SIN ENERGÍA ELECTRICA NO HAY PARAÍSO

Uno de los pecados más grandes que se comete en nuestro país, es el de la improvisación. Es una especie de virus que carcome a toda nuestra sociedad, sin distinción de estratos sociales. La empresa estatal ANDE, proveedora monopólica de la energía en Paraguay, no escapa de la generalidad de la ley. 

Cuando se terminó de construir Itaipú, todos creían que ya estaba todo dicho en materia energética, sin embargo, un certero asesor extranjero dijo que, aún así, apenas se tendría la energía necesaria para electrificar todo el país, teniendo en cuenta que en aquella época, uno de cada veinte paraguayos tenía acceso a las bondades de la energía eléctrica. 
Aquel experto aseguró que se necesitaba mucha más potencia para asegurar un efectivo crecimiento industrial, si es que se deseaba salir de la Edad de Piedra y entrar de lleno al Siglo XXI. Mucho tiempo después se instaló Yacyretá, sin embargo, nunca se vieron muchas mejoras en el sistema eléctrico paraguayo.
 
El tiempo fue pasando y sin una correcta planificación urbanística de nuestras ciudades, comenzó parte de la actual hecatombe, que actualmente padecemos. Varios elementos se han conjugado para que ello ocurra. 
El primero y más importante de todos ellos fue la gran corrupción empotrada en la ANDE. Eso es porque desde siempre, esta institución fue tomada como una especie de caja chica, por los gobernantes, directores y funcionarios corruptos de alto rango. 
Segundo, como en todas las empresas estatales de nuestro país, su forma de dimensionar el consumo eléctrico siempre fue tomada conceptualmente de modo provisorio, nunca pensando más allá del presente. 
Es por eso que el crecimiento habitacional descontrolado, los ha tomado a contramano. Si a esto le sumamos las aproximadamente 200 mil conexiones clandestinas, que consumen como cualquier usuario, pero que jamás aportan absolutamente nada a las arcas de la empresa. 
Aunque cueste creerlo, no todos los que se “enganchan” en la red son gente proveniente de los asentamientos campesinos, muchos son prominentes profesionales de distintas disciplinas, grandes empresarios y muy conocidos artistas de la farándula, siempre amparados por la impunidad, que el anonimato que cualquier “coima”, les puede otorgar. 
Tercero, existe una clara y notoria desinversión y una ausencia total de mantenimiento correctivo, que son las causas por la cual reiteradamente se colapsa el servicio. 
Pero el eterno déficit que la estatal arrastra desde hace 30 años, se debe a que las otras empresas y dependencias estatales, no acostumbran a pagar su consumo eléctrico. 
El total extraoficial a que asciende el monto de los morosos, ronda los 900 millones de dólares. Solo la Municipalidad de Ciudad del Este le debe a la ANDE, mucho más de un millón de dólares.
Aún contando con la nueva línea de 500 Kva tomada de la Itaipú y una posible segunda línea de 500 Kva pero de Yacyretá, no se tiene toda la certeza que el sistema eléctrico paraguayo funcione con la excelencia que se pretende de este. 
El problema más grande que tiene enquistado la estatal ANDE, en su cuerpo directivo, es que su filosofía se basa en que todo el mantenimiento debe ser correctivo, y no preventivo, como se aconseja actuar en todos los manuales de protocolo de las empresas colegas, en todo el mundo. 
Igual ocurre con la red de distribución, que es por donde se transporta la energía que llega a los hogares, a los barrios y a las distintas comunidades. 
Prácticamente en esta área no se invierte nada, pese a que es una de los sectores donde las adquisiciones cuestan mucho menos dinero que las otras divisiones. 
Sin embargo, es tanta la cantidad de sectores nuevos, que no han sido planificados, que siempre corren detrás del perjuicio que les causan sus improvisaciones. 
Pero no solo el mantenimiento es totalmente deficitario, si no que los equipos son obsoletos, por lo que se pierde electricidad desde el mismo momento que sale de la subestación. Se calcula que existe una pérdida de energía eléctrica, en el orden del 29 %, que no llega a ninguna parte. 
Hay conceptos básicos que hasta el más estúpido de los mortales los tiene muy bien aprendido: si no se invierte en el sistema, este se deteriora y empeoran las fallas. Y si se ha ampliado, es mucho más difícil de recuperar al sistema. 
El 80 % de los transformadores que están funcionando en nuestro país, han caducado su tiempo de uso útil, por lo que son emparchados una y otra vez. Todavía el 45 % de los postes por donde pasan los cables son de madera de pindo. 
El 75 % del cableado nacional tiene un promedio de más de 30 años de uso, por lo que ellos están totalmente carbonizados por dentro y ya no poseen más la cualidad de la conductividad. 
El 90 % del tendido de cables no está lo suficientemente tensado, por lo que ante cualquier tormenta de regular fuerza, “bailan” como marionetas o bien producen cortos en el transformador. 
Teniendo semejante panorama ante nuestros ojos, como es posible que se fomente el asiento de nuevas industrias extranjeras, cuando el sistema eléctrico paraguayo está prácticamente en ruinas. 
Un ejemplo simple fue lo que sucedió con Río Tinto Alcan, independientemente que nunca fue un buen negocio para nuestro país, es que una industria de gran porte, sencillamente haría tambalear toda la estructura eléctrica, agravando aún más lo ya deteriorado que está. 
Por lo que es imprescindible que si deseamos tanto, el tan esperado despegue económico, mediante el desarrollo industrial, por lógica, debiéramos primero poner la casa en condiciones y luego sí, salir a buscar inversores que deseen radicarse en nuestro suelo. 
 
