LAS MAMAS QUE NO TIENEN INFANCIA

El embarazo preadolescente es algo tan antiguo como la humanidad misma, ya que existe testimonios en todas las culturas y civilizaciones. Incluso en La Biblia se citan algunos hechos de este tipo. 

El tema es que, en este punto existe una clara diferencia entre los animales y los seres humanos racionales. Y eso sin tener en cuenta los cuestionamientos éticos, religiosos, morales o jurídicos. 
El continente que tiene actualmente la tasa de embarazos de preadolescentes más alta es África, siguiéndole a no mucha distancia por Latinoamérica, siendo Nicaragua, Honduras, Guatemala, Venezuela, República Dominicana y Ecuador, quienes ostentan los índices más altos de la región. 
Estamos hablando de madres comprendidas entre los 9 y 15 años de edad. 
Son muchas las causas a las que se le puede atribuir a este fenómeno cada vez más frecuente en los medios de comunicación y hospitales. 
Una de ellas es el poco diálogo que existe entre padres e hijos, ya que los primeros se niegan a suministrarles información sexual por considerarlo tabú o bien el tema los intimida. Otro punto negativo son las malas compañías que los niños pueden frecuentar y que los padres no lo saben o no les interesa. 
Pero la verdadera causa del embarazo preadolescente es la violencia sexual, demostrándose que el 55 % de aquellos tienen su origen en las violaciones. Lo más preocupante del caso es que muchas de las menores de edad son ultrajadas por sus familiares más cercanos. 
En 2012, del total de mujeres sudamericanas que fueron víctimas de violaciones, un 75% fueron niñas y adolescentes menores de 20 años y un 16% de menores de 12 años. 
Otro de los grandes problemas que más preocupa, es por supuesto, la alta mortalidad de las mujeres menores de edad gestantes, a pesar que el 97 % de todos los partos son realizados en hospitales del Estado. 
Todos los datos que aquí se registran, fueron provistos por entidades responsables como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). 
Las mujeres paraguayas comienzan su etapa sexual a una edad bien temprana: el 10,2% de las adolescentes entre 15 y 19 años y el 45,5 por ciento de las jóvenes de 20 a 24 años ya han tenido al menos un embarazo. 
Paraguay registra una tasa muy alta de fecundidad adolescente, con 68 nacimientos por cada 1.000 mujeres, según datos de 2012. 
Hay que hacer la salvedad, que la principal causa de muerte de jovencitas entre 10 y 20 años, según datos fidedignos, es el suicidio. 
Y ello se debería fundamentalmente a que a esa edad, las jóvenes no tienen una personalidad definida, ya que es el período más delicado de sus vidas, porque es la etapa de aprendizaje y formación del carácter. Mucho tiene que ver en esto, la toma de los modelos en los que ellas desean reflejarse. 
Según la doctora Norah Monteiro asesora de UNFRA, “La edad de la menarquía (primera menstruación) en Paraguay es alrededor de los 12 años y la madurez del sistema reproductor no se da hasta, por lo menos, dos o tres años después”, indicó la experta. 
Esto nos indica claramente que el cuerpo de la jovencita puede engendrar mucho antes, que estar preparada mentalmente. Ese desfasaje hace que la niña se angustie y actúe por instinto y no por razonamiento. 
La doctora puertorriqueña Monteiro asegura que “aunque no se hayan iniciado las reglas periódicas, la niña tiene óvulos en los ovarios desde que nace y que cuando el sistema empiece a funcionar cíclicamente, irán madurando. 
Es posible que haya tenido una ovulación que coincida con el coito fecundante”, explicó la médica, agregando que puede tratarse de “un caso excepcional”, de una patología llamada pubertad precoz. 
“Para que una mujer quede embarazada, su sistema reproductivo tiene que estar maduro. A los 10 años, hay muy pocas niñas que tengan la regla y las que la tienen, es porque han desarrollado una pubertad precoz”, terminó diciendo la asesora. 
Existe un gran peligro a esa edad, pero no sólo desde la función fisiológica sino en la faz psicológica. Ya que puede generar algunas secuelas muy difíciles de revertir. 
Es entendible que a esa edad, canjear a las muñecas por un bebé de carne y hueso con toda la responsabilidad que eso conlleva, es evidente que tiene que producir grandes desajustes hormonales y mentales. 
Tampoco se ha completado el desarrollo ni muscular ni óseo y la gravidez a esa edad, generalmente determina la interrupción del crecimiento de la niña. También muchas veces pueden desencadenar problemas de hipertensión y diabetes. 
El riesgo del embarazo adolescente se vuelve peligroso cuando a las niñas se les niega información y el acceso a programas sociales para entender las consecuencias del sexo sin protección y el poder de decir no. 
Es más fácil repartirles anticonceptivos a escondidas mientras el problema es barrido bajo la alfombra. Porque las estadísticas elevadas en este aspecto dan a entender lo poco que al gobierno local le importa su gente. 
Para enfrentar este gravísimo problema, no puede ser encarado de manera unilateral. Porque si los padres no asumen un verdadero compromiso con sus hijos, incluyendo conocer todas sus amistades y mantener con ellas un diálogo suficientemente fluido, seguro que continuaran existiendo una gran cantidad de preadolescentes que se vuelvan madres de un día para otro y sin desearlo. 
Por otra parte, si el Gobierno no desarrolla una política de Estado que contemple urgentes líneas de capacitación, alimentación y trabajo, para los padres, no se podrá cortar la vigencia de este destructivo círculo vicioso. 
También es muy necesario que el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), desarrolle un programa laico de Educación Sexual pero adecuado, por supuesto, a la edad del escolar en cuestión. 
Sin embargo la realidad nos dirá que esta pandemia jamás se terminará, pero si se reduce a la mínima expresión, evitaremos muchas niñas estériles o con problemas psicológicos serios, cuando no muertas por complicaciones, en la mesa de operación. 
No permitamos que las niñas sean mamás antes de tiempo y pierdan para siempre su derecho a tener una infancia como los demás niños. 

Halloween noche de brujas, de pecadores, de hypócritas y de gente buena

Me dijeron, pero no me consta…

Asunción del Paraguay

En la homilia del pasado domingo 27 de octubre del 2013, un ministro de Dios (d’après lui), tiró sapos y culebras contra la gente que festeja Halloween.

Entre otras cosas, se dijo que esa fiesta era en honor al Diablo. Que Halloween no es para los cristianos; que  los hijos de Dios no tienen que festejar Halloween.

Yo provengo de una familia cristiana. Ojo, tampoco me creo mas papista que el Papa.

En fin, la oración esta siempre presente en mi hogar, la mayoria de las veces en voz baja, rezando para uno mismo y para Dios, no para que escuche el vecino.

Mis hijas, en la medida de lo posible siguen las costumbres religiosas catolicas  por el momento y hasta aviso contrario.

Lo preocupante en este caso es que yo me siento ofendido por este sacerdote. Sus palabras no reflejan la realidad, no se ajusta a la verdad.  En mi familia festejamos Halloween, pero sin ningun rito satanico.

No conozco como sera en otros lugares, pero en mi barrio el festejo de Halloween fue mas que nada una fiesta de disfraces, donde los jovenes y no tan jovenes salen disfrazados a recorrer el barrio, golpeando las puertas de las casas donde se festeja Halloween, recibiendo golosinas, cereales, galletitas, entre otras cosas, es mas, una empresa de productos lacteos  repartió leche en carton a los niños.

Otro gran detalle del festejo, la escuela de mis hijas entregó a cada alumn@ una alcancia debidamente identificada con el nombre y numero de escuela,  los niños pedian colaboración de monedas y habria que retornar la alcancia al dia siguiente. Todo el dinero recaudado fue donado a un hospital materno infantil para una campaña de lucha contra el cancer infantil.

En fin, tenemos golosinas hasta fin de año, pero fue un festejo sano en familia y vecinos, mis hijas salieron a recorrer acompañadas de sus compañeras de clase, y estas a su vez acompañad@s de sus respectivos padres o abuelos.

El festejo de Halloween no le perjudicó a nadie en mi barrio, es mas colaboró para una causa muy noble y yo me siento orgulloso por eso.

Para qué vamos a irnos lejos me diran algunos, en Paraguay se llevó a cabo el Monster Walk Asunción Oguata pôra, una marcha de Halloween con el fin de recaudar donaciones para los hermanos del Chaco paraguayo.

También en Paraguay, el festejo de Halloween sirvió para una causa muy noble.

En esta era de las comunicaciones es facil acusar y ofender al prójimo gratuitamente, sobre todo apretando compartir en facebook, sin antes analizar detenidamente si el contenido es correcto.

Como diria mi amigo Rejean : Ves tantas peliculas, que tu mente ya no distingue la realidad de la ficción

Oguata pôra

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Luis XVI y nuestros congresistas

Enrique Vargas Peña (foto de Wikipedia.org)

Jacques Necker era un banquero partidario de lo que hoy llamaríamos el “Estado Corporativo” (defendía las propuestas económicas de Jean Baptiste Colbert, antiguo ministro de Luis XIV). Fue ministro de Hacienda del rey Luis XVI, quien gobernaba desde 1774 a una Francia en quiebra.

En 1787, el antecesor de Necker en el cargo, Charles Alexandre de Calonne, propuso para superar la crisis una reforma fiscal por la que los impuestos, que eran pagados solamente por los habitantes comunes de Francia, se extiendan también a los integrantes de la Corte y de la Iglesia Católica.

La Corte, la “nobleza”, era el conjunto de personas que se beneficiaba con prebendas formalizadas por Luis XIV después de 1661, que le permitían vivir del presupuesto público. Estaba integrada por funcionarios, antiguos funcionarios y sus familiares. Disfrutaban de lo que hoy llamaríamos “pensiones graciables” para sufragar sus gastos y dispendios, que consumían enteramente el presupuesto y habían generado la crisis.

Esta Corte se opuso a la reforma propuesta por Calonne, y no la permitió.

Necker fue de los que recomendó al rey descomprimir la explosiva situación con la convocatoria de los “Estados Generales” (una especie de Congreso tricameral de Francia con poder de recomendar impuestos, que no debe confundirse con el “Parlamento” que eran los tribunales de justicia).

Los Estados Generales tenían tres “cámaras”: La de la nobleza (que sería equivalente a un Senado, semejante a la Cámara de los Lores en Inglaterra constituían el “Primer Estado; el “Tercer Estado”, que sería equivalente a una cámara de diputados semejante a la Cámara de los Comunes inglesa y el “clero”, donde la Iglesia Católica tenía voz, voto y veto.

Calibrando el peligro de la situación, Necker recomendó al rey que los Estados Generales se constituyan en una sola cámara donde cada miembro tuviera un voto, tal y como pidieron el 20 de junio de 1789 los diputados elegidos para integrar el “Tercer Estado” en las elecciones convocadas el 24 de enero.

El rey, aconsejado por la Corte, rechazó el consejo y echó a Necker del gobierno el 11 de julio con la excusa de que no había asistido al discurso real ante los Estados Generales. Pero Necker era, a los ojos de una mayoría de los diputados, la última esperanza de razonabilidad en la Corte.

Su despido decidió al pueblo a tomar la Bastilla, el 14 de julio, y a iniciar la Revolución Francesa que puso fin a los escandalosos privilegios de la Corte.

Aquí en nuestro Paraguay, con el fin de prevenir la reaparición de la dictadura, los constituyentes de 1992 convirtieron al Congreso en el primer poder del Estado, dotándolo las prerrogativas necesarias para que la representación del pueblo sea la que efectivamente controle el gobierno. Como debe ser.

Pero se erró al establecer el sistema de listas sábana (representación proporcional) en el Artículo 118 de nuestra Constitución y, por tanto, el Congreso, perfectamente diseñado, es integrado no por representantes directos del pueblo sino por personas designadas por los caciques políticos.

No elegimos directamente a nuestros representantes. Los caciques políticos designan ellos, por sí y ante sí, a los integrantes de unas listas que nos limitan a aprobar después en una votación a dos vueltas (las internas y las nacionales).

Luego, dimos enorme poder a personas que no nos representan en forma directa y que no reciben directamente de nosotros su mandato, sino que el mandato originario lo reciben de sus caciques.

No sólo eso. Durante el tiempo en que están en funciones, carecemos de instrumentos institucionales para controlarlos. No tenemos elecciones de medio término; no tenemos revocatoria de mandato; ni siquiera tenemos reglamentación adecuada del Artículo 201 de nuestra Constitución que penaliza el tráfico de influencias y lo castiga con la pérdida de investidura. En síntesis, tienen un poder sin control.

El poder corrompe por naturaleza (Carta de Lord Acton al obispo Mandell Creighton del 5 de abril de 1887): Los miembros de nuestro Congreso usan su poder no para servir al pueblo, sino para montar privilegios para ellos.

Las listas de funcionarios públicos que se están dando a conocer no dejan dudas: Los políticos usan su enorme e incontrolado poder para beneficiar a sus familias, a sus amigos, a sus amantes y a sus operadores. El funcionariado paraguayo está integrado, en más del noventa por ciento (90%), por familiares, amigos, amantes y operadores de los miembros del Congreso.

Se prueba porque desde que entró en vigencia la ley 1626/00, más de ciento cincuenta mil personas ingresaron a la función pública violándola.

Los miembros del Congreso, en vez de representar al pueblo, le hacen pagar impuestos para financiar con ellos los salarios de sus recomendados (). Contribuimos para solventar privilegios de políticos.

La falta de dinero para prestar los servicios para cuya realización contribuimos evidencia la manera en que los políticos malgastan las contribuciones del pueblo, demasiados miembros del Congreso se oponen a reformar el sistema político y a que se castiguen los casos más aberrantes: Prefieren destruir el diseño institucional del Congreso, dando plenos poderes al presidente.

Están en la misma posición que tomó la Corte de Luis XVI ante las recomendaciones de Necker. Se colocaron en el 11 de julio de 1789.

 

Artículo publicado en la edición del domingo 3 de noviembre de 2013 de La Nación ().