Tierras malhabidas y violencia

Enrique Vargas Peña (foto de cinabrio.over-blog.es)

La justificación genérica que los aliados de la izquierda violenta están ensayando tras el asesinato de numerosos policías en la zona de Curuguaty es que la violencia de los autodenominados “sin tierra” se origina en la existencia de tierras mal habidas.

El discurso de Sixto Pereira en el Senado, el pasado viernes 15, durante la sesión extraordinaria realizada para estudiar los mencionados asesinatos, resume la posición común de los aliados de la izquierda violenta, desde Lilian Soto hasta Gerardo Fogel, pasando por CODEHUPY y por algunos periodistas oficialistas.

El Partido Liberal Radical Auténtico, al menos el que está representado por su comunicado institucional, no se anima a tanto aunque claramente incluye en la “lucha social” a los asesinatos señalados al principio.

A mi modo de ver, el recurso de la violencia en un Estado de Derecho carece de cualquier justificación y justificar la violencia en un Estado de Derecho es una manera de destruirlo para sustituirlo por cualquier otra cosa.

Luego, lo que los aliados de la izquierda violenta deben aclararle a la ciudadanía es si ellos consideran que vivimos en un Estado de Derecho o no en Paraguay y, si no vivimos en un Estado de Derecho en nuestro país, si cómo definen al marco institucional que tenemos.

Por mi parte creo que existen algunos elementos objetivos, que creo que pocos se atreverían a discutir seriamente, que permiten sostener con fundamento que en nuestro Paraguay disfrutamos de un Estado de Derecho, esto es uno basado en el imperio de la ley y en la participación y en el consentimiento de los gobernados.

La participación y el consentimiento de los gobernados se prueba con la existencia de elecciones periódicas, regulares y no cuestionadas. El imperio de la ley se prueba con el funcionamiento regular y continuo de las instituciones administrativas, legislativas y judiciales.

Es muy cierto que nuestras instituciones tienen problemas, de hecho estamos inmersos en una gran discusión sobre nuestro sistema representativo, sobre nuestro aparato de justicia y sobre el gerenciamiento del gobierno.

Con mucho orgullo y sin ninguna modestia me creo uno de los críticos más constantes y más duros de esos problemas.

Pero no es menos cierto que esa gran discusión se realiza en un marco de plenas libertades y de participación irrestricta.

Consecuentemente, creo que los aliados de la izquierda violenta están mintiendo aviesamente al negar, desde el punto de vista fáctico, la existencia de un Estado de Derecho en nuestro país con el propósito de justificar el uso de la violencia.

Solicito enfáticamente a los aliados de la izquierda violenta que mencioné al principio que tengan la gentileza de rebatir lo que señalé antes sobre el Estado de Derecho, de modo que los paraguayos podamos ver claramente que hay un grupo de gente que no cree que vivamos en tal Estado de Derecho. Estaré atento a cualquier respuesta aunque espero que no sea un tiro o una bomba.

Si lo que yo digo es verdad y, por tanto, estamos gozando de un Estado de Derecho, reclamar cualquier derecho recurriendo a la violencia es simplemente parte del propósito de destruir ese Estado de Derecho.

Supongamos, pues, que hay tierras malhabidas, es decir, logradas mediante violaciones de las leyes que regían o rigen el acceso a la propiedad inmobiliaria.

El método para reclamarlas no es matar policías. El método para reclamarlas es el Código Civil a través de los tribunales.

Supongamos que los tribunales están corrompidos, y yo creo que hay corrupción en los tribunales. El método para cambiar la situación es ganar las elecciones. Creo que el triunfo de Fernando Lugo el 20 de abril de 2008 muestra que el método racional, ganar elecciones, es perfectamente posible en nuestro Paraguay.

Es decir, los caminos racionales establecidos por el Estado de Derecho están abiertos en nuestro país, son funcionales, operativos y eficaces y, por tanto, justificar el asesinato de policías con el argumento de que es apenas una consecuencia desafortunada pero previsible de la “lucha social” como sugirió el entonces todavía ministro del Interior Carlos Filizzola en su última conferencia de prensa en tal carácter indica que se pretende otra cosa con la excusa de las tierras “malhabidas” y no solucionar el problema.

