Fracaso internacional de nuestros partidos

Enrique Vargas Peña

La coalición de marxistas que gobierna en la mayoría de los países del Sur del Continente -las dictaduras de Venezuela, Bolivia y Ecuador, las democracias administradas por ellos de Brasil y Uruguay y las administradas por sus aliados de Argentina y Perú- han tenido un éxito rotundo en generar la primera impresión que el mundo tuvo sobre el proceso constitucional por el que fue destituido Fernando Lugo, el líder de los marxistas paraguayos.

Ellos dijeron de inmediato, para someternos al “diktat” brasileño en Mercosur, que la destitución constitucional y legítima de un presidente vinculable a la destrucción de las instituciones democráticas paraguayas fue un “golpe de Estado”. Y lograron ocultar que el presidente Federico Franco y el Congreso fueron elegidos por el mismo pueblo el mismo día que Lugo y que los votos grandes que Lugo logró se los prestó el Partido Liberal Radical Auténtico, pues Lugo no los tuvo ni los tiene.

Citan mucho a Sartori (Giovanni), pero ocultaron con hábil perversidad que la legitimidad de origen se puede perder por el mal ejercicio (legitimidad de gestión).

El hecho de que la coalición de marxistas no haya logrado superar las fronteras de la región no significa que no haya tenido aquel éxito, solamente indica que su poder fuera del subcontinente es muy limitado.

España, cuyo gobierno lucha desesperadamente por evitar el desplome español, es un caso particular que debe ser analizado desde la necesidad que tiene el señor Mariano Rajoy, presidente del gobierno hispano, de mantener abiertas las chances en la región para negocios españoles.

No es una disculpa para Rajoy, que no merece disculpa alguna. Es una constatación de su angustia.

Y el hecho de que la coalición de marxistas no haya logrado superar las fronteras de la región no significa que el dominio que tiene en la región no deba ser contestado y contrarrestado.

En eso, en contestar y contrarrestar la agresión mediática que en nuestra región sufrió nuestra democracia, ha sido y sigue siendo un fracaso estrepitoso de nuestros partidos políticos.

Quiero hacer la salvedad de que todos los grandes partidos paraguayos tienen grandes paraguayos que están trabajando denodada y desinteresadamente en defender a nuestro Paraguay de la agresión a que lo están sometiendo Brasil y sus satélites.

No hablo de ellos sino de la estructura de nuestros partidos, que no ha sido capaz de articular una respuesta continental adecuada sino, lo que es más grave, tampoco ha sido capaz de prever que este ataque a nuestra autodeterminación y a nuestras instituciones democráticas era la consecuencia inevitable de haber ingresado a Mercosur sin las garantías requeridas para mantener nuestra Independencia Nacional.

En nuestros partidos, la Asociación Nacional Republicana (ANR, Partido Colorado), el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), el Partido Patria Querida (PPQ) y la Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (UNACE, oviedismo), aunque tienen formalmente oficinas que se encargan de asuntos internacionales, en la realidad nadie se ocupa de seguir los acontecimientos de la región y, mucho menos, de estudiar estrategias para mantener la autodeterminación paraguaya, sugerir políticas y mantener relaciones eficaces con fuerzas políticas regionales.

Ninguno de los grandes partidos paraguayos, ninguno, tiene lo que podría llamarse con propiedad una política internacional y por eso todos ellos no han hecho más que seguir pasiva y sumisamente la política que Itamaraty, la cancillería brasileña, diseñó para nosotros hace ya bastante tiempo: la de ser satélites sumisos de Brasil.

No tengo problema alguno con que los partidarios de la sumisión a Brasil participen activamente de la política nacional, con la condición de que asuman abiertamente su propuesta, después de haberla pensado razonablemente y de haber calculado sus consecuencias.

Por ejemplo, los que insisten, a pesar de todos los hechos que han ocurrido últimamente, en seguir en Mercosur deben ser incluidos en esa categoría, pues Mercosur no es más que un instrumento para imponer la razón política brasileña sobre la razón jurídica.

Pero lo triste es que lo hacen no por haber pensado el tema, como se pide más arriba, sino por mera falta de preparación, siguiendo los lineamientos generales dictados desde Itamaraty, de lo que muchos ni siquiera tienen consciencia plena. 

