Oligarcas y sus excusas contra desbloqueo

Enrique Vargas Peña  (foto de lanacion.com.py)

Nuestra clase (“Del lat. classis. 1. f. Orden o número de personas del mismo grado, calidad u oficio”) política está construyendo un sistema que tiene todos los aspectos de una oligarquía (“Del gr. ὀλιγαρχία. 1. f. Gobierno de pocos. 2. f. Forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de personas que pertenecen a una misma clase social. 3. f. Conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio”), en el que los políticos ejercen el poder supremo para que todos los negocios dependan de su arbitrio. 

Esta afirmación puede probarse con numerosas evidencias actuales: Los políticos son reacios a rendir cuentas sobre sus gastos; nos hacen pagar los salarios de sus recomendados; no quieren que los cargos públicos estén abiertos para todos los paraguayos en igualdad de condiciones sino que los quieren para sus correligionarios; pretenden mantener a los jueces que ellos han nombrado para proteger sus negocios; se oponen a transparentar los contratos públicos y se oponen con todos los argumentos que encuentran a disposición a desbloquear las listas sábana, es decir, se oponen a que sus líderes pierdan el poder de imponer al pueblo candidatos a cargos electivos. 

Tal vez una de las evidencias más notorias de la evolución de nuestro sistema político hacia una forma oligárquica sea la riqueza que los integrantes de nuestra clase política acumulan en el curso de su vida pública, sin que nadie pueda pedirles cuentas. 

La oligarquía es distinta y contraria a la democracia (“gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, como reza la definición de Abraham Lincoln en Gettysburg). 

Hasta donde yo recuerdo, los paraguayos hemos elegido vivir en una democracia y no en una oligarquía y, por tanto, el propósito de los políticos de vivir en una oligarquía es contrario a la voluntad del pueblo paraguayo. 

En la democracia, el gobierno del pueblo se realiza mediante la participación popular en todas las decisiones sobre la administración de la cosa pública; y el gobierno por el pueblo se realiza mediante el control popular sobre todas las cuestiones referidas al manejo de la cosa pública. 

El sistema de listas sábana que impera en nuestro país es una consecuencia lógica e inevitable del sistema de representación proporcional que los políticos impusieron en el Artículo 118 de nuestra Constitución: No hay representación proporcional sin listas de candidatos. 

Ahí reside el poder de los jefes políticos, pues ellos son los que determinan quiénes integraran las listas de candidatos, sin consultar con nadie, sin depender de nadie. 

Los paraguayos les impusimos un primer paso hacia el control popular con el  voto directo. Ellos no lo querían. Lo detestaban. Hicieron lo posible por impedir el voto directo y, todavía hoy, claman contra el voto directo cada vez que pueden porque el voto directo estableció que el pueblo pudiera elegir, en las internas de las organizaciones políticas, entre varias listas de varios jefes, influyendo así en la posición que los designados por los jefes políticos tendría en la lista que cada organización tendría en las elecciones nacionales o locales. 

Pero el voto directo es un poder limitado del pueblo pues los jefes políticos siguen siendo los que conforman a voluntad las listas originarias de candidatos. Los jefes de los movimientos políticos son los que deciden, solitos y solos, quiénes integraran las listas de los movimientos políticos. 

Es obvio que el pueblo necesita limitar todavía más ese poder de los jefes políticos para poder concretar un poco mejor el concepto de gobierno por el pueblo. 

El mecanismo para limitar más ese poder de los jefes políticos es el desbloqueo de las listas, el desbloqueo total de las listas en las internas y en las elecciones nacionales y locales. 

Con el desbloqueo de listas los jefes políticos tendrán todavía el enorme poder de designar ellos solitos y solos a los integrantes de las listas de los movimientos, pero el pueblo podrá decidir el orden en que esos candidatos integren las listas, es decir los jefes ya no podrán determinar solos si sus favoritos tendrán o no lugares de preferencia en las listas, sino que el pueblo tendrá control sobre esa decisión. 

Es una mentira pura y simple, una mentira descarada y grosera, que el sistema de desbloqueo presente alguna dificultad. Con urnas electrónicas (con programación paraguaya) o con conteo electrónico, el desbloqueo no presenta dificultad alguna desde el punto de vista de la técnica de implementación. 

Esa es la razón por la que Julio César Velázquez ya no recurre al argumento de la dificultad técnica para oponerse al sistema, sino que se ve obligado a oponerse a él confesando, encubierta, la verdad: El desbloqueo, dice, debilitará a los partidos políticos. 

La verdad encubierta en la confesión de Velázquez es que el desbloqueo debilitará, y mucho, el poder de los jefes políticos de controlar ellos la cosa pública. Esa es la verdad. 

Velázquez pretende que en nuestro sistema el control de la cosa pública siga en manos de los partidos políticos, cuando en la democracia el control de la cosa pública no pertenece a los partidos sino al pueblo. 

Es el pueblo el que debe controlar las cosas, no los partidos. Si los partidos son los que controlan, estamos en una oligarquía. Es cuestión de leer las definiciones. 

Artículo publicado en la edición del domingo 20 de abril de 2014 de La Nación (http://bit.ly/1fkasry).

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