NINGUNA MUJER MERECE EL FEMINICIDIO

Según los crecientes índices a nivel mundial, estos nos indican claramente que el feminicidio (muerte violenta de mujer a manos de un hombre) es la sexta causa de muerte entre las mujeres de 14 a 50 años. Por lo general, su asesino es el marido, el novio, el amante o bien una ex pareja que no ha podido asumir la ruptura sentimental. 

El feminicidio es la violencia doméstica, pero llevada al extremo. Es por eso que siempre se hace hincapié en frenar la violencia contra la mujer, ante el primer golpe. 
Es ahí cuando se cumple el punto de inflexión hacia un abismo, que finalmente va a terminar separando a la pareja. Es la pérdida total del respeto que siente uno por el otro. A partir de allí, ya es un punto del cual no existe retorno. 
El feminicidio es una verdadera mancha que soporta toda sociedad y que la arrastra desde el mismo comienzo de la humanidad, sin embargo se evita hablar de ello. 
Eso es porque no se sabe como afrontar el problema, ya que se prefiere esconderlo bajo la alfombra que tomar el toro por los cuernos. Admitirlo sería soportar una pesada aberración sobre su espalda. 
Solo con las distintas campañas de concientización que han venido llevando desde la década de los años 60 del siglo pasado, distintas organizaciones no gubernamentales feministas, han logrado que las leyes que castigan el maltrato doméstico y el feminicidio tengan penas mucho más duras. 
La publicidad en todos los medios masivos de comunicación ha sido fundamental, pero por los últimos índices observados, parecería que esto no es suficiente. 
Por lo que también han iniciado programas de capacitación al personal policial, judicial y médico, para que sepan actuar correctamente, cuando les toque el momento preciso. 
Miles de charlas en distintos centros religiosos, sociales, gremiales y deportivos a fin que las mujeres conozcan sus derechos y denuncien cualquier acto de violencia. 
La ONU tiene registrado en sus estadísticas oficiales (2010), que la violencia hacia la mujer afectaba a una de cada tres mujeres en todo el mundo. 
Eso significaba que algo más de mil millones de mujeres fueron golpeadas, violadas o sometidas a abusos, al menos una vez en sus vidas. 
Casi siempre el abusador es un miembro de su familia o un conocido suyo. El 70 % de las mujeres, víctimas de asesinato, mueren a manos de sus cónyuges, amantes o ex pretendientes celosos y que no asumieron la ruptura de la fallida relación. 
Según los datos presentados en las comisarías de Paraguay, el perfil del agresor, en un 80%, es un hombre de 30-40 años, trabajador no calificado o sin empleo. 
El alcoholismo es el desencadenante en el 45 % de los casos, aunque en la mayoría de los casos no hay motivos justificados.
Los intentos de abandono son interpretados por el agresor como un fracaso personal o bien piensa que ella mantenía secretamente otra relación paralela. 
Cosa que por lo general es improbable solo que los celos y la misma inseguridad que tiene ese varón, hará que muchas veces actué con una violencia desmedida. 
Serios estudios hechos tanto en la Unión Europea como en USA señalan que el mal trato está en la personalidad del agresor y no en el comportamiento de la mujer. En la mayoría de los agresores se repite el mismo patrón de conducta con todas sus parejas. 
Finge al principio una recuperación, pero luego vuelve al maltrato tanto físico como psicológico. Muchas veces la locura del agresor llega a tal punto que después de asesinar a su pareja, este intentará inmediatamente el suicidio. 
En raras ocasiones los hombres se someten a una terapia psicológica para corregir tal situación. Y de hacerlo, su recuperación es baja, ya que no reconocen que su conducta sea mala, ni que tengan nada que cambiar. Ellos culpan a la mujer, como la responsable de tal situación. De nada sirve ningún tratamiento de este tipo, sino se admite la culpa. 
Nuestro país tiene una sociedad machista, donde los números no son distintos al resto de Sudamérica, y ellos nos dicen que en Paraguay, una mujer es asesinada cada día. Estas son cifras extraoficiales, ya que los entes estatales nunca tienen sus datos actualizados. 
Por lo tanto las cifras siempre son tomadas de ONGs y organismos internacionales como la ONU o la OEA. 
A pesar de tener las leyes más modernas y de avanzada sobre violencia sexual, debido a que fue el primero en Sudamérica, en establecerlo en 1998, reformando el Código Penal y tipificando el acoso sexual como un delito, los casos de muerte femenina van en incremento a razón de un 5% anual desde hace seis años. 
Un hecho interesante y digno de resaltar es la relación que tiene la víctima con su asesino. 
En el 32% de los casos de feminicidio, el agresor fue el marido y en un 15%, el ex marido. Si nos atenemos al tipo de muerte, nos encontramos que con 49% de las veces se usa arma de fuego y en un 28%, armas blancas. 
Han sido los movimientos feministas ayudadas por varias ONGs y distintas organizaciones mundiales y regionales, quienes en base a una férrea presión, hacia los gobiernos de todos los países, lograron cambiar la legislación, para proteger a la mujer y castigar más severamente al agresor. 
En la generalidad de los casos, lo que comienza con una simple bofetada, suele desembocar irremediablemente en la muerte de la víctima. 
Durante todo ese proceso la mujer puede sufrir todo tipo de mutilaciones sexuales, pasando por el reclutamiento forzado a la prostitución, sin descontar los abortos provocados por los golpes. A veces la mujer logra escaparse del agresor, cuando ya no soporta más la tortura de la convivencia. 
De tener hijos la pareja, estos serán permanentes rehenes del agresor, con el fin de retener a la madre a cualquier costo. 
Una sugerencia que les doy a mis amigas y alumnas es que cuando conozcan a alguien que les interese realmente, sería conveniente averiguar primero con quien se meten. Las mujeres se dejan llevar por el corazón y la soledad siempre es mala consejera. 
Por lo tanto averigüen de cual agujero ha salido “la maravilla” y si no las convence, déjenlo ir. Es mejor esto que derramar lágrimas por alguien que las va hacer sufrir, si es que no las mata antes.

