¿Qué hacemos con los niños de la calle?

Todos hablan de ellos, todos los ven dormir, a cualquier hora del día, en las veredas del microcentro de Ciudad del Este. Nadie ya ni se conmueve con esta cotidiana realidad, forman parte del paisaje urbano y por consiguiente es raro ver a alguien preocupado con su bienestar.
Deambulan entre la gente, mendigando, muchas veces, con prepotencia, arrogancia, sabiéndose despreciados por una sociedad insensible. El aspecto que presentan es el de las personas carentes de todo tipo de cuidados, en cuanto a higiene, educación y principalmente de salubridad.
Están propensos a infecciones de todo tipo, llagas infectadas en las piernas y brazos, dientes cariados, desnutrición y en los ojos una mirada perdida, propia de los que se sienten abandonados a su suerte.

Muy rápido maduran, pues son niños sin infancia, aprendiendo todo lo peor que la calle les pueda enseñar. Sin embargo, siguen siendo sólo niños, sin juguetes, sin escuela, sin una mano que los acaricie ni les prodigue cariño.
Muchos de estos niños, ni siquiera desean acercarse a sus propias casas (si es que las poseen) por temor a ser golpeados por sus padres o padrastros, que generalmente se entregan a los vicios del alcohol u otras drogas ilegales.
Ya las niñas, en mayor porcentaje, tienen en su contra los abusos sexuales cometidos por sus propios progenitores y o en su defecto por parejas ocasionales de sus madres. Según las estadísticas de los organismos responsables de los niños y niñas en situación de abandono, la gran mayoría sufre en la calle de abuso sexual involuntario (violación) o voluntario (prostitución) y un gran porcentaje es usuaria de drogas.
Pocos son los ciudadanos comunes que los ayudan económica o moralmente. Lo mismo sucede con las decenas de ONG’s nacionales y extranjeras, que se dedican a este trabajo, que por más que sean muchas en números, no dan abasto a su preocupante crecimiento. Y lo más penoso, algunas organizaciones reciben dinero a nombre de ellos, pero que son desviados para otros fines.
También las diferentes iglesias de los distintos credos de nuestra zona, han intervenido, pero el problema los ha superado totalmente. El Estado, que debería hacerse cargo del tema, rehuye de su innegable responsabilidad en esta situación. Se ha creado una oficina burocrática, que no cuenta con ninguna clase de recursos y que ha servido durante los últimos años para pagar favores políticos.
Esta institución llamada pomposamente de Consejería Municipal por los Derechos del Niño, Niña y Adolescente, más conocida como Codeni, no tiene ninguna fuerza operativa, y la solución a este grave problema social está muy distante de esta entidad. En contrapartida las leyes de adopción son excesivamente burocráticas, con trámites lentos, que no estimulan esta práctica en la sociedad.
Ciudad del Este, con la poca población con que cuenta, comparando con la capital del país, presenta un alarmante índice de niños abandonados en las calles. Las autoridades locales no priorizan en sus presupuestos una inversión acorde a la necesidades para tratar de paliar sus nefastos efectos. Pero este distrito, hay que reconocerlo, tampoco puede hacer todo por si solo, sin la ayuda fundamental del gobierno nacional.
Por todo lo expuesto, es de esperar que las nuevas autoridades elegidas el 20 de abril pasado, tomen como prioridad número uno ocuparse de la situación de los pequeños compatriotas abandonados. Al menos el presidente electo, Fernando Lugo, en todas las entrevistas brindadas, puso especial énfasis a los agudos problemas sociales que sacude al país.
Por eso, cuan en pocos días más, cuando comience una historia nueva en esta nación, se aguarda con renovadas esperanzas que esta triste realidad sea corregida y que no continué como hasta ahora, un simple detalle sin importancia.

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