Brasil pretende todo, a cambio de nada

Enrique Vargas Peña (foto de rctv.net)

El canciller José Féix Fernández Estigarribia confirmó el viernes () () que están en curso negociaciones “secretas” entre nuestro país y UNASUR y MERCOSUR para acelerar nuestro retorno a esas dos asociaciones regionales.

Antes de continuar con las consideraciones que deseo dar a conocer, cabe reafirmar, subrayar y hacer notar que la existencia misma de estas negociaciones “secretas” pone en evidencia que ambos bloques, UNASUR y MERCOSUR, hegemonizados por Brasil, se mueven al márgen de cualquier norma y se guían solamente por las razones que les dictan las necesidades políticas de Brasil.

Brasil necesita resolver el tema paraguayo, pues el mismo está dificultando su proyección internacional y, entonces, Brasil sepulta hoy lo que viene diciendo desde el 22 de junio, a saber, que en nuestro país hubo un golpe de Estado antidemocrático.

Si Brasil tuviera algún principio, si se sujetara a alguna norma, no debería revisar su posición sobre nuestro país, pues nuestro gobierno sigue siendo el que surgió del proceso constitucional y democrático que destituyó a Fernando Lugo y que Brasil califica de “golpe”; pero Brasil no tiene principios ni se sujeta a normas.

La mera existencia de estas negociaciones “secretas” prueba, de un modo incontrovertible, que UNASUR y MERCOSUR no son grupos basados en el Derecho sino satélites de la voluntad política brasileña y nada más y, por tanto, grupos en los que nuestro Paraguay no debe estar mientras no se establezca en ellos el Derecho en vez de la voluntad política brasileña.

Yendo a la cuestión de las negociaciones, ahora Brasil requiere imperiosamente recomponer UNASUR y MERCOSUR porque su brutal agresión contra nuestro país empieza a costarle dinero y prestigio: El mundo entero está viendo que Brasil viola tratados y, por tanto, no es un actor internacional responsable.

Ariel Palacios, blogger de “O Estado de Sao Paulo”, publicó un material () cuya lectura recomiendo calurosamente al canciller Fernández Estigarribia y a cualquiera que pretenda comprender la maniobra que pretende realizar Brasil con Paraguay: Los brasileños quieren retornarnos a UNASUR y MERCOSUR a cambio de que nosotros aceptemos los hechos consumados derivados de las violaciones de los acuerdos que le permitieron excluirnos de ambos grupos y meter a Venezuela en MERCOSUR.

Incluso no sería descabellado suponer que algunas medidas comerciales brasileñas, que perjudican a Paraguay () estén siendo esgrimidas como amenaza si es que no aceptamos sus deseos.

Es decir, Brasil pretende devolvernos lo que nos sacó ilegalmente a cambio de que reconozcamos la ilegalidad, presentando la devolución de lo que nos “robó” (nuestra pertenencia a ambos grupos) como una gran concesión a Paraguay y obteniendo a cambio lo que quería obtener con el “robo”.

Todo a cambio de nada. Brasil pretende todo, a cambio de nada.

El canciller Fernández Estigarribia anunció que los satélites de Brasil nos regalarán como gran privilegio el hacer retornar a los embajadores de Chile y de Colombia al país.

Paraguay nada gana con eso. Pueden retornar todos, que nada cambia, porque el problema no es que retornen los embajadores, el problema no es que nos permitan sentarnos en la mesa de UNASUR o en la de MERCOSUR. El problema es que en ambos bloques, pero principalmente en MERCOSUR, ya no rige el Derecho sino la razón política.

Ese es el problema, y conviene que el presidente Federico Franco y el canciller Fernández Estigarribia no lo olviden. En UNASUR y MERCOSUR rige la razón política sobre la norma jurídica, ese es el problema, ese es el único problema.

Voy a insistir. Que Paraguay esté o no esté en los bloques no es el problema, el problema es que en los bloques no rige el Derecho, sino la razón política.

Regresar a un UNASUR y a un MERCOSUR en los que impera la razón política sobre el Derecho no es una cuestión retórica, es una cuestión práctica de la mayor importancia.

Paraguay no podrá defender eficientemente sus derechos aduaneros, su política arancelaria, su comercio exterior o sus relaciones políticas, en unos bloques donde no impera el Derecho por la sencilla y obvia razón de que Brasil es la quinta economía del mundo y nosotros la ciento y algo.

Donde no hay Derecho, se impone la fuerza, o el peso. Sin Derecho, Brasil es más fuerte que Paraguay y prevalece sobre Paraguay. Quien no entienda eso, no entiende de qué se trata el problema.