LOS QUE ODIAN A LA VIDA

Según las estadísticas, este es un fenómeno mundial en franco aumento, que ni siquiera la misma ciencia ha podido develar, que induce a un ser humano a despojarse de todo sentido de supervivencia.

Para ser más concreto, en Paraguay, durante el año 2013, ocurrieron 369 suicidios, mientras en este año, hasta el mes de mayo, se habían registrado 140. Con estos números, la proyección hasta fin de año, superaría con creces al 2013. 

Muchos “expertos” en la materia aseguran con una certeza absoluta que el 90% de las personas que se suicidan, cuentan con algún tipo de trastorno mental, cosa que me opongo rotundamente. 
Esas mismas estadísticas, afirman que el 80 % de los involucrados son adolescentes entre los 14 y los 24 años. Por lo tanto esta desgracia recae directamente en los propios padres, debido a una total falta de comunicación con sus hijos. 
La adolescencia es un período sumamente delicado, dentro del desarrollo del ser humano. Es durante ese tiempo donde se moldea la futura personalidad. 
Es una época en la que se soporta mucho estrés ante los constantes cambios, en diferentes áreas de nuestro ser: cambios en el cuerpo, cambios en las ideas e inclusive cambios en los sentimientos. 
El contínuo e intenso estrés, la gran confusión, el insoportable miedo a fracasar y la incertidumbre de no saber como comportarse para ser aceptado, los angustia. 
Ellos, más que nadie, soportan la enorme presión por alcanzar el éxito, y la capacidad de pensar las cosas desde un nuevo punto de vista y eso los asusta. Ya que aún no tienen la capacidad para resolver problemas y tomar decisiones. 
Para algunos adolescentes, se producen cambios no previstos durante el desarrollo de este periodo, como el divorcio de sus padres, la muerte de alguno de ellos, la mudanza a una nueva comunidad, cambios de amistades, dificultad en la escuela o dificultad para comunicarse con otros jóvenes del otro sexo. 
Esto seguro que causa una gran perturbación y resultan, a sus ojos, como trágico, angustiantes e insalvables. 
A esa edad todos los problemas pueden verse magnificados, y les resulta demasiado violento o difícil de sobrellevar. 
Es por eso que, ante el menor cambio en la actitud de los hijos, los padres deban acercarse e invitarles, a un dialogo franco y sincero. 
Ya que de no tener el apoyo paterno, no es ilógico que algunos de ellos, piensen en el suicidio, como una posible solución a sus problemas. 
Son los padres quienes tienen la suficiente experiencia y deben acercarse a sus hijos y enterarse lo que acontece en sus vidas. 
Por eso uno es mayor y el otro es adolescente, lo que implica que el adulto ya ha pasado esos momentos difíciles y tiene la obligación de orientar y guiar a los jóvenes. 
Justamente es por eso que a ellos se les llama adolescente, porque adolecen o carecen de experiencia y madurez para enfrentar cualquier problemática. 
Por más ocupado que se encuentre, deje lo que está haciendo e interésese por las actividades de sus hijos, sepa quienes son sus amistades y sus gustos. De vez en cuando comparta algo que a ellos los entusiasme. 
Manténgase atento a cualquier cambio que modifique su comportamiento habitual. Como puede ser la falta de apetito o de sueño. Que se desinterese por todo lo que hace. 
No quiere ver a sus amigos o familiares. Se nota un creciente descuido en su higiene y aspecto personal. Toman riesgos innecesarios. Permanece recluido en su habitación mucho más de lo habitual. 
