DERECHO A PENSAR DISTINTO

Hay que decirlo con mucha tristeza, pero nuestra sociedad aún no se encuentra preparada ni madura para enfrentar con cierta altura, el tratamiento de algunos temas que resultan muy delicados, y que involucra apelar a la conciencia de cada uno de los ciudadanos, y también a la de todos, en su conjunto. 

Cuestiones que en otros países, del mismo modo que aquí, levantan polvareda, pero allí nadie se rasga las vestiduras ni grita por todos lados que el mundo se está acabando, ni que ya no existe más ética ni moral, ni que somos herejes y por esos malos pensamientos mereceríamos vivir eternamente en el purgatorio.

Un claro ejemplo de lo que estoy diciendo, es lo sucedido con la ley de divorcio. En todos los países se hicieron manifestaciones, tanto a favor como en contra; pero fue finalmente el Estado quien tomó la debida intervención en el caso y se mostró totalmente independiente a cualquier tipo de devaneo místico. Según mi modesta opinión siempre es mejor separar la paja del trigo.

Todos de una manera u otra, tenemos una creencia y una fe. Ahora bien, según mi humilde parecer, estos dos elementos deben necesariamente formar parte de nuestra vida, pero no toda nuestra vida girar en torno de la creencia y la fe. Cuando sucede esto último, el ser humano se torna inevitablemente fanático, fundamentalista y por encima de todo, egoísta, ya no escucha ningún tipo de razón por más valedera que esta sea. 

Volviendo al divorcio, tenemos que nadie se casa para divorciarse al otro día, y menos lo hará por simple deporte. Pero sea cual fuere el motivo de la separación definitiva de la pareja, que tiene todo el derecho a equivocarse, en la elección, la ley tiene obligatoriamente que contemplarla, se use o no. Porque la ley está para eso, para ayudar a las personas, incluso a aquellas que se equivocan.

Y claro que uno se puede equivocar, porque cuando uno se casa totalmente enamorado, se pierde la perspectiva de la cosa y no se da cuenta que alrededor de la pareja aparecen muchas variables que nunca fueron contempladas de soltero, pero luego, con la convivencia, muchas cosas cambian. 

Si se deja atrás un partido político, un equipo de futbol, un país, una nacionalidad, porque no se puede dejar a su pareja y reiniciar una nueva vida con otra. 

Ahora bien, estoy totalmente de acuerdo con que lo que Dios une, el hombre jamás lo puede separar. Eso es terminante y definitivo. Como también no es menos cierto, que el pecado no tiene ningún tipo de cabida dentro del ordenamiento jurídico. Eso significa, según una conocida cita bíblica, “darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Por eso considero bastante estúpido, sensacionalista y con una gran dosis de egoísmo, aquellas movilizaciones que pretendan impedir que con leyes progresistas se cubran los “baches jurídicos” que nos ofrece generalmente nuestra legislación. 

Casi siempre son los mismos contestatarios de siempre, los que se oponen según su cerrado criterio, importándoles muy poco el pensamiento de la gente que no tienen ni sus mismas creencias ni sus parecidas convicciones. 

Esa total falta de respeto observado en este tipo de personas, hacia lo que piensan distinto a ellos, puede llegar a ser irritante. Nadie les pide que usen obligatoriamente el divorcio, por ejemplo, si así no lo desean, pero que tengan la grandeza de dejarlo utilizar a quienes por una u otra razón lo necesita para rehacer su vida. 

Sin embargo es como “pedirle peras al olmo” que la Federación de Asociaciones por la Vida y la Familia (Fedavifa), la Asociación de Pastores Evangélicos del Paraguay (Apep), el Servicio de Amor y Vida (Seavi), Laicos por el Cambio (Laicam), entre otras tantas organizaciones de corte típicamente verticalista y pensamiento abierto y flexible “cero”, puedan llegar a entenderlo. 

Estos son los responsables, muchas veces, del gran atraso que sufren muchos países tercermundistas, debido a que son una molesta minoría, pero que sus palabras y opiniones tienen un peso que gravita a la hora de la toma de decisiones, a causa que la mayoría de sus miembros ocupan lugares preponderantes en la sociedad y las altas esferas de los distintos gobiernos. 

Ha pasado varias veces lo mismo, con gente tan intransigente como aquellos, como pueden ser Los Testigos de Jehová, en cuanto a la transfusión de sangre. Para ellos todo está “purete”, sin embargo los directores de los distintos centros asistenciales, se ven en figurillas, cuando deben recurrir a una orden del juez para evitar que un paciente fallezca ante su negativa o la de sus parientes a recibir sangre de algún donante. 