En la situación en que se encuentra la estatal ANDE, no puede dar ningún tipo seguridad por la calidad del servicio que presta. 
De lo contrario no se les podrá ofrecer una tarifa diferenciada que lo pueda hacer competitivo frente al competitivo mercado externo. 
De hacerlo, estaremos muy cerca de dar el paso más importante de su Historia, en cuanto a un ansiado desarrollo y mucha mano de obra esperando tener una oportunidad de progresar.

ES DIFICIL LLEVARSE BIEN CON LA GENTE

No existe nada más difícil, en este mundo, que intentar llevarse bien con otra persona. Y esto no lo digo al azar ni nada que se le parezca. 

Es que son tantos los elementos necesarios para que una relación sea más o menos armoniosa, que uno debe estar realmente muy atento para no quebrar alguna de las variantes que pueden modificar cualquier relación. 
En mis pocos momentos de profundo ocio, se me ocurrió confeccionar una lista, con algunos de los elementos necesarios para que una amistad o una pareja funcionen como tal. 
Para decir la verdad, no fue hecha por orden de importancia, sino a medida que las recordaba; anotándolas en una servilleta de papel, como todo buen bohemio que se precie, pero sin mancharla con café. 
Una regla muy importante a tener en cuenta, es que cuando conocemos una persona, no debemos abrigar ningún tipo de expectativa al respecto. El mismo tiempo de permanecer a su lado nos revelará si valió la pena su compañía. 
Pero lo fundamental para que todo funcione a las mil maravillas, es que debemos aceptar a la otra persona tal como es, pretender cambiarla, es como querer asfixiar la individualidad del otro. 
Otro ingrediente a tener muy en cuenta, es el dialogo, ya que sin eso lo demás pasa a segundo término. Esto significa que se deben poner siempre los límites, en el mismo momento que se conocer a alguien. 
Hacerle saber lo que nos gusta y lo que nos disgusta. Por lo tanto ya no habrá sorpresas, al menos en este aspecto. En caso de transgresión a los límites establecidos, dependiendo siempre el grado de violación de lo establecido, deberá iniciarse de inmediato un dialogo franco, sincero y por sobre todo constructivo. 
Tampoco se debería menospreciar al hecho de saber escuchar a quien necesita hacernos una confidencia. 
Por condescendencia debemos mostrar cierto interés en el tema que nos cuenta y fundamentalmente, despojarnos de todo egoísmo al compartir con el otro, nuestras experiencias y todas las opiniones personales que tengamos al respecto. Quizás algo de lo que le digamos podrá serle útil en un futuro cercano. 
Tener la mente abierta nos puede evitar ciertas grandes decepciones, debido a la falsa imagen que nos creamos en nuestra imaginación del otro. Por eso no debemos estancarnos en lo que pensamos del prójimo. 
Las personas constantemente evolucionan y modifican sus pensamientos y sus rutinas diarias y no se puede desear que el otro se comporte o reaccione caprichosamente como nosotros deseáramos que lo haga. 
Forzosamente debemos darle a cada una de las personas, su espacio exclusivo, para que pueda moverse con suma comodidad. Invadirlo repetidas veces, implica que se desatará un conflicto a muy corto plazo. 
Ser indiferente es tan malo o mucho peor que ser molesto o fastidioso. La mentira, por más inocente que parezca, seguirá siendo mentira, por lo tanto cuando uno da su palabra a alguien que uno aprecie, la deberá cumplir. 
Cuando se presente un conflicto, es lógico que sobrevenga una discusión y para que esto se resuelva, hay cosas básicas que uno debe hacer, para que el problema no se agrave. Se debe buscar entre ambos la solución, pero sin criticar al otro como tampoco echarle la culpa al prójimo. 
Las discusiones se ganan con testimonios sólidos y no desmereciendo los testimonios del otro. 
Tampoco es leal y honesto querer imponer sus ideas sean políticas, religiosas, deportivas y hasta domésticas. Siempre deje que los demás también expliquen los motivos por el cual no están de acuerdo con usted. 
