¿POR QUÉ “QUEREMOS” TANTO A LOS POLÍTICOS?

En realidad esta no es una frase muy complicada de responder, ya que como lo dice el mismo refrán:”Quien siembra vientos, cosecha tempestades”. 

El político ha prometido tantas cosas y ha cumplido tan pocas, que su credibilidad hoy se encuentra solamente dentro de la escala negativa.

La única manera de conocer a uno de ellos es durante su campaña proselitista. En ese momento será la persona más amorosa y servicial del planeta. 

Todo lo que usted le pida, por imposible que parezca, aparecerá ante sus ojos, como por arte de magia. Por eso siempre aproveche al máximo esta época, porque cuando termine, es muy probable que no lo vea más. 
Pero en caso que se encuentre nuevamente con esta figura, y haya sido electa, seguro que se cruzará de vereda, o dirá que no lo conoce, aunque haya sido su vecino de enfrente de su casa, por 15 años.
O lo más probable es que sus fornidos guardaespaldas no lo dejen aproximarse a menos de 5 metros. 
Sin embargo, esto no es lo más triste y desilusionante que podemos encontrar en un político, sino que, sacando rarísimas excepciones, continuamente nos subestiman como personas y se ríen a carcajadas de nuestra incredulidad como ciudadanos votantes. 
Eso duele sobremanera, ya que es una manera muy baja de jugar con nuestros sentimientos, nuestros sueños, nuestras esperanzas de una calidad de vida mejor. 
También es muy deprimente observar que aquel vecino nuestro que ha vivido 15 años frente a nuestra casa y que ha sido electo como funcionario del Estado, ha dejado de saludarnos. 
Todo el vecindario sabe que lo único que tiene en su heladera, son las dos cubeteras de hielo, pero vacías. Dos meses después cambiará su “Corcelito” brasilero por una poderosa 4 x 4 de origen inglés. 
Luego, un ejército de albañiles invadirán su predio, como si fueran verdaderas hormigas y transformaran su modesta vivienda de madera, en una fortaleza de tres plantas, con parque, pileta y cerco perimetral con cámaras de seguridad.
En seis meses prácticamente no se los reconoce, ya que han cambiado de ropa, de gustos más refinados, de amigos de otro nivel, colegios de sus hijos, el modo de hablar y otros valores. 
Su memoria ahora se ha vuelto muy frágil, ya no recuerda que sus hijos, hasta no hace mucho, venían a jugar por espacio de interminables horas en nuestra casa, incluyendo almuerzos, meriendas y cenas. Cosa que uno no le daba mucha importancia, ya que los hijos nunca deben cargar con los pecados de los padres. 
Sin embargo estos, jamás lo agradecieron. Como en aquellos domingos en que aparecían en nuestra puerta, atraídos por el bello aroma que despedían las costillas y la rabadilla sobre la parrilla. 
Muy pocos siguen quedándose en el mismo barrio, pero solamente a modo de revancha o como una forma subliminalmente para enrostrándoselo a aquellos vecinos que los hacían sentirse como unos tristes fracasados. 
Pero la mayoría han dejado su pasado atrás y han marchado hacia barrios de mejor nivel social, para así hacer libremente su ostentación de su poder económico como todo nuevo rico o del que nunca tuvo nada suyo y ahora quiere que todos sepan que él y su familia ya no son más pobres. 
Ahora bien, nadie acusa al político que quiera tener una vida mejor para sí y su familia, porque al final de cuentas, son tan humanos como nosotros y no es ningún pecado pretender progresar económicamente en la vida, a fin de obtener todos los bienes y comodidades que se pueda conseguir. 
El problema no radica que no cumpla con sus promesas porque simplemente será un mentiroso o que haga alarde de sus nuevas posesiones, ya que se habrá convertido en un asqueroso arrogante. 
Y con eso no pasa nada. Pero si nos sentamos en una mesa con papel, lápiz y una calculadora de por medio, veremos que salen datos muy contradictorios. 
Porque si sumamos todas sus entradas anuales y sus correspondientes salidas, notaremos que algo no cierra como es debido. 
En ese caso ya no se trata de un simple cambio de personalidad ni ha faltado a su palabra empeñada. 
Estamos ya hablando de un tema delicado que involucraría un posible hecho delictivo que merecería toda nuestra atención. 
La enorme diferencia de patrimonio que existe entre que asumen su cargo hasta el término de su gestión; la desmesurada ostentación de su nueva posición social; la poca dedicación al trabajo por el cual han sido elegidos; la poca vergüenza al mal emplear los gastos reservados puede ser terriblemente irritante. 
El uso y el abuso del poder del que fue investido. La odiosa impunidad detrás de su coraza de inmunidad. 
Estas no son todas las razones, pero ya son suficientes como para granjearse la desconfianza y la antipatía popular. Y a pesar que esto no solo sucede en Paraguay, si no que es un fenómeno a nivel mundial, eso no significa que sea un gran consuelo, ni mucho menos. 
Pero por lo visto, es un mal necesario, que por desgracia ha perdurado a través del tiempo, dejando sus huellas a lo largo de toda la historia de la humanidad. 
Ellos siempre le piden a la gente que hagan sacrificios, por lo que yo encuentro que sería muy justo, que al menos, solo una vez, los sacrifiquemos a todos ellos. 
Hermoso pensamiento que también puede combinarse con aquel que nos sugiere que estamos en una época donde se bebe café sin cafeína, leche sin lactosa, cigarrillos sin nicotina y yo me pregunto cuándo habrá un gobierno que no tenga ladrones. 
Por lo general, los políticos son contradictorios y poco coherentes porque primero hacen leyes perversas que terminan echando la gente a la misma calle, para luego crear otras nuevas que las multen por vivir allí.
Otra frase que está ganando gran aceptación dice que: “votar es elegir en secreto, a quien te robará públicamente”, broma más, broma menos, esto ha provocado, al menos en Paraguay, que desde el golpe del ´89 hasta la fecha, sean cada vez menos la cantidad de votantes, desilusionados por ser engañados. 
Con tanta trapisonda y componenda amañada hizo que la gente no viera ya la necesidad de ejercer el derecho al voto, porque finalmente sabe que se hará justo todo lo contrario a su gusto y orientación ideológica. Por ese y otros motivos es que tanto se los “quiere” a los políticos.

3 pensamientos en “¿POR QUÉ “QUEREMOS” TANTO A LOS POLÍTICOS?”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *