LA VENDEDORA DE HUMO

Los lectores que siguen mis comentarios, ya saben que soy un escritor y no un periodista, a pesar que paseo por la mayoría de las redacciones de Alto Paraná y alguna que otra radio. 

Sin embargo es tanta mi sed de conocimiento, que aprendí, al menos, los rudimentos de esta profesión. Pero no porque sea inteligente, si no por estar rodeado de verdaderos y excelentes profesionales. 
No aprender algo con ellos, es ser una bestia peluda. Todos tienen bajo perfil, y eso me impide revelar sus nombres. Otros, en cambio, de periodista solo tienen el cartel de prensa en sus autos. Aprendí, que no se debe decir o escribir algo o de alguien, sin pruebas concretas en la mano. Si no, se cae en una vulgar mentira. Todo se debe confirmar antes de darlo a conocer. Hacer lo contrario es difamar o calumniar a quien probablemente no lo merece. 

Pero independientemente de esto, que es grave, debemos pensar si tenemos la suficiente catadura moral para hablar de otros, sin mirarnos en el espejo. Es como que el muerto se riera del degollado. Ridículo, pero sucede a menudo, como el caso que ahora les voy a relatar. 
Hace un tiempo atrás, leí la versión digital, de un diario de circulación nacional, las declaraciones de la Ministra de Turismo, Liz Cramer. Ella dijo, en una reunión de prensa, que un ex gobernador de Alto Paraná, era el responsable directo del posible derrumbe de las instalaciones en el Hito Tres Fronteras, construidas durante su gestión, en el año 2003. 

Sus afirmaciones me parecieron tan osadas y categóricas, que me sonaron ofensivas, viniendo de una persona que puede conocer algo de turismo, pero dudo mucho que tenga las mínimas nociones sobre ingeniería civil o ingeniería ambiental, para enunciar lo que atrevidamente expuso. 
Ella denunció públicamente que dicha obra se hizo sin licitación pública, ni estudio de suelos ni de impacto ambiental; con material de mala calidad y graves deficiencias en su construcción. Por empezar ella no conoce a la persona de la cual hace referencia y ni de la zona en cuestión. 
Todo lo aseverado por la Ministra de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), tiene una relativa validez, ya que la obra fue terminada hace 7 años y entregada a la comuna de Pte Franco, el día de su inauguración, para la explotación, ampliación y mantenimiento de todas las instalaciones. 

Desde esa fecha hasta hoy, ni el municipio en donde está asentada la obra, ni los funcionarios departamentales encargados del tema, ni los organismos nacionales pertinentes, se ocuparon de ese vital polo de atracción recreativa. 

Aquel cuestionado gobernador, solo entregó un módulo que tendría que haber sido ampliado y mantenido. Pero la desidia estatal permitió que esa zona se convirtiera, de la noche a la mañana, en sinónimo de refugio y “aguantadero” de asaltantes, contrabandistas y traficantes de drogas. 

A pesar que soy una persona casi tranquila, me saca de quicio cualquier estupidez que roce mínimamente la injusticia o la estupidez humana. Por lo que uniendo los puntos antes mencionados; de hablar de una persona que no se conoce, opinar sobre una profesión que nada sabe y encima tirar afirmaciones ofensivas si verificarlas. 
Por lo que me entró una urticante curiosidad por saber realmente quien es Liz Cramer y que es lo que ha hecho de positivo durante su permanencia en la gestión para la cual se le ha confiado. Entonces hablé con un par de colegas y traté de reconstruir sus pasos desde el comienzo de su gestión con Nicanor Duarte Frutos. 
Desde el principio, tomó al Plan Nacional de Turismo como su caballito de batalla y empezó a difundirlo a diestra y siniestra e intentando convencer a quien la oyera, que ella se encargaría de impulsar el ingreso de turistas al Paraguay e incrementar los ingresos por turismo. Y tuvo mucha suerte con su brillante idea. 
Su máquina de humo comenzó a darle buenos resultados. Viajó como nunca antes lo hizo. Comió, se vistió, se maquilló, se alojó, y fue tratada con los máximos honores. Sacándole bien el jugo a su investidura. Por lo que su vida se transformó en el de una “ñembo” reina. Siempre al llegar a Ciudad del Este se refugia en el mejor hotel de la zona y allí recibe a los operadores turísticos. Pero no recorre las calles y ni se aventura más allá del microcentro. 
Ella nunca ha visto que a la entrada del Puente de la Amistad hay un rancherío que demuestra miseria y eso es lo último que un turista desea ver. No ha visto los copetines que cocinan a cielo abierto y con agua que nadie sabe de donde ha salido. Basura por todos lados. Sin sanitarios para atender los lógicos apuros. 