Si lo que estoy diciendo es cierto, lo que pretenden la izquierda violenta y sus aliados no es solucionar el tema de las tierras “malhabidas”, sino destruir el Estado de Derecho.

Tengo mis propias convicciones acerca de por qué la izquierda violenta y sus aliados quieren destruir el Estado de Derecho: Lo quieren destruir porque no tienen pueblo, son esa pequeña minoría, consciente de ser minoría, que Lenin denominaba “vanguardia del proletariado” que pretende gobernar en nombre de los trabajadores pero sin los trabajadores.

Desde el viernes a la tarde los aliados de la izquierda violenta están justificando la violencia de todos los modos posibles y pretenden disculpar el asesinato de policías y minimizar el horror de los mismos.

Lo más grave de todo esto es que, a mi juicio, el principal aliado de la izquierda violenta es el gobierno que dirige Fernando Lugo, por las razones que ya expuse en el artículo que La Nación Digital me publicó ese mismo viernes 15, “Lugo es el responsable” (http://bit.ly/LPdCbe).

Con mucho gusto aceptaré reconocer que estoy equivocado en esto, si me explican qué se puede pensar del apoyo constante, público y manifiesto, que el gobierno ha prestado a los violentos invasores de propiedades.

Pero si lo que digo es cierto, entonces estamos en dramáticos problemas los paraguayos, porque quien tiene el comando supremo de las fuerzas pagadas por nosotros para defender el Estado de Derecho tiene un interés manifiesto en que esas fuerzas sean derrotadas por la izquierda violenta.

Reitero que pido por favor que me muestren que mis premisas son erradas o que mi razonamiento está equivocado.

Pero si no lo estoy, la continuidad de Fernando Lugo en la presidencia de la República es un peligro cierto e inminente para nuestras libertades y el Congreso Nacional debería, urgentemente, revocarle el mandato que Lugo no ha sabido honrar. Urgentemente.

Artículo publicado en la edición impresa de La Nación del 17 de junio de 2012

Lugo es el responsable

Enrique Vargas Peña (foto de pedrojuandigital.com)

La República se encuentra lamentando el asesinato de numerosos efectivos policiales hoy, viernes 15 de junio de 2012, a manos de un grupo que, al menos desde febrero de este año (http://bit.ly/NsTVsh), actúa bajo la denominación de los carperos, y que recibió auxilio y apoyo de José Rodríguez, de la Liga Nacional de Carperos, José Paková Ledesma, gobernador liberal radical auténtico de San Pedro y Ramón Vega, intendente liberal radical auténtico de Curuguaty.

Los asesinos simplemente dieron el último paso de la lógica de la violencia que se viene alentando desde sectores que son recibidos permanentemente por el presidente Fernando Lugo: Los carperos y algunos intelectuales desde Asunción llevan años diciendo que las invasiones de propiedades, los cortes de ruta, la destrucción de maquinarias agrícolas, las tomas de retiros y demás actos de violencia de “baja intensidad” que caracterizan la actividad de estos autodenominados “campesinos sin tierra” se justifican dadas las privaciones que sufren los paraguayos pobres.

La diferencia de los carperos y de esos intelectuales con el grupo terrorista autodenominado “Ejército Paraguayo del Pueblo” es solamente de grados, en el principio de que la violencia se justifica están de acuerdo.

Pero los carperos y los intelectuales se reservan, por supuesto, el derecho de definir por sí y ante sí el grado de violencia aplicable a cada situación y, en la de la zona de Curuguaty resolvieron, hace al menos un mes, que ella debía incluir la “defensa” armada de su ilegal ocupación de un inmueble privado.

A pesar de ese discurso de violencia, el presidente Fernando Lugo los ha seguido recibiendo, alentando, apoyando, al mostrarse “comprensivo” con los violentos, en realidad condescendiente con ellos.

No solamente no se limitó a recibirlos, sino que les brindo escuelas-carpa, con la complicidad del liberal radical auténtico Víctor Ríos, remedios (aún hoy), con la de la tekojojista Esperanza Martínez, dinero a través de la SAS y materiales a través de la SEN. Incluso cuando se mudan, Lugo les presta camiones de las Fuerzas Armadas de la Nación.