Ya se encuentra en tratamiento el proyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva en el cual se reconoce el derecho a la salud sexual y reproductiva de mujeres y hombres como una parte integral de la salud consagrado en nuestra Constitución Nacional. 

Esta ley evitaría la muerte innecesaria de cientos de mujeres que por ignorancia, desidia o simplemente pudor, no consultan a un médico universitario, recurriendo a una comadrona empírica. Lo que se pretende es bajar los altos índices de mortalidad materna durante el parto y el postparto, así como preservar la vida del bebe. 

Sin embargo, los fundamentalistas de siempre, están a la orden del día, comenzando a levantar mucha tierra, ante la posibilidad de su sanción. No quiero saber cómo actuarían estos vándalos si iniciáramos las primeras bocetos acerca de la eutanasia, la pena de muerte, el aborto, el casamiento homosexual, el suicidio asistido y la castración química, que son temas muy conflictivos, pero que tarde o temprano se tendrán que debatir abiertamente y a “calzón quitado”, siempre con las recomendaciones del caso, para evitar los excesos y tener a mano el derecho a pensar distinto.

SE ACEPTA TODA CLASE DE CRÍTICAS

Los otros días, mirando un programa de televisión, observé divertido, como un entrevistado se ponía nervioso ante las agudas e incisivas preguntas que le hacían, a este personaje, un numeroso panel de periodistas, todos conocidos y de larga trayectoria en la profesión.


La mayoría de las preguntas giraban sobre cuán buena era su gestión comparándola con la del funcionario sucedido, teniendo en cuenta las ácidas críticas, que este hacía de aquel. El hombre intentaba evadir todas las consultas que los informadores le hacían. Había algunas preguntas tan directas, disparadas a  quemarropa y otras, simples insinuaciones dirigidas a un presunto enriquecimiento ilícito.


Era gracioso, verlo revolverse de rabia, en su asiento, y tratando de disimular su indignación, ante sus interrogadores y las cámaras de TV. Seguro que en las casas, estarían atentos a las preguntas y respuestas como en un partido de tenis, mirando hacia un lado y luego al otro. Claro que se sentía molesto, cualquier ser humano lo estaría, si es que tiene sangre en  las venas.

Es parte indiscutible del ser humano, el morbo que tiene dentro de sí. Cuando el hombre presencia un acto en el trapecio, no desea admirar el artista de la altura, como evoluciona en sus piruetas y con  asombrosa agilidad plástica, saltar de trapecio en trapecio, desafiando a la muerte. No, desea abiertamente, en lo más profundo de su ser, que las manos sudadas del trapecista, se resbalen, que no pueda sujetarse y caiga al vacío sin remedio.

Se lamentará hipócritamente por verlo destrozado en el suelo, ante cualquier persona que le sirva de testigo, y así canalizar su culpa, pero en el fondo, esa era su expectativa. Ver la sangre del artista en el medio de la pista y el ulular de la sirena. De la misma manera, la gente espera ansiosamente que el político caiga en contradicciones y los periodista expongan a la luz, todos sus trapitos sucios. 

Otra forma de ver el morbo en el homo sapiens,  es la descontrolada difusión en los medios masivos de comunicación, únicamente  aquellas noticias que contengan asesinatos, sexo, triángulos amorosos y si estos son de personas conocidas, mucho mejor, coimas variadas de funcionarios influyentes, intimidades escabrosas de las  “botineras”, y difundir los secuestros y los datos  que tengan que ver con el lugar donde se encuentra el “aguantadero”, y así poner en aviso a los delincuentes. 

Esto forma la cadena del morbo, porque la noticia buena no vende. ¿A quién le interesa que chicos del Chaco  tengan Internet, en sus escuelas? o que produzcan el alimento necesario para su merienda dentro del predio escolar. 

Que un artista paraguayo obtenga un premio en el exterior o que si se reconvierte la industria textil pirata, encontraría buenos mercados en el exterior; por ejemplo.

A nadie, solo vende lo inmundo, lo bajo y lo indigno. Si es posible con letra catástrofe. Porque saber cuántos hijos aún no se le han descubierto al presidente tiene más “punch” que interesarse por los  becados en el extranjero que regresan para capacitar a otros jóvenes. Esto último se pondría en algún huequito perdido y con letras bien chiquitas, porque esto no da consumo. A mayor cantidad de pechos y nalgas a todo color que se publique, menos materia gris se encontrará en los lectores.