No hay lugares típicos, en el microcentro, que muestren nuestra cultura. No hay capacidad hotelera y sus servicios dejan mucho que desear. A nuestros ómnibus es mejor esconderlos, para no pasar “pelada”. 

Los lugares más hermosos del país, no tienen infraestructura. Bertoni se cae a pedazos, los parques nacionales han sido parcialmente talados. De las Ruinas Jesuíticas mejor me callo. Eso la ministra no ve. Pero que los turistas, que recorren el mundo, sí se dan cuenta. Nuestra gente aún no tiene conciencia turística ni está capacitada para el turismo receptivo. 
Un balance de su gestión como ministra, concluye que: ha hecho muchos discursos, ha prometido demasiado y ordenado estudios de planes turísticos que jamás implementó. Es decir, domina las técnicas de la dialéctica y la oratoria, pero aún no ha conseguido atraer una sola inversión extranjera y ni un mísero turista a nuestro país. 

A Paraguay le ha costado su gestión, entre 3 a 5 millones de dólares. Viajes, asesoramientos, gastos de representación, imagen, hospedajes, comitivas, etc. El que la escucha queda encantado con los sueños que vende, pero la realidad demuestra que es una de las tantas funcionarias “kamanduleras”, que tiene que ensuciar a alguien como para justificar el puesto que ocupa y el enorme salario que recibe cada 30 días. 
Sería mejor que cumpliera con la labor designada; y que se arremangase y deje de producir y vender esa enorme cantidad de humo, que solo ella sabe cómo hacer.

EL GÉNERO FEMENINO

Todas las palabras fueron creadas, en su momento, por concepto. O sea la idea que concibe o forma nuestro entendimiento. Una vez captado, este queda grabado en la mente, para luego ser usado cuando se lo requiera. Tanto conceptos como palabras son hechos por convención. Es decir, toda norma o práctica admitida tácitamente, que responde a precedentes o costumbres. 