El mensaje dado al país, y a las fuerzas de la ley, desde la presidencia de la República es claro, los violentos tienen preferencia, el gobierno hace una opción preferencial por los violentos. Creo que, considerando las decenas de reuniones y actos conjuntos de Fernando Lugo con José Rodríguez, Eulalio López, Victoriano López y José Paková Ledesma, nadie podría seriamente negar su proximidad con Fernando Lugo.

Es decir, los hechos, los hechos y no alguna lucubración teórica, muestran que el gobierno que dirige Fernando Lugo apoya a los violentos.

Y hoy se produjo el resultado lógico de este curso de acción: Los violentos usaron la medida de violencia que estimaron conveniente y mataron a numerosos policías.

La responsabilidad básica de un presidente es alentar la vigencia del Estado de Derecho, la de la idea de que los conflictos pueden y deben resolverse por métodos racionales y razonables. Lugo alentó otro camino y ese otro camino conduce a donde hoy estamos, al asesinato de policías cometido por forajidos que se creen con la licencia para matar.

Un presidente puede intentar compromisos y debe intentarlos, pero la política de Lugo no fue esa, sino que consistió en apoyar siempre a los violentos incluso cuando se vio constreñido a cumplir órdenes judiciales que los perjudicaban.

Fernando Lugo ni siquiera tuvo la delicadeza de asumir que los hechos que alentó constituyeron un error, por lo tanto es justo pensar que no piensa rectificar el rumbo.

Y como no piensa rectificar este rumbo, es necesario sacarlo del gobierno.

Material enviado el viernes 15 de junio a La Nación para su publicación en la edición digital

Las mentiras de los sabaneros

Enrique Vargas Peña (foto de diariopopular.com.py)

Los opositores al desbloqueo de listas (sistema de listas cerradas desbloqueadas o de doble voto preferencial) han mostrado mucha ignorancia y mayor mala fe al criticar el desbloqueo.

Dicen, por ejemplo, que el sistema no se aplica en ningún país del mundo, ignorando que el desbloqueo funciona normalmente desde hace muchos años en Finlandia, Austria, Holanda, Bélgica, Dinamarca o Suecia a nivel nacional, y en Inglaterra, Irlanda, Australia y Estados Unidos a nivel local.

Dicen que no hay doctrina electoral sobre el tema, mostrando así que nada estudiaron y que son ignorantes infatuados: El sistema de listas cerradas desbloqueadas se usa para disminuir la brecha que el sistema proporcional crea entre las llamadas “clases políticas” y el pueblo.

Por eso el Partido Socialista Obrero Español lo estudió como propuesta de reforma para España (), donde más del setenta por ciento (70%) del electorado apoya el desbloqueo ().

En Perú, donde también funcionaba el sistema, los jefes partidarios (los caciques políticos) han insistido en su derogación con el mismísimo argumento que es su mayor virtud: Porque debilita el poder de esos caciques y aumenta el poder de los ciudadanos ().

Y en República Dominicana, los caciques dieron un golpe para preservar su poder a costa del poder del pueblo ().

Pues de eso se trata, justamente, el desbloqueo de listas, de reemplazar el poder de los caciques políticos con el poder del pueblo. De eso se trata, para eso precisamente lo estamos proponiendo, para derribar a los caciques que tanto daño causan a la vida institucional paraguaya.

En su afán de desprestigiar al desbloqueo, los caciques políticos partidarios de las listas cerradas bloqueadas (listas sábana) están recurriendo incluso a los argumentos más descabellados, por ejemplo, que con el desbloqueo el narcotráfico y las mafias entrarán a la política.

Creo que es una acusación bastante seria que compromete a todos los que estamos convencidos de que el desbloqueo de listas contribuirá a democratizar el sistema electoral paraguayo.

Hoy, domingo 10 de junio de 2012, ninguno de los que sostiene que con las listas desbloqueadas el narcotráfico y las mafias entrarán a la política puede afirmar seriamente que el narcotráfico y las mafias no están ya ahora mismo en la política nacional.