Es por esto que un medio que difunda buenas noticias, no duraría en el mercado ni dos meses. Las críticas malsanas y el  intercambio de insultos es muy “fashion”. Ahora bien, una figura pública debe estar preparado para soportar todo el chubasco que se les venga y de esto no hay salvación.

Se los acusará de cuanta locura o bajeza exista en el planeta, con razón o sin ella, eso no importa, siempre hay tiempo para rectificarse o negarlo hasta el fin. Tampoco importa que el sujeto quede embarrado hasta el cuello o se lesionen sentimientos personales de terceras personas inocentes. 

Ese es el riego que se corre al entrar al gran juego de ser famoso. De salir abruptamente del anonimato y darse a conocer. Esas son las reglas de juego o el precio que hay que pagar por ser famoso: la pérdida total de la intimidad y el roce cotidiano con la difamación.

Ahora, si esto no le gusta, entonces quédese tranquilo y bien calladito en su casa e intente ser una persona normal, porque insultos y críticas son parte de la cosa y como para terminar les dejo un viejo cuento que no por viejo es menos cierto y dice más o menos así:

Cierto día, un hombre, su mujer y su hijito, van de paseo con su burro. Llegan a un pueblo, y la gente comenta: “Mira ese niño maleducado, viaja sobre el borrico mientras sus padres caminan.” Entonces, la mujer le dice al  esposo: “Qué nadie hable mal del niño. Sube tú al burro”. Se baja el niño y sube el hombre.

Al llegar a otro pueblo, la gente comenta: “Qué  sinvergüenza, un niño y una mujer tirando del burro, y él, cómodo encima.” Entonces, sube ella al burro y padre e hijo tiran de las riendas. Al pasar por el tercer pueblo, la gente dice: “¡Pobre ese hombre!, que trabaja todo el día, y ese niño con semejante madre desconsiderada.”

Deciden entonces subir los tres al burro, y continuar el viaje. En el pueblo siguiente, escuchan que dicen: “¡Que bestias, son más bestias que el burro, con el peso de los tres, lo van a partir en dos al pobre animal!” Al escuchar esto, bajan los tres y caminan junto al burro. Al pasar por el pueblo próximo, no pueden creer lo que escuchan: “¡Mira a esos idiotas: caminan, en vez de montar al burro!”

Cansados de no conformar a la gente, el hombre se ríe, y besa a la mujer. Esta besa al hijo y el hijo acaricia al burro, que rebuzna de alegría. Los cuatro marchan felices olvidando quién monta encima del burro.

¿QUIÉN LE TEME AL EPP?

Durante toda mi vida, siempre fui un acérrimo enemigo de la violencia, viniera de donde viniera y nunca acepté las excusas que se daban por propiciarla. También, he sido, desde que tengo uso de razón, un defensor de los derechos humanos tanto como la autodeterminación innegociable de los pueblos, a regir sus propios destinos.

Mucho tuvo que ver, las múltiples lecturas que hacía de Mahatma Gandhi, Rousseau, Lin Yutang, Hermann Hesse, entre otros,  cuando apenas era un adolescente, y de eso hace mucho tiempo atrás. Pero casi siempre tengo presente sus frases, que me marcaron para el resto de mi vida.


Hice un pequeño preámbulo, pero a medida que ustedes vayan metiéndose en el comentario, entenderán porque hice esa pequeña antesala. En la década del 60 y 70, comenzaron a formarse grupos de izquierda, reaccionando contra el poder de la ultraderecha que asfixiaba, a casi toda nuestra  América hispanoparlante.

Todos esos gobiernos títeres instalados y financiados por fuerzas de extrazona, comenzaron a generar tal opresión y tiranía que no se necesitó ser adivino para saber que, en cualquier momento, podría venir una reacción. Cuba, se colocó en la vereda de enfrente de USA, desde 1959, y comenzó a entrenar y exportar guerrilla a Sudamérica y  África.

Así nacieron grupos armados irregulares, siendo los más nombrados el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y Montoneros en Argentina, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Sendero Luminoso en Perú, Tupamaros en Uruguay, la guerrilla sandinista en Nicaragua, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el Estado de Chiapas, México y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez  (FPMR) de Chile, por citar algunos.

Apenas comenzadas sus operaciones, de inmediato las rechace de plano. Toda aquella violencia extrema, tanto de un lado  como del otro; me pareció brutal y cavernícola. Sin embargo, al menos todos aquellos grupos guerrilleros, tenían un ideal, aunque utópicamente romántico, difícil de alcanzar, pero ideal al fin.