Reprochar por sucesos acontecidos en el pasado, solo servirá para agravar la disputa, por lo que se sugiere concentrarse en el tema puntual que motivó la diferencia. 
No existe nada más valiente y honesto, en cualquier tipo de relación, que dar un paso atrás y reconocer humildemente que se está equivocado y por lo tanto, pedir la correspondiente disculpa. 
Una vez conseguido esto, no es de bien nacido ridiculizar al otro, por el error cometido, luego que se haya disculpado. En caso que ambas partes estén empantanadas y sin espacio de maniobra, es mejor llegar a un punto medio, para que predomine el mutuo respeto que debe existir entre ambos. 
Si bien, por una cuestión muy personal, cada uno exterioriza sus sentimientos hacia los demás, de manera muy distinta, es sumamente necesario que el otro sienta cada tanto que se lo aprecia. 
El contacto humano necesita siempre ese toque en la piel que demuestre el cariño. Puede ser con un beso, un fuerte apretón de manos, un abrazo, una palmada en la espalda o el hombro y hasta una sonrisa ayuda, en el difícil arte de la comunicación interpersonal. 
Cada una de las personas que integran una relación debe tener la suficiente libertad para poder desarrollar su propia capacidad y así potenciar otras relaciones que no sean la que ya tienen. 
Para que una relación sea verdaderamente saludable es necesario despojarnos de cualquier actitud egoísta y no pretender únicamente monopolizarla, de hacerlo solo es cuestión de tiempo para que se sienta asfixiada y nos abandone definitivamente. 
Nunca pretenda conocer a una persona de una sola vez. La confianza y el respeto son cosas que deben ganarse y eso lleva su tiempo. No todos tienen la misma velocidad ni el mismo ritmo de maduración de conceptos e ideas, por lo que con apurarlos, es totalmente contraproducente. 
No está de más, averiguar quien es la persona con la que compartimos muchas horas del día, o cual es su entorno. Eso puede evitarnos grandes decepciones y muchas lágrimas. 
Para que todas las relaciones gocen de una buena salud y sean duraderas, debe ser totalmente prioritario mostrarse auténtico, ser como uno es siempre.
Aparentar lo que uno no es, siempre termina por arruinar todo lo bueno que hemos conquistado.
Del mismo modo que medir las palabras que se dicen, no todos tienen la misma sensibilidad que uno. 
Por lo que yo crea que es gracioso, para otro puede resultar altamente ofensivo. 
Si tiene en cuenta estas sugerencias, es probable que todo se les haga mucho más fácil y posiblemente tenga una vida más feliz.

PEQUEÑOS APRENDICES DE PATOTEROS

Tendría 6 ó 7 años, a lo sumo, y de eso me acuerdo como si fuera hoy, cuando los Ponce, tres hermanos mucho más grandes que yo, no dejaban de molestarme ni un solo momento. Especialmente Carlos, el menor de ellos, que era, según lo evoco, el más malo.

Recuerdo también que físicamente era menudo y el más bajito de la clase. Muy rubio y con unos lentes de marco negro sumamente pesado y grande para mi cara. Me perseguía y hacía bromas estúpidas sobre mí, avergonzándome delante de mis compañeros. En los recreos venía directo hacia donde me encontraba y me empujaba contra las paredes, sin motivo alguno. Para los Ponce, no era la provocación un justificativo demasiado importante. Bastara con que no le cayeras en gracia, para declararte la guerra total.


Todos temblaban al verlos. Nadie osaba enfrentarlos. Salvo Walter, un muchacho de unos 10 años, de gran físico para su edad. Walter era un uruguayito, muy moreno y por eso llamaba la atención en Buenos Aires, justamente por no tener habitantes negros. Por lo tanto era una mosca en un vaso de leche. Había venido de su país, con su papá y sus tres tíos, que eran boxeadores profesionales y por lo tanto, allí tendrían más campo de acción para su profesión.

Carlos Ponce era el más malvado de los tres hermanos y su desfachatez y osadía le permitía romper todo lo establecido, lo moral y lo ético. La impunidad que daba el silencio cómplice de mis compañeros era lo que más lo estimulaba. 

