energía a terceros.

Y cuando Paraguay no se rinde a los intereses de Brasil y Argentina, estos actúan con respecto a Paraguay como si no estuviéramos en Mercosur.

Nuestro sector privado vinculado con Brasil y Argentina debería ser el primero en denunciar la larga lista de abusos que sufre y el gobierno debería ofrecerle toda la ayuda que necesite para enfocarse a otros mercados.

Nos tiran, para domesticarnos o para anestesiarnos, una pequeña cantidad de millones de dólares de los Fondos de Convergencia Estructural de Mercosur (FOCEM), como si con esos millones pudieran indemnizarnos por la pérdida de soberanía comentada más arriba. No necesitamos ese dinero, tenemos otras fuentes para obtenerlo y deberíamos no usarlo, desde luego.

El canciller de Cristina Fernández menciona esos fondos para decir que no está en guerra contra Paraguay, sino solamente contra su gobierno.

Es muy cierto que pueden actuar peor que eso y, de hecho, no espero nada bueno de los antiguos integrantes de la Triple Alianza.

Pueden imponernos un aumento de aranceles a nuestras exportaciones hacia sus mercados; pueden trabar todavía más nuestras exportaciones extra regionales; pueden cerrar sus fronteras; pueden imponernos un bloqueo aéreo. Pueden invadirnos para restablecer en el gobierno a Fernando Lugo.

Imponernos a Lugo por la fuerza tendrá para los antiguos integrantes de la Triple Alianza más costos que beneficio y, por tanto, creo que nadie en su sano juicio en esos países piensa seriamente en esa opción.

Cortar el río y cerrar las fronteras constituyen, también, actos que están observados por la Organización Mundial de Comercio y del grupo de Países en Desarrollo Sin Litoral Marítimo y que no podrían ser adoptados por Brasil o Argentina sin costos para su propia posición internacional.

Sin embargo, los partidarios de Mercosur insisten en que somos tan débiles que es mejor someternos.

Y yo les digo que en vez de resignarnos a la debilidad y a la sumisión, para equilibrar el poder fáctico de los antiguos integrantes de la Triple Alianza sobre nuestro país, tenemos que realizar un audaz cambio de alianzas.

A principio de los años 60, Cuba, bloqueada por todos los países del hemisferio occidental hizo eso y estableció una alianza con la ahora extinta Unión Soviética que le sirvió para sobrevivir cincuenta años en una región hostil. Lo señalo para mostrar que el cambio de alianzas no solamente es posible, sino que, a veces, es imperativo.

Los antiguos integrantes de la Triple Alianza, Brasil, Argentina y Uruguay,  después de agredirnos y humillarnos como se ha relatado al principio, no nos dejan más alternativa que buscar ese cambio de alianzas. Eso es lo racional, lo razonable, lo conveniente, lo necesario.

Espero que Estados Unidos sea el país que nos ayude a mantener nuestra Independencia amenazada y espero que el Congreso y el Ejecutivo no ahorren esfuerzos para establecer rápido una alianza con Estados Unidos.

Y si, por desgracia, Estados Unidos nos sacrifica en el altar de sus intereses con Brasil, pues de seguro habrá otros amigos de la libertad del Paraguay.

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