QUE DIFÍCIL ES SER ESCRITOR (Parte II)

En la primera parte se sugería que antes de enviar el manuscrito a alguna editorial, se remitiera un pequeño resumen de toda la obra y en caso que el tema fuera de su agrado, se enviaría el manuscrito por e-mail, que sirve como un buen documento de remisión. 

Luego habrá un tiempo prudencial donde no solo se lo lee, si no que se evalúa cuan bueno y rentable es el material. Desconfía de aquella gente que te proponga hacer una antología con muchos escritores principiantes. 

Por lo general te cobrarán una buena suma y estarás junto con un plantel de dudosa calidad, ya que eso no cuenta, al menos para este fin. Cada uno de los “socios” recibirá una cantidad determinada de libros y con ellos, en las manos, procederán únicamente a “enchufarlos como supositorios” a sus parientes, amigos, compañeros de trabajo y/o eventuales personas conocidas. 
Pero su carrera de escritor, de esta manera no despegará. Si recupera el importe de lo invertido será un milagro. Vaya a un templo y rece 40 Ave Marías. 
Es muy importante encontrar una buena editorial ya que esta, dependiendo de las bondades de su material, podrá hacer que su vida de escritor sea rentable, pero también será el verdadero nexo entre usted y los lectores. Ahora bien, piense detenidamente la materia que va a elegir, ya que los amantes de la lectura siempre tienen temáticas de preferencia. 
No todos gustan de la poesía, ni la ciencia ficción, ni las novelitas rosas o que hablen del Kama Sutra. Elija el mercado que más le parezca y láncese con confianza, pero siempre sin grandes expectativas. Muchas obras tienen la misma suerte que la ruleta rusa. 
Lo peor que existe es desanimarse con el primer intento. J. K. Rowling fue rechazada varias veces y su libro Harry Potter, no prendió de inmediato. 
Sin embargo hay una raza muy especial de personas que escriben pero que no se los puede llamar de escritores. Un claro ejemplo de lo que digo es el caso de Pablo Coelho, uno de los más leídos del mundo, con más de 150 millones de libros vendidos, en más de 150 países y traducidos a 80 lenguas. 
El tema de la exaltación de la superación personal es recurrente en él, y llamativamente muy parecido a lo que decía Losamb Rampa, seudónimo literario de Cyril Henry Hoskin, un inglés que hizo exactamente lo mismo que el escritor brasilero y que se hizo muy famoso en la década del 70, del siglo pasado. 
Ahora bien, una vez que la editorial ha terminado por aceptarlo, empezaran no solo las negociaciones económicas, sino las artísticas, por lo que tendrá que pelear por la foto o colores de la tapa o el tipo de letra. Algunas amputaciones por tal o cual motivo pueden causar muchas rabietas y contratiempos normales. 
Uno piensa como artista y el otro como empresario. Hay muchos escritores que pasan por alto la remuneración económica y prefieren obtener gran notoriedad por un fuerte deseo narcisista de ser el centro de atracción. 
Nunca entre en ebullición por publicar, grandes escritores como el caso de Víctor Hugo, quien publicó su primera obra a la edad de 60 años. Otros como la genial Emily Dickinson, el intrincando Franz Kafka, el punzante Oscar Wilde murieron sin ver publicadas sus obras, y conocieron la ruina económica y moral luego de luchar duro toda su vida para adquirir reconocimiento en el medio literario.
Edgar Alan Poe, vivía dentro de la más estricta pobreza y sin embargo fue el genio creador del cuento moderno tal como lo conocemos actualmente y estamos hablamos de 1850. 
A veces, y no siempre, el tiempo les hace justicia, tal lo sucedido con Herman Melville, el exquisito escritor de “Moby Dick” quien fue muy mal visto por este libro, ya que atacaba muy subliminalmente la hipócrita sociedad puritana estadounidense.
Luego de su muerte esta obra se popularizó como libro infantil. Lo mismo sucedió con Jonathan Swift quien fue brutalmente perseguido por su libro “Los viajes de Gulliver”. 
El escritor, muchas veces por su carácter de intelectual e ícono de la sociedad, debe pagar con prisión solo por el hecho de manifestar sus ideas. Eso ha pasado y sigue pasando en todos los regímenes totalitarios. 
Pero mucho peor que la censura, según mi modesto entender, es la autocensura, el verdadero cáncer que soporta todo escritor. Porque es más infame no lo que escribe sino aquello que deja de escribir. 
Así como el escritor debe soportar sinsabores, también existe gran alegría y satisfacción personal que ni todo el dinero del mundo lo puede compensar. Uno de los gratos momentos es el día que uno se recibe formalmente de escritor. 
Cuando tiene a su primer libro editado en sus manos y huele ese embriagante olor a tinta que tienen los ejemplares nuevos. Veía con satisfacción a un “hijo” con las brillantes y coloridas tapas, diseñadas por mí. 
Luego vendría la pomposa presentación en sociedad, que en mi caso, fue en la Biblioteca Municipal de Ciudad del Este y auspiciado por el Centro de Escritores del Alto Paraná. Allí fui mimado por un público muy cálido, entre los que se encontraban muchos de los amigos que me habían dado fuerza, para hacer realidad, un sueño muchas veces postergado. 
Varios breves discursos antecedieron al mío, y donde solo atiné a agradecer a los presentes por una emoción que supongo perdurará hasta mi último suspiro. 
Una última sugerencia para aquellos escritores que recién comienzan, y que con tantas ilusiones inician este difícil camino. Es que tengan su propio blog, donde vayan diseñando sus ideas y publicando sus pensamientos y también su obra o lo que crean conveniente, ya que esto les será un brillante ejercicio para ablandar sus dedos y dejar su imaginación en plena libertad.
Hay una frase de la escritora española Rosa Montero, que me ha quedado grabada y ella dice: “Ser escritor es más que un oficio, una profesión o una afición y trasciende la fama editorial. Ser escritor es una afirmación permanente de la propia existencia, de la existencia de nuestros mundos internos, de nuestras pulsiones más íntimas y secretas. 
Es el canal donde se expresa la voz interior que nunca se calla de decir y crear”. Por eso nunca dejen este delicioso y exquisito arte de la escritura, aunque sea muy, pero muy difícil sobrevivir.

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