Nuestros políticos, con muy honrosas excepciones, no gastan tiempo en pensar nada, salvo los costos de las próximas elecciones. Esto se comprueba fácilmente al ver el nivel intelectual lamentable con que actúan en la vida pública, que queda mucho más en evidencia que de ordinario cuando deben compararse sus actuaciones con las de los políticos uruguayos, argentinos o brasileños.

Ahí, y tal vez en ninguna otra parte, reside la causa de la gran victoria mediática que los marxistas regionales han obtenido contra nuestro Paraguay: Ellos sí piensan sus posiciones políticas, las calculan, las desarrollan, las comparten con sus aliados y las siguen con ellos hasta alcanzar sus objetivos. Y lo hacen sin competencia, juegan solos.

Me parece obligatorio agregar aquí que la manera en que nuestros políticos, con las salvedades ya señaladas, entienden el manejo de la cosa pública, la mera repartija de cargos para medrar, lesiona también el buen funcionamiento de nuestras embajadas, llenas de recomendados que solamente se preocupan de sus negocios y que no tienen tiempo ni cultura como para pensar en los temas que afectan a nuestro Paraguay.

Termino este artículo pidiendo, a cualquiera de los candidatos presidenciales que actualmente está en campaña, que me desmienta, que muestre que soy injusto y que no tengo información adecuada.

Ninguno ha explicado aún qué pasará con la Independencia Nacional si aceptamos el “diktat” brasileño en Mercosur, ninguno ha dado ninguna opinión medianamente fundada acerca del costo económico de perder la igualdad jurídica en Mercosur, ninguno ha logrado superar el paupérrimo lugar común según el cual tenemos que seguir en Mercosur porque de lo contrario se van a cerrar algunas empresas, como si esas empresas fueran más importantes que la autodeterminación.

Espero que puedan desmentirme. Pero mientras espero, los marxistas están implementando ya el segundo golpe, pues pegaron primero.

MIRA EL BOSQUE Y NO AL ÁRBOL

Como en muchas oportunidades ya les he comentado, recibo una cantidad aproximada de 60 correos electrónicos por día. De esos, 25 son no deseados o simplemente pura basura publicitaria. De los que me interesan, encuentro correos de diferente tenor. Generalmente mucho humor, algunos religiosos, otros poéticos, políticos, algunos de contenido bastante personal tanto como los infaltables eróticos o de un subido tinte porno.

Sin embargo hubo dos de ellos que realmente me llegaron a impactar; quizás por la contundencia de sus imágenes o tal vez porque tu texto me sonaba bastante lógico. Resulta que, por obra de la casualidad, justo coincidía con un hecho que se producía aquí mismo, dentro del ámbito de las Tres Fronteras.


Seguir leyendo MIRA EL BOSQUE Y NO AL ÁRBOL

BASURA BAJO LA ALFOMBRA

El tremendo sismo, que sacudió a Chile, el sábado 27 de febrero, no solo dejó más de 800 muertos, miles de heridos y aún, un incontable cantidad de familias sin absolutamente nada más que con lo puesto encima. Ha podido abrir una insalvable brecha de credibilidad hacia un país que se auto-proclamaba como el modelo a seguir por el resto de las naciones de América Latina, al conseguir salir del subdesarrollo.

Todo comenzó con la desgraciada llegada al poder de Augusto Pinochet al gobierno de Chile. Logró este, reunir el mejor y más competente equipo de asesores, capitaneados por el legendario Ingeniero Civil de Minas, Hernán Büchi. Sus ideas en economía no eran muy diferentes de los llamados Chicago Boys” de Milton Friedman, el verdadero papá del neoliberalismo. 

Este, con la valiosa colaboración de empresarios, militares y los sucesivos gobiernos, ha podido construir un marketing publicitario casi perfecto, con muchas luces de colores y demasiada fanfarria. Sus  números y estadísticas asombraron al mundo, en su momento, y de un modo u otro, desviaban la atención sobre los miles de muertos y desaparecidos, que producía el régimen militar.

Los titulares de los principales diarios económicos del planeta, veían  a Chile como un país exitoso y autosuficiente. Lo comparaban con aquellos famosos tigres asiáticos, que batían records de producción y exportación, mes a mes. La imagen creada por Chile y que proyectaba al exterior, causaba verdadera envidia y admiración, no solo a los países de la región, si no a todas las naciones tercermundistas.

