Las viejas de ruleros en Ciudad del Este


Enrique Vargas Peña (foto de theranking.com)

Cuando se reflexiona sobre la enorme riqueza que llegó a moverse en Ciudad del Este, surge como causa principal, rápida y fácilmente, el comercio: La capital de Alto Paraná fue durante mucho tiempo la capital comercial de nuestro Paraguay, centro de un intenso movimiento de mercancías de todo el mundo para toda la región. 

Ciudad del Este llegó a tener tanta importancia económica que el gobierno de Brasilia, que usualmente se ocupa de nuestro Paraguay solamente para mantenernos en su órbita de hegemonía política, debió avocarse especialmente a ella para tratar de reducir su importancia. 

Cuando se piensa en el fenómeno comercial en general, también se nota, rápida y fácilmente, que su elemento fundamental, el elemento sin el que no puede existir, son las comunicaciones que, a su vez, son la piedra angular de la conectividad (“1. f. En diversas especialidades, capacidad de conectarse o hacer conexiones”). 

Son las comunicaciones las que permiten conocer la oferta y la demanda, los precios y los costos, los abastecedores y los clientes, los medios de transporte, los seguros, los riesgos y, en fin, todo lo que permite comerciar con eficiencia. 

Durante el periodo de crecimiento de Ciudad del Este, el mundo se benefició paralelamente del proceso que conocemos como “globalización”, el cambio cualitativo en la conectividad, realizado mediante la revolución informática, que pone los beneficios de la computadora y de Internet en cada casa, en cada teléfono celular, abriendo la oportunidad de conectarse, y de comerciar, a millones y millones de personas. 

La globalización potencia todavía más las posibilidades de Ciudad del Este, pero ahora resulta que la clase política que gobierna la capital de Alto Paraná se ha puesto decididamente en contra de aprovechar esas oportunidades, condenándola a convertirse en un villorrio en el que los gobernantes de la ciudad niegan a sus habitantes el derecho de tener comunicaciones de mejor categoría y los obligan a migrar a Brasil, que sí las tiene, para poder prosperar. 

El pasado 27 de junio entrevisté en la 9.70 AM a Gustavo Ruiz Díaz, líder de la bancada colorada (Partido Colorado, Asociación Nacional Republicana, ANR) de la Junta Municipal de Ciudad del Este, sobre las restricciones impuestas por la Junta y por la intendenta Sandra McLeod a las empresas paraguayas de telefonía móvil, que impiden a estas empresas instalar en el centro de su ciudad las antenas que requieren para proporcionar a los habitantes de la urbe la calidad de servicios requerida por un centro comercial de categoría mundial. 

Ruiz Díaz me explicó, al principio, que prohibieron antenas de telefonía celular en base a reportes médicos sobre riesgos, pero como le insistí en que diera a conocer esos reportes admitió que tales reportes contra las antenas de celulares no tienen respaldo fáctico o estadístico alguno y que tales reportes “son extraoficiales” y no daría los nombres de los autores. 

Ruiz Diaz me reconoció que no leyeron, los concejales que prohibieron las antenas, los reportes científicos y estadísticos producidos uno por la Universidad Nacional y otro por la Organización Mundial de la Salud, que fueron puestos a disposición de la Junta y de la intendenta McLeod, que muestran la inocuidad de las antenas de telefonía celular para la salud. 

Finalmente Ruiz Diaz tuvo que admitir que, en realidad, prohibieron antenas a pedido de algunas personas “de los barrios”, una categoría de gente que es muy útil para que los políticos justifiquen cualquier cosa y que yo suelo denominar “las viejas de ruleros” en referencia a “doña Florinda”, del “Chavo del Ocho”. 

En síntesis, los concejales y la intendenta de Ciudad del Este, optaron por dar a las afirmaciones sin respaldo de las viejas de ruleros más importancia que a los informes científicos que ni se molestaron en leer. 

Que quede claro que yo no discuto el derecho de los representantes del pueblo de Ciudad del Este a preferir lo que digan las viejas de ruleros a lo que establecen los informes científicos. Simplemente señalo cómo toman sus decisiones los concejales esteños. 

Y digo que cuando se toman decisiones sin contrastar lo que dicen las viejas de ruleros con los informes científicos, generalmente se toman decisiones que terminan perjudicando a la gran mayoría. 

Dos resultados principales tiene la decisión de prohibir a las empresas de telefonía móvil la instalación de sus antenas: Primero y principal, la calidad de los servicios, fundamentales para la conectividad y para el comercio, que pueden ofrecer las empresas celulares en Ciudad del Este no será la que los habitantes de la ciudad necesitan para comerciar con ventaja y, segundo, como se niega a las empresas paraguayas la capacidad de ofrecer buen servicio, los comerciantes de Ciudad del Este se ven forzados a recurrir a las empresas brasileñas que operan en Foz de Iguazú, lo que, a su vez, pone al comercio paraguayo en manos de operadoras de Brasil. 

En vez de contribuir a que Ciudad del Este despegue y sea cada vez más pujante; en lugar de pensar en cómo facilitar las cosas para que Ciudad del Este vuelva a ser un centro de comercio mundial, los políticos de Ciudad del Este eligen la chatura y el subdesarrollo, condenando a los trescientos mil habitantes de la urbe a tener menos chances de acceder a la riqueza. 

La explicación de esta extrañísima actitud no es un misterio y sobre ella hay un libro muy interesante (“Por Qué Fracasan Los Países” – http://amzn.to/1qXZ7F7-): Las élites políticas generalmente se oponen al progreso cuando ven en el progreso un peligro para mantenerse en el poder; Ruiz Diaz lo admitió abiertamente en la nota que le hice en la 9.70 AM, al decir que los concejales pueden perder sus cargos si no oyen al lobby de las viejas de ruleros, aunque ese lobby esté totalmente divorciado del grueso de los trescientos mil habitantes de la ciudad a los que su decisión perjudica gravemente. 

Artículo publicado en la edición del domingo 06 de julio de 2014 de La Nación ().