UN ABRAZO PARA LOS CHICOS

Ya he dicho reiteradamente, en mis escritos, que las cosas más bonitas, que se pueden apreciar, son gratis. Ver un amanecer en el mar; observar un anochecer en el campo. Divisar el horizonte desde un lugar bien alto. Percibir el perfume de las flores, en primavera; apreciar una arboleda con los lapachos florecidos.

Tenderse en el pasto, una calurosa noche de verano y mirar como  una hermosa luna llena, te hace un guiño. Todo esto se puede gozar mucho más, con una buena compañía a su lado. Ya que todo lo antedicho no deja de ser romántico y el amor como todo sentimiento, también es gratis.

Y el amor se puede manifestar de mil modos distintos y en los momentos menos esperados. Eso me pasó, hace casi un año atrás. Buscando algún tema, para mi programa de Radio Corpus, de Ciudad del Este. Por casualidad, me encontré de frente con una de las cosas más lindas y emotivas que me tocó vivir, en mi vida.

Una buena amiga me pidió que la acompañe, a conocer gente que trabaja con niños y niñas de la calle. Ella es profesora de arte y ofrece cursos gratuitos en la Biblioteca de nuestra ciudad. A pedido de una coordinadora, concurría a tomar un primer contacto, a fin de planificar un curso en base a edad y entendimiento.

No bien traspuse la puerta de entrada, me embargó una extraña sensación, que se apoderó de todo mi ser. Chicos alegres, sentados frente a un televisor, disfrutando una vieja película cómica. Niñas conversando y jugando entre sí, como si todos sus problemas se hubieran quedado detrás del portón.

Pero fueron las sonrisas de dos personas, las que me atraparon, y me hicieron reflexionar. Eran dos sonrisas francas y sinceras, llenas de amor hacia su trabajo y eso lo sentí al primer impacto. 

Luego, di un par de vueltas por el lugar y conversé con los chicos. Algunos se prestaban de mil amores y otros, tímidos hasta el caracú, me miraban con sus ojos abiertos, pero sin articular palabra alguna.

Entonces, de pronto, me acordé de aquellos cuentos que les contaba a mis hijos, que no tenían ni pies ni cabeza, pero que los divertía hasta las lágrimas. Y los hice reunir, formando una medialuna, bien sentaditos y comencé a narrarles cualquier cosa que me viniera a la mente. Ellos se divirtieron mucho y yo también. Incluso mi amiga, quedó desconcertada, ya que desconocía mis talentos como payaso y mimo.

Esto que acababa de hacer, fue para mí, una especie de hobby o una descarga anti estrés, por llamarlo elegantemente de alguna manera; pero me ponía en el papel de las funcionarias y funcionarios que trabajan allí, y con mi poquísima paciencia, no querría, por ningún motivo estar ni diez minutos en sus zapatos.

Una cosa es una visita de una hora y otra muy diferente, compartir con estas criaturas, problemas, angustias, temores, desencantos, rabia contenida, rebeldía expuesta a cada instante, mirada y gestos desafiantes y relatos de niños maltratados, que merecen otra oportunidad en la vida.

Ese trabajo no lo haría ni ebrio ni borracho, no por falta de amor o sensibilidad, hacia los niños, si no porque no tengo el toque de la paciencia. Esta es una preciosa virtud, que hace muchos años que he perdido para siempre. Pero por sobre todas las cosas, no sé si estaría capacitado para tan abnegada y delicada obra.

Y esta gente lo hace tan, pero tan bien, que hasta las envidio por hacer cosas, mucho más allá de los deberes de un funcionario público. Dar amor, cariño, protección, consejos, hacer de papá y mamá, cuando los verdaderos; aquellos que los concibieron y echaron al mundo por deporte, no les interesan mucho.

Eso no está contemplado en los deberes del funcionario estatal, eso es un plus personal que esta maravillosa gente de Abrazo de Ciudad del Este, que es la institución a la cual me he referido desde el principio. Ellos, los que hacen a esta repartición nacional, grande de verdad, ponen en cada acto, su cuota de profundo amor, por lo que hacen.

Luego de aquella primera visita, he vuelto muchas veces más. No todas las que hubiera querido, pero he retornado. Cuando mis obligaciones y mi colapsado físico así, me lo han permitido. Mantengo comunicación con ellos, ya que su lugar operativo no se encuentra muy lejos de mi radio de acción.

