Paraguay: De Golpes y Militares

Esa es la consigna, de decenas de seudos empresarios, que ordenan a miles de vendedores ambulantes, “mesiteros”, y comerciantes de todo tipo, a dedicarse a traficar productos falsos o bien copiar buenas ideas ajenas y por supuesto, fabricarlas.
Ese es un lado de la cosa, en el reverso de la moneda, nos encontramos con millones de personas que le gustan y hasta sueñan con adquirir los productos legales, sin embargo los precios generalmente bien altos, están totalmente fuera de su alcance y puede representar una buena parte de las economías. En esta faja también debo incluirme.

El cliente sabe bien que el producto es una copia ilegal, pero eso no lo frena. Tiene la certeza de no llevar la mejor  calidad, pero si logra un buen ahorro a su bolsillo. Otro factor importante es que nuestro país no genera fuentes genuinas de trabajo, que no sean en entes estatales.
Los jóvenes sin empleo, que viven precariamente en la ciudad, han dejado el interior por no ofrecer un panorama alentador y optan por vender piratería como una forma de sufragar sus necesidades y las de sus familiares.
Según las estimaciones, el comercio de productos piratas alcanzó los US$ 320 mil millones (billones), en 2008, sin contar con lo “bajado” directamente de Internet. Es decir, casi el 8 % del comercio mundial. Si se hiciera una lista en donde la piratería tiene puesto sus ojos, nos daremos cuenta que nada se les escapa.
En primer lugar se encuentra el software instalado en las “notebook”, luego le siguen DVD, CD, libros, medicamentos, ropa deportiva, juguetes, perfumes; cartuchos para impresoras, repuestos de automóvil (bujías), carcasas y fundas para los celulares, pastillas adelgazantes o estimulantes,  taladros, tabaco, encendedores y cartuchos para juegos electrónicos.

Existe una arista no contemplada y que protege al pirata, ya que traficar con productos falsos es más fácil y menos arriesgado que transportar drogas, y se cotiza mejor. El vendedor o el mismo fabricante de piratería no es tan mal visto por la sociedad ni goza de mala reputación como los traficantes de drogas, armas o prostitución.

 

No se los defiende pero tampoco se los rechaza. La clave es que nadie ve a la piratería como delito de usurpación y uso indebido de las ideas de otro. Existe una razón psicológica para la compra, nos acerca a una elite exclusiva a las que nos gustaría pertenecer, pero por razones obvias es difícil que lo logremos.

 

No piensen que únicamente es nuestro país la única víctima de esta plaga delictiva. Somos uno más en el montón, sin contar que nuestro vecino, ese que tanto se burla de nosotros por la falsificación, es el segundo productor mundial de piratería, siendo San Pablo su guarida favorita.
Según una consultora suiza, que cuida los derechos intelectuales de sus 300 clientes, entre las que se encuentran las marcas más conocidas del mundo; el ranking sería el siguiente: China, Brasil, Pakistán, México, Corea, Rusia, España, Taiwán, Tailandia Ucrania y Paraguay.
Hasta no hace mucho, los mafiosos, traían a los ilegales y los metían a coser en un taller hasta pagar su deuda, ahora, los tienen copiando CD. La delincuencia como la física: “no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Si uno busca unos “Ray Ban”, cuyo precio varía entre 50 y 120 dólares, y pagamos solo 5, nadie nos está engañando, ni es tan estúpido, por lo que entre el comprador y el vendedor surge una corriente de marginalidad, mutándolo a este último de pobre víctima, a un mero cómplice.
En fin, todos somos un poco culpables. Una cosa es cierta, después de este comentario, veo las cosas de otra manera. Si bien reconozco que el Estado es el más perjudicado en todo este negocio, ya que deja de percibir una enorme cantidad de dinero en concepto de impuestos.
También no es menos cierto que le hace un pequeño guiño a la cosa, ya que prefiera perder un dinero que nunca tuvo, antes de cortar la fuente de trabajo de miles de persona que el mismo Estado se ve impotente para proveerle. Entonces entre dos males prefiere el menor.
Brasil que nos acusa de piratería, usa a Paraguay como plataforma de salida de sus productos falsificados y los brasileros que tienen sus negocios en CDE, controlan el 70 % del software adulterado. En los alrededores de Shanghai (China), se fabrica gran parte del material falsificado. La ciudad tiene un comercio independiente de  copias ilegales, pero en su puerto y en Hong Kong, se cargan los contenedores. Allí hay desde anteojos Ray Ban hasta camisetas de Barcelona. Los mayoristas compran por contenedores cerrados.
Hasta los mismos europeos la sufren. Según el diario digital “20 minutos”, en Madrid se venden 100.000 CD y 30.000 DVD piratas por día. “Este es verdadero”, dice una vendedora de una tienda de Omega, sita en Rodeo Drive, una zona exclusiva de Los Ángeles. “Es difícil reconocer a veces si un reloj es real o copia, así que los enviamos a un centro para que nos certifiquen su autenticidad”.
Un directivo de Nike ha dicho que “La técnica avanzó tanto que ni nuestros vendedores son capaces de distinguir entre los falsificados y los auténticos”. Adidas, Umbro, Burberry, Bic, Lacoste, entre otros, han optado por organizarse y financiar a sus propios detectives, que colaboran con la policía.
EEUU asegura que más del 90% de los programas informáticos usados en China son ilegales, lo que supone un costo a sus empresas de 3.400 millones de dólares solo en el 2008.
A pesar de todas las reclamaciones, China “ni ahí”. En Paraguay existe marco legal que protege la propiedad intelectual, pero que jamás cumple.
También están definidas las sanciones, en el caso que se incurra en un delito previsto. Pero como tantas veces he repetido hasta el cansancio, que en nuestro país nadie respeta la ley y mucho menos le teme, solo despotrica cuando le alcanzan sus consecuencias.
Por eso, como diría el simpático Capitán Jack Sparrow, quien nunca dejaba de insistir en aquello de: ¡¡¡Al ataque mis piratas!!!

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