Los paraguayos no sabemos hoy, porque los legisladores que están en el Congreso por haber integrado listas sábana lo impidieron en forma sistemática, quién les financió las campañas ni a quién le deben favores.

Los que ahora hacen la escandalosa acusación de que con el sistema de listas desbloqueadas ingresarán a la política el narcotráfico y las mafias son los mismos que han impedido regular y permanentemente la sanción de una ley de financiamiento de partidos políticos que permita saber quién les financió sus lugares en las listas sábana. Los mismos.

Gracias a ellos, además, los fiscales electorales de nuestro Paraguay están condenados a recolectar basura callejera, literalmente, en cada campaña, en vez de poder investigar las fuentes de financiación de esos mismos legisladores sabaneros. Llaman a los fiscales para limpiar paredes con cartelería electoral, pero les prohíben mirar las cuentas de los políticos.

No solamente eso. Ningún legislador sabanero, desde 1995 hasta hoy, ha demostrado mayor interés en investigar por qué no hubo, durante todos estos años, radares primarios y secundarios que impidieran que los cielos paraguayos estén abiertos al narcotráfico, como lo están.

Ninguno de esos legisladores sabaneros ha demostrado mayor interés en dotar a la Fuerza Aérea Paraguaya de los aviones que necesita para derribar a los del narcotráfico que usan impunemente el territorio nacional.

Ningún legislador sabanero ha demostrado mayor interés en investigar cómo, entre 1995 y hoy, nos hemos convertido en el puente mediante el cual se exporta cocaína colombiana a Europa; ninguno ha demostrado mayor interés en investigar los vínculos policiales con el narcotráfico, demostrados con el asesinato de la familia del comisario Saucedo; ninguno ha demostrado mayor interés en investigar cuál de ellos recomendó a fiscales atrapados en situaciones comprometidas con el narcotráfico.

Espero que algún legislador defensor de las listas sábana me pueda desmentir algo de lo anterior publicando alguna investigación o alguna iniciativa suya con respecto a cualquiera de las cuestiones planteadas.

Lo cierto y lo concreto hoy es que con el sistema de listas cerradas bloqueadas (listas sábana) nuestro sistema electoral ha promovido al Congreso y a los demás órganos colegiados de representación a personas que tratan de cerrar cada vez más nuestro sistema institucional al control público y a la transparencia, eso es lo cierto, lo concreto, lo tangible, lo que sufrimos hoy los paraguayos.

Esa es la actualidad real y no el hipotético peligro supuesto de que las listas desbloqueadas permitan en un discutible futuro el ingreso del narcotráfico y las mafias a la política nacional.

Y por esa actualidad real es que no comprendo muy bien cómo se atreven, los defensores de las listas sábana, a cuestionar la paja en el ojo ajeno cuando tienen la viga en el propio.

Comparados ambos sistemas, el de listas cerradas bloqueadas (listas sábana) y el de listas cerradas desbloqueadas (doble voto preferencial), este último es el que permite un mayor control popular sobre la representación y, por tanto, el que reduce el margen de una presencia prolongada de políticos que eventualmente respondan al interés del narcotráfico o de las mafias.

Desde luego, cuando tengamos legisladores elegidos con el desbloqueo será mucho más fácil que ahora establecer una ley de financiamiento de partidos que permita a los fiscales electorales meter en la cárcel a los políticos financiados por el narcotráfico y las mafias, porque ahora los caciques políticos y sus legisladores sabaneros se oponen a esa reforma.

Los caciques y sus sabaneros, finalmente, pretenden que la calidad de la representación reside en los títulos académicos de los legisladores.

Se equivocan, la calidad de la representación reside exclusivamente en que el mandato del representante sea directo o no. Hoy, el mandato de nuestros diputados, senadores y concejales es indirecto, ellos no son elegidos directamente por el pueblo, los elijen los caciques y el pueblo se limita a plebiscitar la elección realizada por los caciques. Por eso es de mala calidad la representación, porque es indirecta.

Artículo publicado en la edición impresa de La Nación del 10 de junio de 2012