Entonces, para clarificar un poco, se puede decir que todo concepto es fijo y la palabra es determinada por toda la gente que se ponga de acuerdo en llamar una cosa así y no de otra manera. Para entender esto mucho mejor usaré a la palabra bombacha. Con esta palabra se denomina a la prenda interior femenina, llamada así en Argentina, Uruguay y Paraguay; en Bolivia, Chile y Perú indistintamente trusa o calzón. 
En Colombia y México se estila pantaletas o panties. En Cuba y Costa Rica, se usa blúmer (derivado del inglés bloomer). Mientras en España y varios países latinoamericanos, es la costumbre llamarle bragas. Con esto se demuestra que un objeto o cosa se puede llamar de distintas maneras, aunque conceptualmente estemos hablando de la misma entidad y en el mismo idioma. 
Estos no son sinónimos, si no regionalismos y son el reflejo del habla popular, en cada uno de los pueblos. Es decir que en un diccionario figurarán todas las acepciones, constando el país donde se lo hable. Eso lo determina anualmente la Real Academia de la Lengua Castellana junto con las 21 filiales latinoamericanas y Filipinas. 
Ahora bien, esta entidad es la encargada de velar, si no por el purismo, al menos para que las reglas básicas que rigen a la gramática y ortografía, sean observadas y respetadas. Sin embargo, no siempre este ente mantiene la coherencia en sus fallos y dictámenes. Ya que en numerosas oportunidades, se ha descolgado con verdaderas bestialidades que hacen pensar en una senilidad aguda y terminal de sus miembros. Tomemos un ejemplo al azar. 
La palabra concientización usada desde siempre en el Río de la Plata, Paraguay, Bolivia y Chile, ha sido reemplazada por el vocablo “concienciación” muy usada por los chicanos o hijos de mexicanos residentes en EEUU, portorriqueños, y centroamericanos continentales. Dicha palabra proviene de blanquear a un término en “spanglish” que es la jerga hablada por esta misma gente. 
Lo triste del caso es que este ente lo borra literalmente de su diccionario, sin aclarar que ninguna reemplaza a la otra, si no que se suma al idioma como un regionalismo y que los del sur digan concientizar sin dramas y los del norte, concienciar cuando lo crean conveniente. Eso es coherencia y también una manera de enriquecer el idioma. Blanqueando jergas vulgares lo único que se logra es bastardear el lenguaje en vez de depurarlo. 
Se han incorporado nuevas palabras, desde las invasiones árabes a España, amén de las miles de voces americanas, luego de la conquista del Nuevo Mundo. Pero siempre fue en base a elementos nuevos y desconocidos. Sin embargo, la Real Academia blanquea palabras que son barbarismos regionales, como balacera, factoría y aparcamiento, pretendiendo que sean sinónimos de tiroteo, fábrica y estacionamiento, cuando esto no es así. 
Cuando hablábamos de concepto, dijimos que ellos son inalterables, como también independientes del género en que se encuentren. Hay nombres femeninos que al transformarlos en masculinos son ridículos como el caso de Ana o estadista. Los cargos son todos masculinos, pero no como imposición machista, si no como genérico. Cuando se dice “La aventura del Hombre” no se habla solo del varón, si no implícitamente se nombre al hombre, mujer, niño, niña, joven, anciano, anciana. 
Se lo hace con el fin de abreviar. Sin embargo, los académicos, han sido influenciados por las hordas feministas, pidiendo reivindicaciones justas, pero fanáticas al ver fantasmas persecutorios por todos lados. Los cargos como las palabras son por convención. Ninguna tiene pene o vagina que la distinga o identifique. Por lo tanto, con solo poner el artículo femenino o masculino adelante, se resuelve el caso. 
Vayamos al grano. Cuando la Sra. María Estela Martínez de Perón asumió la presidencia de la República Argentina, fue aconsejada a que fuera tratada como “señora presidente”, ya que decir presidenta resultaba cacofónico e incorrecto. Ella fue la primera mandataria hispanoamericana y en esa época al menos los cráneos del lenguaje aún conservaban un resto de cordura. A esta la perdieron cuando en 1984, incluyeron presidenta en su diccionario. 
Siempre la expresión correcta fue “señora juez”, pero a raíz de insistentes presiones feministas, no quedó más remedio que colocar “jueza” ante el avance de las mujeres, en los altos cargos del Poder Judicial. Para terminar las discusiones, en 1992, es incluida oficialmente en el diccionario de la Real Academia Española. 
Dentro de las mismas estupideces, se incluyen el perito y la perita, resultando ridícula su asociación con el diminutivo de la sabrosa fruta, pariente de la manzana. En 2001, fue incorporada la palabra “gerenta” por la Real Academia, aunque admite muy a regañadientes la expresión “señora gerente” o bien “la gerente”. 
Lo mismo ha ocurrido con intendente e intendenta, permitiéndose decir “Sandra es intendente”. Con el tiempo la Academia ha ido incorporando el femenino a las profesiones o cargos que siempre fueron exclusivos para los hombres. 
Como médica, contadora, jefa, soldadora e ingeniera. El cargo de “síndica”, como funcionaria que actúa en un concurso preventivo o quiebra, aun no ha sido incorporado, sin embargo si lo está “alcaldesa”. 
En realidad, estas estúpidas y egoístas presiones, “ñembo” reivindicatorias, prostituyen el idioma con femeninos ridículos o acepciones centroamericanas proveniente del “spanglish”. 
Eso no es enriquecer el idioma ni velar por el buen hablar, ya que lo único que logra es que sea más “chalai” aún. 
Es por eso que mucha gente se ha enrolado en una corriente disidente, que no se encuentra cómoda con las decisiones arbitrarias y tiránicas de la Real Academia y sus obsecuentes filiales. Y a la que intenta sacarla, de su pronunciada arterioesclerosis lingüística.