Desde ya que no era su única víctima, pero si figuraba entre los preferidos de su negra lista. Sin embargo tanto envalentonamiento le hizo cometer un error fatal. Solo era cuestión de tiempo que se toparan en uno de los corredores. Ponce, cuando lo vio dijo sin pensarlo dos veces:
— Salí de ahí, negro de mierda. ¡Para que!
Walter, veloz como un rayo, se le vino al humo y de un certero “gancho ascendente” en la pera, lo dejó totalmente desmayado. Cuando la “dire” preguntó que había pasado, nadie había visto ni oído nada. A partir de allí, cada vez que tenía problemas con Ponce, me refugiaba tras las espaldas de Walter y lo miraba socarronamente al malvado Carlitos, sabiendo que estaba bien protegido. Al poco tiempo, los Ponce cambiaron de escuela y mis problemas y los de otros niños se terminaron, viviendo, al fin en paz.

Luego de esto, y sacando un par de incidentes en el secundario y durante el servicio militar, nunca tuve que preocuparme por los patoteros, al contrario, ellos se ponían de mi lado, quizás por temor a mi humor ácido. Ahora bien, por más enemigo que uno sea del badulaque, que tenía enfrente, generalmente después de tupido intercambio de moquetes, todo terminaba con un apretón de manos y la cosa quedaba por ahí.

Sin embargo, ahora todo es muy diferente. Existen patotas que se deleitan en perseguir y acosar a los más indefensos. Durante los “recreos”, son salvajemente torturados física y mentalmente. Insistentemente provocados a pelear, conociendo de antemano que no saben cómo defenderse. Los aliados más importantes con que cuenta el agresor son el miedo y el silencio de los condiscípulos.

Ese silencio es también, la prueba no solo de su poder; si no de la impunidad con la que se vanaglorian. En ocasiones a los chicos la situación se les pone tan dura, que pierden el interés en el estudio y temen regresar a la escuela o colegio por temor a ser molestados una y otra vez. 

Tampoco hay que descartar que muchos pre-adolescentes, se ven tan intimidados por los agresores e intimados por sus padres a concurrir a clases, que muchos de ellos piensan en el suicidio como una escapatoria.

El agresor intuye cual es la víctima perfecta, aquella que no pueda o no sepa defenderse, porque en el fondo, es un perfecto cobarde. Por eso necesita que otros también participen en sus fechorías y sean testigo de sus “hazañas”. Las maldades preferidas son hacerle pasar papelón al pobre desgraciado que caiga en sus garras, asediarlo, acosarlo, hostigarlo cuantas veces se pueda, y así lograr la intimidación, seguida de severas amenazas. También lo bloquearán socialmente para terminar de ahogarlo.

No siempre los padres entienden la situación de su hijo o hija y piensan en una exageración o una simple mariconada. Y la justifican con frases como: “siempre sucedió lo mismo y nunca pasó nada”, “son cosas de niños”,”el agresor es apenas un niño”, “No es para tanto”, “todos pasamos por eso” o “forma el carácter”. A veces la incomprensión de los padres y el maltrato que hacen los compañeros es tan grande que induce a casos extremos.

Tenemos el caso de Cristina Cuesta, quien a pesar de haber hecho la denuncia de acoso escolar, esta española, de 16 años, no encontró otra salida que saltar de un puente. Otro caso también ocurrido en España, es el suicidio de Jokin, un joven acosado y cuyos 7 compañeros, dejados en libertad, ya que el juez no pudo probar la inducción al suicidio.

También hay otros relatos donde los acosados, presas de tanto miedo, se rebelan. El caso de Cho Seung-Hui, estudiante de 23 años del Virginia Tech, que era objeto de constantes burlas y en un ataque de furia incontenible, mató a 33 personas, incluso él mismo. La masacre de Columbine, nombre de una escuela secundaria cercana a Denver (Colorado, USA), también demostraría que se debe implantar un servicio psicológico para aquellos alumnos que muestren ligeros desequilibrios mentales.

Es hora que los padres, alumnos y maestros asuman este grave problema. Siempre los niños afectados deben ser escuchados y considerados; todos deben estar alertas y al primer signo de violencia escolar, actuar de inmediato. Los padres deben enseñar a sus hijos a defender sus opiniones y cuidar de su autoestima.

Los colegios deben apoyar a los desprotegidos, porque no bastan las buenas intenciones. No se deben de olvidar que los traumas producidos en estas edades prácticamente son casi irreparables. Por lo tanto cuidemos a nuestras criaturas de los pequeños aprendices de patoteros, que serán casi siempre los fracasados del mañana.