No se concentra fácil en sus estudios y es indiferente a los elogios. Nada ni nadie logra entusiasmarlo. Se lo nota constantemente deprimido y sus escritos hablan de muerte. 
Muchas veces los padres pasan por alto estos signos, ya que no lo toman en serio, entonces el joven, ante la desesperación por no ser escuchado, pasa al siguiente nivel. Es ahí que comienzan las amenazas de suicidio, que en realidad es un pedido de auxilio encubierto. 
Por ese motivo cuando todo joven exprese ese tipo de ideas, debe ser sometido a una pronta evaluación médica de inmediato. 
Y su tratamiento debe durar el tiempo suficiente hasta recuperar la estabilidad física y emocional. 
Cuando esto parezca insuficiente, entonces es necesario la ayuda y evaluación profesional de todo el grupo familiar, a fin de romper ese círculo vicioso y superar entre todos, este trance tan angustiante. 
Es en esos momentos cuando el joven más necesita de todo el amor y la comprensión de su entorno. 
Volver a interesarlo por tareas extracurriculares como el deporte, nuevos amigos, hacer un viaje, algún pasatiempo que le llame la atención. 
Pero todo esto sin llegar a consentirlo ni darle todos los gustos, solo porque se encuentra indefenso para afrontar ciertas actitudes. 
Según una definición académica clásica, el suicidio es el acto de quitarse la vida por propia decisión, sin ningún tipo de inducción o ayuda de otros. Esta práctica está ligada al ser humano desde el principio de la humanidad. 
Ya los mayas, veneraban a Ixtab, la diosa del suicidio, y, en el Lejano Oriente, los japoneses se hacían el “harakiri” que es el suicidio ritual, con el cual, creían que con esto, podían recuperar el honor, lavando la deshonra. 
La mayoría de las religiones lo consideran un verdadero pecado, y en casi todos los países del mundo, está considerado como un grave delito. Para considerarse suicidio, la muerte debe ser un elemento central y único motivo del acto. 
Por eso los hombres-bomba y los mártires no son considerados suicidas, dado que los primeros mueren por un ideal político y los otros se sacrifican en nombre de una creencia religiosa. 
Ahora bien, fuera de todo contexto religioso, ético o jurídico; la vida es el bien más preciado que nuestros padres nos han dado, y está en nosotros cuidarla lo mejor que podamos. Es evidente que no todo en la vida es color de rosa, ni las cosas se resuelven como nosotros queremos. 
Porque siempre tendremos en nuestro camino, obstáculos a vencer y justamente triunfar ante estos desafíos son los que permiten que nuestro espíritu pueda templarse. 
Cuando pensemos que estamos en un callejón sin salida y no veamos la solución, siempre habrá cerca de uno, una voz amiga que nos aclare el panorama y por sobre todo nos reconforte y permita distinguir nuevas opciones, ya que el suicidio, definitivamente no es una de ellas.

LOS VERDADEROS SUPERHÉROES NO TIENEN CAPA

Cuando yo era un niño, y de eso hace mucho, mucho tiempo, el 80 % de los chicos de mi edad queríamos ser bomberos. No sabría hoy como explicarlo, pero veíamos en ellos un coraje, un poder de decisión y un gran espíritu de servicio que no solo nos conmovía, si no que hasta queríamos imitarlo. 

Tener un amigo bombero no solo era lo máximo, también llegaba a despertar la envidia de los otros niños del barrio. 