Hice muy buenas migas con varias personas de las que prestan allí sus servicios. Y les hago saber mi admiración por el magnífico trabajo que ellos llevan a cabo. Todo se hace allí con muchísimo amor. Una cosa es decirlo o escribirlo y otra muy diferente es verlo con sus propios ojos. El ambiente, de por sí, es mucho más tranquilo de lo que ustedes pueden pensar.

Desde jugar con los más chiquitos, hasta la forma como se preparan los  alimentos, pasando por una extensa variedad de actividades y actitudes que para ellos es normal, pero para el que viene de afuera como simple espectador, lo sensibiliza y emociona. 
Y el amor como antes dije, va mucho más allá de los deberes. El presupuesto nacional tiene previsto comida, vestimenta, enseñanza, útiles escolares y hasta alguna que otra golosina.

Sin embargo, estos chicos, a pesar de haber caído en muy buenas manos, siguen siendo carentes en muchos aspectos. Es por eso que en todo momento se les hace sentir “buenas ondas”, ellos necesitan por sobre todas las cosas que se los tengan individualmente en cuenta, como persona, no como un integrante de la masa.

Por ese motivo, los funcionarios, muchas veces deben meter mano en sus escuálidos bolsillos, para satisfacer insignificancias para otros, pero  para estos chicos, cualquier cosita que se les ofrezca es  fantástico. 

A la mayoría, jamás se les festejó un cumpleaños y en Abrazo, eso es ley para todos, sin excepción. Sin embargo esto, no está para nada contemplado en el presupuesto anual. 

Por lo tanto, si usted es una persona que se queja de todo, pero nunca hace nada; aquí tiene la oportunidad de cambiarle el destino a cientos de criaturas que no tuvieron su suerte. Acérquese a Abrazo de Ciudad del Este, y traiga una tortita o cotillón o alguna gaseosa o jugo o done parte de su tiempo libre para hacer feliz a un niño, dándole un gran beso y un reconfortante Abrazo.

AUTÉNTICAS PIEZAS DE MUSEO

A través de los años, he visto como muchas cosas, que en su momento estaban bien establecidas, con el correr del tiempo, perder de a poco su vigencia. Eso ha provocado que en innumerable  veces quedara en “offside”, o pertenezca al “viejazo” o sea visto como el último sobreviviente de “Jurasic Park”.

Sin embargo, nunca he dejado de actualizarme, porque no hacerlo, implica morir un poco y aún sigo aferrándome a la vida, con uñas y dientes. Durante los últimos años aprendí a usar la mayoría de las herramientas que nos entrega la tecnología, con lo cual mi trabajo se ha vuelto mucho más sencillo.


Como me gusta mucha hablar de política económica tanto mundial como regional, comencé a bucear en internet y aprender más rápido que usando cualquier tipo de enseñanza convencional.

Y así comencé a “des-asnarme”, y luego ataqué otros temas que son de mi interés. Esto va, en cuanto a actualizarse, refiriéndome en materia de conocimientos. Pero si hablamos de mi imagen exterior, muchas cosas, a esta altura de mi vida, ya no se pueden cambiar y la resignación cunde en mi ánimo.

Sería ridículo ponerme aritos o “piercing”, en los lugares más insólitos de mi anatomía. Como hacerme esos tatuajes de serpiente, en los brazos. Justo en los míos, que son tan delgados, que si entra el grabado de un solo fideo, ya satura el espacio.

Tampoco ya no me animo a usar bermudas, porque mis piernas son tan flaquitas, que es toda una tentación para los pichichos. En fin, no me refiero a este tipo de cosas que han quedado en el olvido. Hablo de aquello que tenga que ver con lo espiritual.

He visto muchas veces que, cuando llega el padre a la casa, lo primero que le dicen a este, es: ¿Qué me trajiste?, parece que no existe más el beso y el saludo de los hijos. Prácticamente hay que obligarlos a que lo hagan.