Es exactamente la misma cuestión por la que rechazamos unirnos a la Junta de Buenos Aires en 1811, pues dicha Junta no reconocía la igualdad jurídica paraguaya ante ella. De eso se trata la Nota del 20 de Julio de 1811, piedra angular de nuestra Independencia Nacional y de toda la política exterior paraguaya hasta el 15 de agosto de 2008.

En razón de su pequeño tamaño, de su mediterraneidad (lo que supone su dependencia estructural de los vecinos para poder comerciar), nuestro país no puede integrarse a ninguna entidad en la que sus derechos no estén absolutamente garantizados.

La exclusión arbitraria e ilegal de Paraguay de UNASUR y MERCOSUR demostró que esos bloques no garantizan esos derechos, lo demostró en los hechos y, en consecuencia, no hay nada que hacer en esos bloques mientras no se asegure la vigencia del Derecho.

Queda claro pues que el eje articulador de la negociación para un eventual retorno de nuestro país a UNASUR y MERCOSUR no puede ser otro que el restablecimiento del Derecho en ambos bloques y en el establecimiento de garantías sólidas sobre su vigencia ante el peso específico de Brasil.

Cualquier otra cosa es una rendición, una entrega, una traición.

Estas duras calificaciones, “rendición”, “entrega”, “traición” no son aquí expresiones retóricas. Son la descripción de lo que ocurre cuando se sacrifica la posibilidad de nuestro país de negociar en pie de igualdad con los vecinos las muchas materias que tenemos que negociar con ellos para que no nos absorban, para que no nos aplasten, para que no nos exploten.

Son la descripción de lo que acontece cuando se ceden los recursos aduaneros a otros países, cuando se ceden a otros países las chances de discutir aranceles, normas, incluso la política impositiva interna.

Y el restablecimiento del Derecho no puede edificarse sobre el reconocimiento de nada que haya surgido de su violación, como la ilegal exclusión de nuestro país y el ilegal ingreso de Venezuela a MERCOSUR.

Luego, para empezar a hablar de retorno, primero Brasil debe reconocer expresa y formalmente que Venezuela no está en MERCOSUR. Y que Paraguay está de pleno derecho en UNASUR y en MERCOSUR.

Nosotros nada tenemos que revisar de lo actuado, porque todo lo actuado en nuestro país se ajustó rigurosamente a la Constitución Nacional. Admitir cualquier otra cosa sería aceptar que aquí la violamos, lo cual no es verdad fácticamente.
 
Publicado en la edición de La Nación del 14 de octubre de 2012

Venezuela no es una democracia

(foto de f17digital.blogspot.com)


Es realmente paradójico y digno de mencionarse que casi el mismo grupo de personas que durante décadas sostuvo que durante el gobierno de Alfredo Stroessner en Paraguay no había democracia a pesar de las elecciones que periódica y regularmente se celebraban en el país diga ahora que en Venezuela hay democracia solamente porque los venezolanos van a elecciones periódica y regularmente.

Ciertamente, las elecciones son una condición absolutamente necesaria para que haya democracia pero, con mayor certeza todavía, no es suficiente que haya elecciones para que haya democracia.

Pero hay más: No toda elección es una elección democrática; para que una elección sea democrática no basta solamente con que se haga, sino que debe ser libre (todos los interesados deben poder competir), limpia (no se deben robar los votos) y justa (las condiciones en las que compiten los concurrentes deben ser igualitarias).

En Paraguay hay mucha gente que se está apresurando en calificar de ejemplar el proceso electoral venezolano, con el fin de alentar al Senado de la República a aceptar un eventual pedido de Brasil de revisar el rechazo del protocolo de adhesión de la República Bolivariana a MERCOSUR, olvidando todo eso que se ha mencionado.

El candidato perdedor de la elección venezolana, Henrique Capriles, ha reconocido el resultado de la misma, pero eso no modifica lo anterior ni, mucho menos, regulariza los vicios del proceso político venezolano. Los participantes en las elecciones paraguayas del anterior periodo político también reconocían los resultados.

Tampoco legitima lo ocurrido en Venezuela el reconocimiento internacional otorgado por la mayor parte de los países que se pronunciaron sobre el proceso, pues ese reconocimiento puede muy bien deberse a imperativos de los intereses nacionales de cada país.