Tiempo después los he admirado en el cine, en grandes producciones como la recordada “Towering Inferno” (1974) o “Infierno en la torre” en castellano, protagonizada por los recordados Paul Newman y Steve McQueen. 
También en la conmovedora película llamada “Frecuency” (2000) o “Desafío al tiempo” con un reparto encabezado por Dennis Quaid y James Caviezel, donde un hijo recuerda las hazañas del capitán de bomberos “Frank Sullivan” y es un film al que recomiendo ver. 
Más recientemente se puede ver, en la pantalla chica, una reciente serie de televisión llamada “Chicago Fire” y en donde muestra con verdadera crudeza, la difícil vida que llevan los bomberos en su día a día. 
Ahora bien, aunque ha pasado bastante tiempo, desde mi niñez, nunca deje de admirar su muy loable tarea, donde ese sentimiento por ayudar al semejante es tan fuerte, que incluso llegan a poner en riesgo, hasta su propia vida. 
Como en el caso vivido en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, con la tragedia de las Torres Gemelas. Allí perdieron infortunadamente la vida 343 bomberos, siendo esta desgracia la mayor catástrofe que involucre a tanta cantidad de servidores público. 
Por tal motivo, muchos cuerpos de bomberos de todo el mundo, se han solidarizado con ellos, haciendo un minuto de silencio, en cada aniversario. 
Estuve revisando un poco sobre la historia y me sorprendió enterarme que los primeros en organizarse contra los incendios fueron los romanos. 
Se sabe que el arqueólogo alemán Bernardo Paeffgen descubrió, en una excavación, lo que le pareció ser una bomba de agua de alrededor de 1700 años de antigüedad. 
Encontrándose cerca de esta un caño, algo que semejaba ser el “abuelito” de todas las mangueras. 
Ahora bien, en nuestra ciudad, el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Ciudad del Este fue fundado el 4 de octubre de 1993, con lo que muy pronto estaría cumpliendo 21 largos años de benéfica ayuda a la comunidad esteña. 
Si bien en un principio el significado de bombero era la persona encargada de apagar un incendio, con el tiempo, las mismas exigencias de este trabajo fueron ampliando sus requerimientos. 
Hoy en día, los bomberos se dedican a la atención de una gran variedad de emergencias, muy especialmente con aquellas relacionadas con los “accidentes” de tránsito. 
Y he remarcado con comillas la palabra accidente, ya que la mayoría de estos involucra a conductores ebrios o los que hacen gala de su pericia con las altas velocidad, terminando por lo general estampados contra un poste de energía eléctrica. 
Con lo que se desvirtúa el concepto de accidente para transformarse en un simple suicidio. 
No son muchos los países donde una profesión tan arriesgada como la actividad que despliegan los bomberos es voluntaria y sin ninguna remuneración. Tanto en Europa, Japón y EEUU son rentados y constantemente reciben cursos de capacitación sobre las últimas técnicas tanto en el combate al fuego como en el auxilio a los eventuales accidentados. 
En el caso específico de los bomberos norteamericanos, sus sueldos rondan los 36 mil dólares anuales, que es prácticamente nada para allá.
Sin embargo, ellos están agremiados a un sindicato muy fuerte que les otorga crédito para la compra de sus casas, seguro de salud y de vida, vacaciones pagas, asesoramiento jurídico gratuito ante cualquier eventual demanda y un sinfín de beneficios adicionales. 
Eso le da cierto tipo de tranquilidad para concentrarse en lo que realmente están haciendo. Cosa que aquí aún estamos demasiado lejos de lograr, pero no imposible. 
Nuestros bomberos de Ciudad del Este cuentan con una insuficiente infraestructura como para abastecer a una creciente población de casi 400 mil personas. 
Es por eso que la actual base le ha quedado bastante chica y necesita urgentemente mudarse un lugar mucho más amplio y funcional que el que hoy cuentan. 
Y aunque pocos lo crean, nuestra ciudad no cuenta con bocas de incendio y mucho menos una red que las abastezca con una correcta presión, con lo cual dificulta bastante su trabajo, especialmente cuando los siniestros toman cierta envergadura. 
Es necesario revalorizar toda la actividad de los Bomberos Voluntarios del Paraguay, incluyendo puntualmente a los hombres y mujeres de nuestra ciudad que tienen que paliar todas las carencias que sufre la institución, quizás por culpa de las autoridades comunales que no los apoya. 
No olvidarse que Ciudad del Este es la segunda población en importancia del país y que recauda 50 millones de dólares anualmente, por lo que su pobreza franciscana no tiene ningún justificativo. 
En el cuartel se sobrevive con las famosas “vaquitas”, que es un pequeño aporte entre los voluntarios para materializar los almuerzos y las cenas. Las compras son hechas una vez por semana ya que si fuera diaria no alcanzaría para comprar ni una zanahoria. 
Hablamos de unos míseros 70 dólares repartidos en alimentos, diversos elementos de limpieza para el cuartel, y desinfección de las ambulancias. Los guantes de látex y tapabocas si bien son baratos, se usan en grandes cantidades. 
Este dinero proviene de los socios y mecenas que siempre están dispuestos a colaborar con nuestra amigos bomberos y que aportan realmente monedas, pero sin estos níqueles la situación sería realmente desesperante. 
Dos días en el año son muy importantes para incrementar la recaudación de los “apagafuegos”: la fiesta de San Juan en junio y la colecta nacional en los primeros días de octubre. 
Gente que ayuda a la gente no debería vivir rodeada de la indiferencia de aquellos que piensan que jamás usará de sus servicios. Cuando pueda, acérquese al cuartel más cercano de su casa y pregunte en que los puede ayudar. Puede ser que su suerte mejore ostensiblemente.