La célebre frase, “Chile si puede”, hacía morder de rabia a los vecinos, que usando ideologías similares, no conseguían dar en la tecla, fracasando una y otra vez. Mientras que Chile era el imán indiscutido de las inversiones extranjeras; en los demás países, el capital migraba sin poderlo atajar. 

El que visitaba Santiago, no podía dejar de reconocer que las construcciones se multiplicaban por cien y el que volvía dos o tres meses después, casi terminaba por no reconocerla.

Casi antes de la vuelta a la democracia, había una  aglomeración tal  de industrias en Santiago y el gran Santiago, que era el único país sudamericano que se podía ver lo que se respiraba, aún por encima de San Pablo. 

Todos creíamos que los habitantes de este puma sudamericano, vivían una sociedad altamente progresista, donde sus residentes gozaban de la bonanza de una economía social de mercado igual que en los países del Primer Mundo.

Con la llegada del Mercosur, también Chile deseó integrarlo, pero tuvo que esperar un buen tiempo, antes de ingresar al bloque regional, ya que los primitivos socios no se ponían de acuerdo en muchos puntos esenciales. A pesar de esto, existía en Chile, cierto tipo de miraba altanera y soberbia con respecto a sus posibles socios, a los que miraba por encima del hombro. Su única condición, era gozar de un status diferenciado debido a su gran asimetría con el resto de los integrantes.

Pero el sismo del 27 de febrero, ha dejado al descubierto que las asimetrías más marcadas, la tenía entre sus propias clases sociales, que siguen padeciendo las mismas miserias que antes de la llegada de Pinochet. En 1985 Chile era uno de los países más pobres de Sudamérica. Aproximadamente los desempleados llegaban al 20 % y casi el doble de esta cifra, vivía sumergida por debajo de la línea de pobreza.

Hoy, de una manera u otra, sobrevive el modelo económico impuesto por los militares, y sostenido como sea por los grandes empresarios que siguiendo las pautas neoliberales, han concentrado toda la riqueza en el 5 % de la población. Chile es un país que sigue exhibiendo uno de los índices de desigualdad social más altos del mundo.

Sin embargo, con sus luces y sombras sobre sus espaldas, está luchando denodadamente por salir del tercer mundo, pero si su gente no tiene calidad de vida, por más superávit que tenga su balanza comercial; si no existe nada equitativo en la distribución de su propia riqueza, entonces ese esfuerzo no sirve absolutamente para nada.

Ahora bien, uno de los puntos más llamativos que ha causado el sismo chileno es que este no fue el primero de su historia y seguramente no será el último. Sin embargo jamás, un gobierno  chileno, en una catástrofe similar, tuvo que enviar 10 mil soldados a las regiones afectadas, para contener los saqueos, de hordas histéricas, a los grandes supermercados.

Nadie recuerda que haya habido necesidad de aplicar las leyes de excepción o imponer el toque de queda, para proteger la propiedad privada, en alguna otra oportunidad. Otro hecho bastante significativo, resulta el hecho de esconder las cifras oficiales de muertos por la tragedia, haciendo una ostensible disminución, en los números, como si ese simple dato estadístico fuera importante como para seguir apuntalando toda costa su ya endeble escenografía hollywoodense.

Por desgracia para Chile y para todo el resto del sub continente,  el verdadero milagro chileno, consistió en esconder toda su pobreza como si fuera un terrible secreto, por tantos años, sin que los países vecinos se percataran de semejante fraude. Es un país donde todavía no han terminado de sincerarse con su propia historia y aún se siguen desenterrando muchos cadáveres, mudos testigos, de tanto asesinato indiscriminado.

Por lo tanto, esto es una clara muestra de lo que continuamente pregono. Las cosas no siempre son como la ven nuestros ojos. Para ello es necesario, si es que se quiere conocer la verdad, raspar un poco la superficie. Con ello se logrará “no tragarse los sapos” que nos quieren vender. Sin embargo habría que felicitar a los ideólogos de tan macabro plan, por lo casi perfecto de su obra, que de no ser por el sismo, nadie jamás podría haber intuido, que debajo de la alfombra se encontrara toda la basura.