Política de hechos consumados

Enrique Vargas Peña (foto de radiotvnuevoparaguay.com)

Nuestro Paraguay fue, entre 1537 y 1811, una provincia del Imperio Español.

“Provincia. Del lat. provincĭa. 1.f. Cada una de las grandes divisiones de un territorio o Estado, sujeta por lo común a una autoridad administrativa. (…) 5. f. En la antigua Roma, territorio conquistado fuera de Italia, sujeto a las leyes romanas y administrado por un gobernador”.

Nos gobernaban desde Madrid y desde Buenos Aires. Las decisiones fundamentales que afectaban la vida de Paraguay y de los paraguayos (impuestos, defensa, justicia, educación, etc.) se tomaban en Madrid o en Buenos Aires y las aplicaban en Asunción delegados de los gobiernos de Madrid o Buenos Aires.

No importaba que esos delegados fueran o no paraguayos, como Hernando Arias de Saavedra, sino si obedecían a Madrid o a Buenos Aires.

El objetivo central de ese gobierno era beneficiar a los intereses de Madrid o Buenos Aires y no a los de los paraguayos o a los de Paraguay.

Fulgencio R. Moreno retrató perfectamente esa situación en su estudio sobre la Independencia Nacional, que todo político paraguayo medianamente serio debería leer para entender por qué los paraguayos de 1811 prefirieron rechazar la integración. Y para entender por qué debemos seguir sosteniendo los principios definidos en la Nota del 20 de julio de 1811.

Se trataba, a todos los efectos prácticos, de una situación colonial. Éramos una colonia.

Colonia. Del lat. colonĭa, de colōnus, labrador. (…) 3. f.Territorio  fuera de la nación que lo hizo suyo, y ordinariamente regido por leyes especiales. 4. f. Territorio dominado y administrado por una potencia extranjera”.

El 15 de agosto de 2013, Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de la República Argentina; Dilma Rousseff, presidenta de la República Federativa de Brasil y José Mujica, presidente de la República Oriental del Uruguay, vendrán seguramente a Asunción para asistir a la toma de posesión del nuevo presidente paraguayo, elegido el 21 de abril de 2013.

Nos dirán que ya somos, nuevamente, miembros plenos de MERCOSUR, y nos invitarán a la siguiente reunión cumbre con Venezuela, esperando que el nuevo presidente paraguayo acepte el hecho consumado, el “fait accompli”, de haber pasado por alto a la República del Paraguay y a sus instituciones democráticas desde el 23 de junio de 2012 hasta el 15 de agosto de 2013.

Y muy probablemente el nuevo presidente paraguayo acepte la invitación y se siente tranquilamente con Cristina, Dilma y Pepe, y con Chávez, admitiendo, por sentarse, que las grandes decisiones de la política exterior paraguaya se le pueden imponer por la fuerza a Paraguay y que Paraguay acepta, tranquila y resignadamente, que se le impongan esas grandes decisiones.

Habrá sentado un precedente a la vez nefasto y sólido, el de que Argentina, Brasil y Uruguay pueden dejar de lado a Paraguay e imponerle decisiones con las que no está de acuerdo, restableciendo así, por primera vez desde el 15 de mayo de 1811, un gobierno externo para los asuntos paraguayos.

Ese nuevo presidente paraguayo habrá reconocido así, sentándose con ellos como si nada hubiera pasado, que Argentina, Brasil y Uruguay tienen potestad para determinar qué parte de nuestra Constitución podemos aplicar y qué parte no podemos aplicar; que esos tres países tienen facultad para determinar qué parte del mandato popular paraguayo vale y que parte no vale y, sobre todo, cuándo vale el mandato del pueblo paraguayo y cuándo no vale.

Y habrá reconocido así, sentándose con ellos, que Argentina, Brasil y Uruguay pueden legislar para nuestro país desde afuera, imponiéndole las resoluciones de la Cumbre de Mendoza y las de las dos que se realicen antes del 15 de agosto de 2013.

En síntesis, si el nuevo presidente paraguayo, elegido el 21 de abril de 2013, complace a Argentina, Brasil y Uruguay aceptando volver a MECOSUR sin condiciones, habrá restablecido de pleno derecho la dependencia de Paraguay, convirtiéndola en provincia de potencias extranjeras, a la que se gobierna como a una colonia.

Para que eso no ocurra, ningún candidato presidencial paraguayo, ningún candidato al Congreso paraguayo, debería aceptar el “diktat” de MERCOSUR y si desean tenernos de vuelta en ese bloque, deberán deshacer todo lo que ilegalmente hicieron desde el 23 de junio de 2012, atropellando los protocolos de Ushuaia y de Ouro Preto.
Artículo publicado en la edición digital de La Nación el jueves 5 de julio de 2012

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