La elección del pasado domingo 7 de octubre en Venezuela no fue libre, pués en ese país hay literalmente unos trescientos políticos opositores a los que se impide competir mediante procesos administrativos incoados en su contra por denuncias gubernamentales; no fue justa, pues todo el aparato del Estado venezolano se usó durante toda la campaña electoral a favor del candidato oficial; y no se sabe si fue limpia, pues ninguna organización internacional pudo observar el proceso de manera independiente debido a la prohibición que el régimen venezolano impuso mediante el artículo 484 del Reglamento General de Elecciones de Venezuela.

Pero aún cuando las elecciones venezolanas fueran perfectas, aún así Venezuela debe ser definida como una dictadura.

En Venezuela impera una asociación entre el partido de gobierno, el Partido Socialista Unificado de Venezuela, y la Fuerza Armada bolivariana, cuyos miembros deben prestar un juramento faccioso para desempeñar sus funciones y cuyos comandantes deben comprometerse con ese proyecto político.

Esa asociación es clásica y definitoria de las dictaduras y los paraguayos que dicen que en Venezuela hay democracia lo olvidan, quieren ocultarlo, pasarlo por alto.

En Venezuela no hay división de poderes, pues el señor Hugo Chávez Frías concentra de hecho todos los poderes incluso formalmente, como cuando habitualmente recurre a las llamadas “leyes habilitantes” por las que la Asamblea venezolana le cede “temporalmente” funciones legislativas.

La división real de poderes es, con las elecciones periodicas, libres, limpias y justas, el elemento estructural más importante que define a cualquier democracia y los paraguayos que dicen que en Venezuela ha democracia olvidan que en ese país no hay división de poderes, quieren ocultarlo, pasarlo por alto.

Los paraguayos que pretenden que el Senado de la República revise el rechazo del protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR no deberían mentir sobre la naturaleza del régimen venezolano y deberían decir la verdad: Que quieren que se revise eso porque eso es lo que pide Brasil.


Publicado como Editorial de La Nación del domingo 14 de octubre de 2012
 

La trampa de Antonio Patriota

Enrique Vargas Peña (foto de agenciabrasil.ebc.com.br)

Además de los medios nacionales, la mayor parte de las agencias noticiosas que cubren noticias sobre nuestra región del mundo y los diarios importantes que se ocupan de ella (“Estado de Sao Paulo” o “El País” de Madrid) dieron a conocer entre el viernes y el sábado unas declaraciones del canciller brasileño Antonio Patriota referidas a Paraguay.

Al efecto de mantener todos sus matices originales y su verdadero alcance, voy a transcribir a continuación, sin traducción, en portugués, la versión que de las declaraciones del señor Patriota tal como aparecieron en “Estado de Sao Paulo”:

“A nossa expectativa é que o Paraguai retorne o mais pronto possível assim que seja retomada a vigência democrática… A manutenção do calendário eleitoral foi considerada positiva”, disse Patriota a jornalistas após participar de um encontro com o ministro de Relações Exteriores do Uruguai, Luis Almagro”.

“Legalmente (o retorno) poderá ser a partir do momento que os membros” (MERCOSUR-UNASUR) “decidirem. Pode ser a qualquer momento”, afirmou ele”.

“Patriota disse que os chanceleres dos países do Mercosul não retornaram ao Paraguai desde a saída de Lugo, mas que os membros não precisam, necessariamente, aguardar a próxima reunião de cúpula do bloco, em dezembro em Brasília, para discutir a questão”.

A partir de estas declaraciones, los partidarios de MERCOSUR en nuestro Paraguay están de fiesta, porque su patrón, Brasil, les da, mediante Antonio Patriota, esperanzas de reincorporarse al proceso que llaman de “integración”.

Incluso el propio canciller nacional, José Félix Fernández Estigarribia, sostuvo ayer en ABC que “nos parece muy importante que el canciller Antonio Patriota comience a considerar la posibilidad de levantar las sanciones lo antes posible”.

Es indudable que las expresiones de Patriota son más suaves que las de los demás cancilleres de MERCOSUR y que la suavización de la posición brasileña parece un avance con relación a la intransigencia anterior.

Pero dichas declaraciones confirman (“confirmar. Del lat. confirmāre.1. tr. Corroborar la verdad, certeza o el grado de probabilidad de algo. 2. tr. Revalidar lo ya aprobado.3. tr. Asegurar, dar a alguien o algo mayor firmeza o seguridad. U. t. c. prnl”) que Brasil se sigue arrogando la potestad de certificar la validez del proceso democrático paraguayo y que Brasil sigue pretendiendo que Paraguay acepte el hecho consumado del ingreso ilegal de Venezuela a MERCOSUR.

