REPRESAS SIN COMPRESAS

La idea es alertar a todos los paraguayos, de la magnitud del desastre que podría ocasionar la construcción de estas dos represas. No solo empeoraría el microclima existente en la zona, si no traería aparejado graves problemas económicos y sociales. Los datos recabados son del lado argentino, pero ellos mismos hacen proyecciones que del lado paraguayo el impacto sería mucho peor (como siempre) y lo grave del caso es que todos los daños son irreversibles. 

 

Los pliegos de licitación de Corpus, debían estar listos a fines de julio de 1996, según lo resuelto por Menem, de Argentina y Wasmosy, de Paraguay, pero esto fue decidido mucho antes del mencionado plebiscito. Sin embargo, con el siguiente resumen basta para tener solo una idea de lo que ocurriría del lado argentino, porque del lado paraguayo, sería muchísimo peor.

 

“Hacer una represa para todo el Alto Paraná (Misiones), reducirá la calidad del agua y facilitará la propagación de nuevas enfermedades y aumento de las ya existentes. Y la formación del lago provocará el traslado compulsivo de más de 15.000 personas, con; graves perjuicios de su entorno cultural y laboral”. Para Dalmau, Yacyretá y Urugua-i son suficientes para comprender que, en las represas, los famosos beneficios promocionados no son tales.

 

El caso de Urugua-í es para tener muy en cuenta. Se anegaron 9.000 has de selva virgen, se invirtió el triple de lo presupuestado y, según Claudio Álvarez, ministro de Ecología de Misiones, se basó en un mal estudio técnico, ya que el lago no reúne el agua suficiente para generar el 60% de la energía que consume la provincia, sino apenas la mitad. “Fue una obra política. Con lo que se invirtió se podrían haber tendido las líneas de Yacyretá a toda la provincia resolviéndose el déficit energético”.

 

El efecto de la represa traería aparejado problemas sanitarios; eutrofizaciónen el lago del embalse o sea en términos sencillos; todas las nutrientes de la tierra pasarían al agua; acumulación de productos tóxicos orgánicos y metales pesados en los sedimentos; proliferación de maleza acuática y sequías anuales del brazo Aña Cuá.

 

Hasta aquí, va mi humilde advertencia, de aquí en adelante ya corre por cuenta de ustedes. Con dos grandes hidroeléctricas instaladas en nuestro país, aún no se resolvió el déficit energético que padecemos ni nos hemos repuesto de la desaparición de los Siete Saltos del Guairá. Todo esto sin contar con la voracidad de nuestro querido vecino que buscará quedarse como siempre con todo, dejándonos únicamente otro dolor más de cabeza. 

 

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