Abuso sexual entre menores

Enrique Vargas (foto de radio970am.com.py)

Víctor Benítez dio a conocer el viernes (16 de noviembre) a la mañana datos sobre un caso de abuso de menores por parte de menores. Le pido disculpas a Víctor si me dieron mal el momento en que empezó a brindar estos datos.

El presidente del Club Centenario, Fernando Dumot, me confirmó, ese mismo viernes, que la fiscala Teresa Martínez requirió el listado de personas ingresadas a su sede social de la avenida Mariscal López entre las 21:00 horas del día sábado 10 de noviembre pasado y la 01:00 hora del domingo 11 de noviembre.

De ese hecho confirmado, se dedujo razonablemente que la fiscala tenía indicios de que en la sede del Club Centenario ocurrió el hecho de abuso de menores por parte de otros menores, lo que fue reticentemente admitido luego por la propia agente fiscal quien ordenó, además, allanar al menos un colégio, el Goethe, en busca de evidencias.

A la hora en que estoy escribiendo este material, ningún responsable oficial, ni del Ministerio Público, ni del Club Centenario, ha aclarado el lugar exacto del abuso, aunque no han podido evitar que se establezca en la opinión pública la convicción de que los hechos sí ocurrieron dentro de la sede del club.

Espero que en esta edición de hoy domingo de los diarios haya algún comunicado al respecto que desmienta el rumor de que los protagonistas de los hechos tienen familias con la influencia suficiente como para minimizarlos u ocultarlos para lograr impunidad.

Hay demasiadas preguntas insatisfactoriamente respondidas que abonan este rumor: No se ha dado hasta el momento la ubicación exacta de los hechos y si los mismos fueron dentro del Centenario, no se han dado detalles de la empresa que tiene las cámaras de vigilancia, ni sobre qué personas de la Comisión Directiva tienen la responsabilidad (los inspectores de turno, por ejemplo).

Supongo que ese rumor se basa, además, en la idea, bien fundada, de que el Club Centenario reune a la mayor parte de la gente más influyente de nuestra sociedad.

Menciono este hecho no como una cuestión de clase, sino como un hecho sociológico que es común a todas las sociedades, incluidas las sociedades sometidas al marxismo real (“Nomenklatura” –Mikhail Voslenski-; “Nueva Clase” –Milovan Djilas-).

Pues, en efecto, la cuestión central en este tema lamentable del abuso sexual de menores por parte de menores es que los abusadores carecen de contención y carecen de contención porque estiman que tienen garantizada la impunidad.

Estuve escuchando ayer, sabado (17 de noviembre) en el programa de Carlos Gómez en la 9.70 AM, al siquiatra Mario Torres, señalando que una de las explicaciones de la conducta de estos menores abusadores es la falta de contención, refiriéndose a la carencia de atención parental y al impacto de la soledad en el periodo de la adolescencia.

Me parece que hay que agregar al análisis del doctor Torres la idea que se transmite mediante la garantía de impunidad que muchos padres influyentes otorgan a sus hijos asegurándoles que, hagan lo que hagan, no serán castigados.

Es ahí donde, a mi modo de ver, la responsabilidad del Ministerio Público y de la Comisión Directiva del Club Centenario adquiere relevancia superlativa.

Si la gente más influyente del país, la que funciona como “modelo” de la sociedad por su posición económica, política y social, puede lograr impunidad para sus hijos, incluso en casos aberrantes como este de abuso sexual de menores contra menores, es evidente por sí mismo que el mensaje tendrá un efecto profundamente deletéreo.

Si ambos, el Ministerio Público y el Club Centenario, fracasan en generar esa contención necesaria, que obviamente no proporcionan las familias de estos menores, basada en el concepto de que los abusos no deben ser tolerados y deben ser castigados sin importar que el que los cometa sea hijo de alguien muy influyente, entonces se consolidará en nuestra sociedad la dinámica de atropellos brutales y de violencia que ya venimos sufriendo de manera creciente.
 
Publicado en la edición de La Nación del domingo 18 de noviembre de 2012
 
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