Si hacemos un breve recuento de las cosas más importante que han pasado al museo, o se extinguieron, tendríamos varias sorpresas. Entre ellas:

·       Los famosos “tomasitos” o los molestos chaperones
·        Regresar a la casa un sábado a las 12 ó 1 de la madrugada
·        Modelos de pasarela que no hagan sus extras
·        Políticos honestos

·       Funcionarios públicos idóneos
 Dar el asiento en el colectivo a una embarazada
·        Calles limpias y sin baches
·  Atendimiento gentil en cualquier repartición pública
·    Cobro justo por un servicio prestado por una empresa estatal 
·        Abogados leales y con honorarios razonables
·        Una televisión sana con programas para toda la familia
·        La ropa interior femenina
·        Las profesoras que sabían “un montón” y daba gusto aprender
·   Los buenos vecinos que no dejaban su perro suelto ni poner la música a todo volumen, un domingo a la siesta

         La noviecita que no te ponga los cuernos con     tu mejor amigo.
            La verdadera fiesta de San Juan
    Programas de TV infantiles sin dibujos animados japoneses
      Que Navidad y Año Nuevo sean fiestas litúrgicas y no gastronómicas
       Los médicos que te quieren curar sin necesidad de operarte
        Las novelas que no tengan sexo ni se basen en la infidelidad;
       Ir tranquilo a ver un partido a la cancha;
        Los cines de barrio
    Hablar con alguien que te ignora, por chatear con su celular.
·        El romanticismo entre las parejitas
·        La confianza, al dejar los hijos en manos de curas o pastores
·        Salir de viaje sin transformar la casa en un bunker
·        Encontrar un baño público limpio

·  Una sola cuadra que tenga vereda o numeración correcta
·     Vendedoras del microcentro que sean amables
·       “Mesiteros” que no ensucie la vereda y que no piense que los barrenderos municipales están para su uso exclusivo.
·        Los motociclistas que recorrían la ciudad, sin molestar a nadie
·        Los Reyes Magos
·        La cigüeña que nos traía de París
·        El karai vosa fue reemplazado por los cientos de mendigos 
·    El ratón Miguelito, quien te ponía dinero debajo de la almohada, cada vez que se te caía un diente de leche
·        La importancia de la virginidad
·        La medallita que te regalaba el cura
·        El respeto hacia la gente mayor
·        El amor a la lectura
·        Las plazas limpias, hermosas y seguras donde oxigenarse
·        Los tratos de palabra y sellados con un apretón de mano
·        Que te inviten a comer un asado

·     El funcionario público que salía con el mismo patrimonio con el que había entrado;
·        El campesino que se dedicaba a trabajar su chacra y no invadir terrenos ajenos
·        Las  frondosas y enmarañadas selvas paranaenses
·        Ríos cristalinos sin contaminación
·        Tierras sin agroquímicos ni fumigadas con pesticidas
·        Alimentos sin elementos manipulados genéticamente
·        Mujeres que no tengan algo de plástico en sus cuerpos
            Banqueros decentes
·        Legisladores que siempre se acuerden quien los votó
·        Jueces que impartan realmente justicia
·        Policías que cumplan con lo que juraron al salir de la Academia.
Estos han sido, solo algunos ejemplos de cosas que hemos perdido para siempre y presiento que nunca más volverán. Lo lamentable es que nuestros hijos y nietos no tendrán jamás la oportunidad de conocer y disfrutar de esas pequeñas y hermosas cosas perdidas, ya que entraron, hace mucho tiempo atrás, en la fase de extinción. No  podrán verlas más, a no ser que las descubran, perdidas en algún museo, secas y momificadas.  

LOS MILITARES EN ÉPOCA DE PAZ

Aún estando en medio de grandes carencias y enormes necesidades, quizás producto de la gran pobreza de dirigentes de nivel, abundantes en nuestro espectro político, es que llegamos hasta donde hoy nos encontramos. Sin embargo, el mundo sigue andando y no podemos detenernos en tecnicismos. Hay temas realmente importantísimos que no deben ser más postergados, por ningún motivo. Y la violencia es uno de ellos.

Vamos a ser realistas, de un modo u otro, siempre existió la delincuencia. Sin embargo durante el período de la última dictadura, esta fue brutalmente reprimida. Como cuenta la gente mayor, en pleno verano, se podía dormir tranquilamente afuera, en el corredor, sin que nadie, estando en sus cabales, se atreviera a tocar lo que no es suyo. Muchos extrañan aquel tiempo, solo por esto mismo.


Era tanto el temor a ser atrapado por la policía, que los hampones evitaban cualquier tipo de problemas con ella. La broma que corría como reguero de pólvora, por aquella época, es que era el propio gobierno quien no aceptaba la sana competencia. Luego del golpe del 89, todo se relajó. Sin embargo, la violencia que existía hace unos 20 años atrás, es muy diferente a la que padecemos hoy, en la actualidad.