Brasil se sigue arrogando la potestad de certificar la validez del proceso democrático paraguayo cuando Antonio Patriota dice que “A nossa expectativa é que o Paraguai retorne o mais pronto possível assim que seja retomada a vigência democrática…”

Brasil, el país que ha calificado de “democrático” el proceso electoral venezolano, en el que todo el Estado, desde sus recursos hasta sus Fuerzas Armadas, se volcaron decidida e impúdicamente a favor del candidato a la reelección Hugo Chávez, se arroga la potestad de verificar la validez del proceso democrático paraguayo.

No sé si el canciller Fernández Estigarribia o el presidente Federico Franco o los nueve senadores liberales que siempre coinciden con Brasil quieren aceptar que un país que avala a la dictadura que oprime a Venezuela sea el que certifique si en Paraguay hay o no democracia, pero yo no lo acepto.

Brasil carece de altura moral para certificar la validez de la democracia paraguaya o de cualquier democracia. Brasil es el soporte de la dictadura venezolana y no tiene credibilidad para hablar de democracia en ninguna parte.

Brasil sigue pretendiendo también que Paraguay acepte el hecho consumado del ingreso ilegal de Venezuela a MERCOSUR. Cuando el canciller Patriota dice que “Legalmente (o retorno) poderá ser a partir do momento que os membros” (MERCOSUR-UNASUR) “decidirem. Pode ser a qualquer momento”, da por sentado que cuando a ellos se les ocurra, tendremos que dar las gracias y hacer fiesta porque nos permitirán sentarnos con Venezuela en la mesa de MERCOSUR.

Brasil, el país que violó (“violar. Del lat. violāre.1. tr. Infringir o quebrantar una ley, un tratado, un precepto, una promesa, etc”) groseramente los artículos 4 y 5 del Protocolo de Ushuaia (I) para proceder a violar seguida y desembozadamente los artículos 37 del Protocolo de Ouro Preto y 20 del Tratado de Asunción para introducir ilegalmente a Venezuela a MERCOSUR pretende que aceptemos todo eso y nos sentemos a su mesa como si nada.

No sé si el canciller Fernández Estigarribia o el presidente Federico Franco o los nueve senadores liberales que siempre coinciden con Brasil quieren aceptar que un país que pisotea los tratados y los acuerdos sea nuestro socio, pero yo no lo acepto.

Es decir, la suavización de la posición brasileña es solamente la zanahoria que se pone delante del caballo para que acelere el paso, pero el látigo sigue ahí por si la zanahoria no es suficiente.

Supongo que todo el mundo conoce la figura de la zanahoria y el látigo.

No hay ningún cambio de sustancia en la posición brasileña. Brasil sigue considerándose el amo del juego. Un amo que puede hablar más suavemente, pero que no deja de recordar que es el amo.

Lo que habría que analizar en todo este episodio de las declaraciones de Antonio Patriota es la razón detrás de la suavización.

Ya relaté que me explicaron en Nueva York que el gobierno bajó los decibeles del discurso del presidente Federico Franco ante Naciones Unidas a pedido de Colombia, porque Colombia estaría tratando de arreglar un entendimiento que le permita a Brasil una salida elegante.

Brasil requiere de la salida elegante porque todo el mundo sabe ahora que es un país que apoya a dictaduras y que viola tratados y, por tanto, es un actor internacional poco confiable.

Pero Brasil cuenta con los malos paraguayos que siempre han negociado en nombre de Paraguay pero a favor de Itamaraty y, entonces, la intermediación colombiana se usará no solamente para que Paraguay acepte dar a Brasil una salida elegante, volviendo a MERCOSUR, sino en las condiciones que Brasil pretende, es decir, aceptando que puede fiscalizar a nuestra democracia y a Venezuela dentro del bloque.

Para dar argumentos a esos malos paraguayos es que Antonio Patriota suaviza la posición brasileña, para permitirles decir que como “Brasil se suaviza, nosotros también tenemos que suavizarnos”.

Como premio por ceder nuestros principios, nos regalan volver a un MERCOSUR con la dictadura venezolana como miembro pleno y a CELAC (a la reunión de Santiago) y a todas esas organizaciones a través de las cuales Brasil ejerce su hegemonía.

Espero que el presidente Franco no caiga en la trampa. Espero que el canciller Fernández Estigarribia no caiga en la trampa. Espero que el Partido Liberal, con tantos simpatizantes de Brasil que ya lo perjudican, no caiga en la trampa.

Y si ellos caen en la trampa, espero que el Partido Colorado asuma la defensa de los principios que constituyen el interés nacional paraguayo.


Publicado en la edición de La Nación del 07 de octubre de 2012