Creían ciegamente en su ideología y que ese era el camino para liberar a los pueblos del fascismo y así darles, a sus conciudadanos, una mejor calidad de vida, bajo el manto marxista. Esos mismos grupos, vistos a la distancia, en especial los guerrilleros argentinos, chilenos y uruguayos, tenían al menos, cierto tipo de ética, muy particular y extraña, por cierto, porque atacaban solo blancos militares o bienes de multinacionales a los que consideraban sus enemigos, por explotar a las clases obreras. En fin, cosa de zurdos.   

No toda la guerrilla era así. Sendero Luminoso y las FARC cuyos oscuros objetivos, eran el imperio del terror mediante la toma y masacre de pueblos enteros, solo por no plegarse a sus ideas o ante la mínima sospecha de delación de los aldeanos, para que aparecieran en medio de la noche y asesinaran a todos, sin piedad. Estos pueden ser los antecedentes directos del EPP.

Otros grupos respiraban amor por su tierra y odio a los invasores que la habían tomado por la fuerza. Como el IRA irlandés, que ha luchado desde hace mil años por sacarse a los ingleses de encima y todavía no lo han logrado. Tomar lo que no es suyo es propio de los ingleses. Gibraltar y Las Malvinas son dos pequeños ejemplos.

La ETA de los vascos, que no se sienten españoles, y prefieren gozar de  su autonomía, su idioma y su cultura, cuando se les cante las ganas, y sin pedirle permiso a Madrid. Estas dos muestras de guerrillas “patrióticas”, como a las anteriores se las podría llamar “ideológicas”. Con esto no justifica su violencia ni pretendería avalar sus actos; pero ellos de una manera u otra tienen motivos valederos, coincidamos o no en sus razones y en los fines para lograrlos.

En Paraguay, aterriza una pandilla de inadaptados, que escudándose detrás de un barniz marxista, funda un movimiento político. Este se llamaba Patria Libre. Allá por 1990. Luego comienza a atraer adeptos con poco seso y mucha sangre fría. En el 2001 sus líderes Juan Arrom y Anuncio Martí, son acusados por la justicia paraguaya de llevar a cabo varios secuestros. Entre estos se encuentraba el de  María Bordón de Debernardi.

Ante el “sarambi sorokue” armado por la prensa y la seudo “justicia paraguaya”, esos dos siniestros personajes huyen a Brasil, en donde piden asilo político (¿?). El movimiento aparentemente terminado, se recicla, y convierte en una pandilla “ñembo” reivindicadora de la justicia social.


Pomposamente se autodenomina EPP o Ejercito del Pueblo Paraguayo. Deja de lado sus ideales, y la simulada capa de marxismo salvador y la cambia por el metálico capitalismo y sus sucios billetes de 100 dólares. El producto de los secuestros a gente prominente, nunca fue a parar a manos de los pobres. Ellos fueron obligados a recibir, solo una vez, unas cuantas vacas locas.

El EPP no es Robín Hood ni sus objetivos van más allá de robar y vivir sin trabajar. Solo son una banda de mercenarios jugando a ser reivindicadores sociales. En cuanto a los pobres, ellos están resignados a su destino y no va a ser esta banda de forajidos que los libere de tal “tygerakû”. Su máxima suerte se demuestra en Curuzú de Hierro, en donde se pone en el tapete que tenemos una policía ineficiente que pretende reemplazar a los militares y no dan pie con bola.

Una justicia incompetente y un ministro que ya tendría que haber renunciado, por vergüenza de enviar hombres a la muerte y que estos vuelvan con las manos vacías. El EPP no tiene otra egoísta ideología que ser mercenarios y desvalijar a sus víctimas y vivir lo mejor que el dinero del otro pueda comprar.

No piensa en el pueblo, si no, en ellos mismos. No quieren el poder para cambiar el sistema, solo desean el caos por el caos mismo, porque a río revuelto, ganancia de pescadores. 

Sus seguidores de a poco se irán desengañando, ya que el paraguayo no acepta órdenes de lo que tiene que hacer, cómo lo debe hacer y en qué preciso momento. El paraguayo es un alma libre y rebelde que genéticamente rechaza la verticalidad y mucho menos que lo manden.

El modelo cubano jamás resultará aquí tanto como el de las FARC. En consecuencia el EPP está totalmente fuera de contexto como lo estaría el senador Alfredo Jaeggli haciendo publicidad de productos dietéticos.