¿SEREMOS TAN BRUTOS?

¿Por qué será que la totalidad de los países subdesarrollados, el índice de analfabetos es muy alto y que generalmente gozan de regímenes “ñembo” totalitarios?

Esta es una pregunta demasiado sencilla de responder. Lo que sucede es que para los países subdesarrollados, la educación es solamente un gasto y en los países desarrollados, lo toman como una inversión a corto y mediano plazo.

En los países subdesarrollados, como el nuestro, lo que existe no es la pobreza económica, porque los recursos y las materias primas están allí, solo hay que sacarlas o bien trabajarlas, dependiendo del caso. La pobreza en los países del Tercer Mundo radica en que no existe o se carece totalmente de dirigencia. Y esto ocurre debido a que la educación no es priorizada como debería.

Se podrían citar muchos casos, pero siempre es mejor tomar los que están aquí, en casa. La mayoría del mando medio que existen en este país, es personal extranjero. Eso se debe a que las escuelas, colegios y universidades no las contemplan en sus planes de estudio y por lo tanto es como si eso simplemente no existiera.

Es por eso que el dueño de un comercio no se anima a delegar, porque sabe que jamás sus órdenes y su filosofía de trabajo no serán seguidas como él la desea.

Lo mismo ocurre con las vendedoras del micro centro de Ciudad del Este, que la mayoría son brasileras. Pero hay un motivo para ello. Por desgracia nuestras jovencitas son medias brutas para atender y en vez de preguntarte que necesitas, o en que te pueden ayudar, te dicen a quemarropa en cuanto te acercás a la vidriera: ¿Qué querés?

Ni siquiera los mismos dueños de comercios o los sindicatos se preocupan por subvencionarles cursos de capacitación a sus empleados. No existen lugares donde se enseñe a dirigir a los subalternos con orden y criterio. Todo es a lo bruto, a lo bestia y la gente que no sabe queda impedida de perfeccionarse por más deseos que se tenga.

Eso si tenemos en cuenta que nuestra gente es demasiado conformista y eso es otra de las cosas que están asesinando a este país. No le gusta leer y cree que es mejor estar chateando estupideces con cualquier “arriero chalay” que invertir ese mismo tiempo en su futuro. Mientras tengamos la desgracia de soportar gobiernos que no sepan el verdadero valor de la educación, seguiremos siendo el furgón de cola.

Mientras tengamos mandatarios mediocres que deriven los fondos reservados para la educación hacia oscuros propósitos a espaldas del pueblo, seguiremos en la oscuridad total a pesar de contar con Itaipú y Yacyretá.

Mientras no se encaren planes de alfabetización y no me refiero a saber sumar, restar, leer alguna cosa y saber firmar. Me refiero a darle nociones más profundas que lo saquen definitivamente de su pequeño mundillo, alejado de la civilización en la cual se desenvuelve.

De lo contrario Paraguay seguirá tristemente por la misma senda, mirando como nuestros vecinos despegan y nosotros seguiremos chupándonos el dedo como imbéciles. Como todo lo antedicho es demasiado estresante, pero real; deseo que terminemos este comentario con algo risueño para que no se amarguen el resto del día.

Cuentan las malas lenguas, que había un hombre llamado Gumersindo, que era muy bruto el pobre, ya que una vez le dijo al dueño de la estancia donde trabajaba:
…Fíjese patroncito que juimos al dotor y le dije: mire dotor, es que tenemos un problema: mi mujer y yo queremos tener condescendencia y no podemos, pero no sabemos si es porque yo soy omnipotente o mi mujer es esmeril.
…Desdiantes juimos a otro dotor y nos dijo que mi mujer tenía la vajilla rota y la emperatriz subida, y como ademá la operaron de la basílica, no sabemos si eso tiene algo que ver.
A mi desdiace años mi operaron de la protesta y a lo mejor eso me dejó escuelas en el cuerpo…

…Nos dijeron que juéramos con otro dotor, pero en la capital, que dizque era muy güeno. Con dicirle que en la consulta tenía dos teles conetadas a una antena paranoica.

…En esa consulta, a mi mujer le hicieron una coreografía y el dotor nos dijo que no veía nada raro y nos recomendó que hiciéramos el cojito a diario…
…Entonces por 15 días ella y 15 días yo, nos estuvimos haciendo los rencos, pero nada…
…Nos juimos a otro dotor que nos dijo que hiciéramos vida marítima más seguido. Y nos juimos pallá pa la costa y en todas las playas hicimos vida marítima, pero nada, eso no ha injluido…
…Mas bien yo lo que creo es que mi mujer es frigorífica, porque nunca llega al orégano, pero ella dice quesque lo que yo tengo es un problema de especulación atroz, pero un compadre me dijo que ella puede ser libiana…
…Usté qué piensa patroncito???
Y el patrón le respondió, tras pensar unos instantes: don Gumer, yo creo que tu mujer te está engañando…. Ella debe estar tomando pastillas anticorrosivas….

LOS PEQUEÑOS DELITOS

Nadie sabe cuando comenzó y casi sin darnos cuenta terminó por socavar los cimientos mismos de nuestra sociedad. De los pequeños hurtos al tendal de ropa, hasta los secuestros más sangrientos y repulsivos existe un gran paso. Para que esto sucediera se tuvo que recorrer un largo camino en donde la misma sociedad, de una manera u otra, los consintió. 

 

Al reinar en nuestro país la impunidad, viejo mal que nos ataca desde la misma instalación de la colonia, y que ha sido ayudado casi siempre con el pésimo desempeño de policías, auxiliares fiscales, fiscales, abogados y jueces, quienes interpretando a la ley, cada uno a su manera, han terminado por convertir a la justicia paraguaya en cualquier cosa menos en justicia.

 

Sería interesante comenzar a perseguir a los pequeños delincuentes como los que se llevan cosas sin  pagar de algún negocio, a los que están en estado de ebriedad, a los que orinan en público, a los que tiran basura en la vereda o en el primer terreno baldío que encuentren, a los que pasan frente a una comisaría, con una actitud desafiante, con el equipo de sonido a todo volumen, a los que destruyen bienes públicos de plazas o parques.

 

Existe una razón de peso para que esto se lleve adelante. Si se comete una transgresión, por pequeña que sea y se deja sin la punición correspondiente, siempre habrá imitadores. Si alguien entra en un supermercado y roba un caramelo y las personas que observan esta escena notan que el individuo se sale con la suya; pensaran “¿y por qué yo no”?. Entonces la imitación será inminente amparada siempre por la impunidad reinante.

 

No hay cosa que duela más que pegarle al bolsillo del contribuyente con pesadas multas. De no tener dinero suficiente, horas donadas en servicios comunitarios. Si un motociclista no lleva casco, ni chapa, ni papeles y se encuentra transportando a 4 personas, es difícil que se lo pueda atrapar si es que conduce por caminos alternativos.

 

A cada trasgresión una multa desproporcionada, que duela mucho, pero que también el ciudadano común sepa que ya no quedará impune su “avivada”, que ningún amigote se atreverá a salvarlo porque puede también quedar “pegado”. Si se ataca a los pequeños delitos, jamás se llegarán a los grandes. ¿Qué no es fácil?, claro que no lo es, al contrario es dificilísimo el combate a la impunidad pero tomemos el ejemplo de los taiwaneses.