SIEMPRE TOME PRECAUCIONES

Para aquellos memoriosos y por lo que también supongo, ya peinan bastante canas, veían hace mucho tiempo atrás, una de las series de TV realmente imperdibles en su época, como era Kung Fu. Estaba protagonizada por el inexpresiva cara de cemento de David Carradine. Esta serie llegó a convertirse en todo un ícono de la TV, de los años 80, del siglo pasado. 

En dicha serie, el monje de más alta jerarquía del monasterio Shao Lin, un severo ancianito, le repetía a su discípulo, al que llamaba cariñosamente “pequeño saltamontes”, una frase que me quedó grabada casi a fuego en mi memoria al decírselo en reiteradas ocasiones: “Esperar lo inesperado”. 
Lo simpático del caso es que esa frase me sirvió de mucho, una vez que la pude entender. Salir a la calle prevenido no significa de ninguna manera, caminar temeroso, mirando hacia todos lados con un cierto temor. Significa solamente que cualquier contratiempo que podamos tener, no nos tome totalmente desprevenidos. Para eso, debemos estar siempre, en la medida de lo posible, con los cinco sentidos “encendidos”. 
Estar prevenido solamente significa encontrarse preparado para evitar las desagradables sorpresas o contingencias con que la vida, la suerte, el destino, Dios, la “mala onda” o lo que sea que cada uno lo llame, nos cause un mal momento y por lo tanto nos amargue ese día y algunos subsiguientes. 
Las posibilidades se abren como un abanico de circunstancias que van desde los sucesos más simples y frívolos como no asomar la cabeza por la ventana antes de salir de casa y no darnos cuenta que está por llover y olvidarnos de llevar un paraguas o tener la suficiente visión de cargar un abrigo en prevención que cuando regresemos a casa, llegue a refrescar. 
Esos son dos ejemplos de cosas sin mucha importancia pero que son muy molestas cuando no se toman las precauciones apropiadas del caso. Pero tenemos otras que si son de mucho mayor peso e importancia y tienen que ver más con nuestras relaciones interpersonales que cualquier otra cosa. Podría darles varios ejemplos al respecto que pueden ayudar a comprender el tema y que en alguna oportunidad, yo también los he sufrido en carne propia. 
Que tu jefe un día te felicite por algún acierto tuyo y haga que tu ego se infle como arroz blanco y al día siguiente, tomándote con la guardia baja, te de un “café” de aquellos y haga que pienses, con mucha rabia, sobre la verdadera honorabilidad de la santa madrecita de aquel. O que veas a una hermosa mujer que te sonríe cada vez que le lanzas una mirada, pero cuando haces un intento de acercamiento, la misma mujer, te mande a la China, ya que ella dirigía su vista hacia otro persona. 
Que llegues muy contento a tu casa, por algo bueno que te sucedió durante el día y encuentres a tu mujer con cara de bulldog, enseñándote tu camisa preferida, con una mancha roja, de lápiz de labios, en su cuello. La sorpresa entonces será total. Jamás podrá creerte que esa camisa fue entregada en calidad de préstamo a tu cuñado, o sea al hermano de tu señora y que este, la había usado en sus interminables calavereadas nocturnas, devolviéndola antes de verificar su correspondiente estado. 
Como salir de una situación así que nos toma totalmente desprevenido y que se nos ha vuelto desfavorable y casi imposible de revertir. Primero podría decirles que conservar la “sangre fría” es una buena receta, al menos para esos momentos tan difíciles. Claro que no siempre es muy sencillo hacerlo. Una cosa es decirlo y otra muy distinta estar en los zapatos de otro. 
Otra buena alternativa es adelantarse a los acontecimientos. Eso significa no esperar que los hechos vengan a nosotros y nos caigan encima nuestro; si no anticiparnos a ellos. 
Un ejemplo interesante podría ser que, si tenemos una cita para una entrevista de trabajo, no esperar impacientemente en casa, si no anticiparnos e ir a recorrer la zona en cuestión, entrar al edificio, conocerlo, preguntar a los vecinos que tipo de empresa es o si piden frecuentemente empleados o si los echan por nada, para evitar antigüedad y cargas sociales. 
Eso es estar realmente prevenido. Otra procedimiento fruto de mi propia experiencia es que las alegrías y las tristezas deben ser tomadas en su justa medida y de manera equilibrada. Nunca debemos ponernos demasiado contentos por tal o cual acontecimiento que hizo que nuestro ánimo llegara hasta el mismo cielo ni que decaiga al más profundo de los abismos por haber tenido que sobrellevar un trance demasiado adverso. 
Esto evitará amargas decepciones ante falsas expectativas e impedirá el derramamiento inútil de lágrimas por cosas verdaderamente poco importantes. Un clarísimo ejemplo de lo que estoy diciendo podría ser el caso cuando alentamos a la albirroja. Antes del partido ya pensamos que ese encuentro lo ganamos tranquilo y por goleada. 
Pensamientos que no tienen fundamento ni peso lógico y si una gran dosis de deseo. Estamos todos en la gloria, pero de pronto, por obra de la fatalidad, los contrarios meten un gol y todos se arrancan los pelos, insultan al técnico y a todas las madres de los jugadores. 
Equilibrio señores y señoras, todo en su justa medida y valor, eso es lo mejor que les puedo recomendar. Y antes de terminar les dejo un chiste que tiene mucho que ver con el tema de hoy. Espero que les guste y hasta la próxima. 
Doña Hortensia está cumpliendo 85 años de edad y es la organista más famosa del pueblo. Con motivo de su cumpleaños, el párroco la visita para felicitarla. Al rato de llegar a casa de doña Hortensia, el padre Manuel observa muy curioso, que encima de un antiguo órgano, hay una jarra de agua en la que flota un condón. 
Por puro pudor, no se atreve a preguntar nada porque sabe que doña Hortensia es una respetable anciana y una muy devota católica. Pero después de haber hablado durante casi una hora de rosarios, padres nuestros y música religiosa, el padre Manuel no puede aguantar más y le pregunta: 
— Doña Hortensia, ¿qué es eso que está encima del órgano? Ella, con su noble y santa sonrisa en los labios, le responde: 
— ¡Ay, padre! Eso es una verdadera bendición. Resulta que un día me lo encontré en la calle, envuelto en un papel que decía: “póngase sobre el órgano para prevenir enfermedades”, y ¿sabe qué?, desde entonces no he tenido ni dolores, ni catarro ni reuma ni nada.

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