Ya que la del presente, es mucho más sádica, osada, y no reconoce límites, ni respeta códigos. La delincuencia y los grupos mafiosos se enseñorean por todo el país, sin que nadie les ponga el más mínimo freno. Y cuando parece que se lo consigue, la misma Justicia, por medio de algunos encumbrados funcionarios, se encarga de dejar todo en fojas cero.

Ha llegado la hora de replantearnos cuál es el papel de nuestras Fuerzas Armadas, dentro de este nuevo contexto de paz que propone el Mercosur, y en el que tampoco se avizoran, por lo pronto, graves tensiones con cualquiera de nuestros vecinos. Se debe atender que frente a la potencia bélica de aquellos dos países tan próximos y poderosos, Paraguay se encuentra prácticamente indefenso.

Su única protección es el Tratado de Asunción, que estipula que, cualquier acción bélica protagonizada por cualquiera de los integrantes del Mercosur, hacia otro de los socios, conlleva tácitamente, a su inmediata expulsión. Por lo tanto, no habiendo  peligro de invasión, de ningún eventual enemigo, sumar a nuestras FFAA., como un valioso recurso en la lucha contra la violenta ola de inseguridad que nos sacude diariamente. 

Esta interesante alternativa daría pie para reorganizar totalmente a nuestras fuerzas armadas y transformarlas en un grupo de choque de alta profesionalidad, sin tanta burocracia, con una oficialidad no tan sobre dimensionada, dotándola de los elementos necesarios, acorde a los tiempos que vivimos y sueldos más dignos para los cuadros jerárquicos inferiores.

Eliminar de una vez por todas, el desagradable y muy poco efectivo Servicio Militar Obligatorio y convertirlo únicamente en voluntario, ya que Paraguay es uno de los últimos países que todavía lo conserva. En la actualidad, esto es una cosa inútil, ya que muy poco le aporta a nuestras fuerzas armadas y su presupuesto es demasiado pesado para la Nación.

En las actuales condiciones socio-económicas del país, el ciudadano, prefiere obtener y mantener un trabajo estable, para poder así, cooperar con todos los gastos de la familia, antes que perder el tiempo, pintando la casa del capitán o siendo chofer de la señora del coronel. Después de Malvinas y la Guerra del Golfo, muchos de los conceptos de la vieja escuela de guerra ya han quedado totalmente obsoletos.

Por lo que se impone un cuerpo mucho más pequeño, pero altamente profesionalizado y súper eficiente. Sería una fuerza racionalizada, pero a su vez potenciada con todos los nuevos elementos que la tecnología de punta pueda proporcionarnos y adaptarlas a la nueva realidad que nos toca vivir.

Y la realidad es que vivimos en un marco de total inseguridad y la población civil ve, todos los días, que nuestra Policía Nacional no puede, por el momento, garantizarnos una solución a corto plazo a nuestros problemas. En la situación actual, la marginalidad ha superado totalmente en número, medios, técnica y logística a los uniformados.

Viendo esto, la ciudadanía, temerosa de salir a la calle y ser vilmente asaltada, siente la necesidad que las autoridades tomen las riendas del caso. Para que de una buena vez por todas, los militares encaren una misión que no le ha sido encomendada, por la Constitución Nacional, pero que es necesario que haya una revisión urgente a este respecto, dadas las actuales circunstancias.

Desde ya que se impone un cierto momento para reflexionar y replantear hasta donde llegarían las nuevas funciones de uno y otro estamento de seguridad. Los marginales ya no solo no le temen a la policía, si no que le han perdido el respeto. 

De ahí, los altos índices de muertos que registran las fuerzas policiales. Es la ventaja que tienen a su favor los militares, que apenas son divisados, con sus típicas ropas de fajina, ya infunden cierto temor. Aún entre la gente  que no tiene nada que esconder.

Si bien nunca policía y militar se llevaron bien, es necesario que esto se revierta y dejen de lado sus disputas y rencillas domésticas sin importancia y ambas fuerzas combatan al mismo enemigo común, pero en diferentes niveles. Los roles serían asignado por el Poder Ejecutivo. De una manera u otra, la falta de personal policial quedaría compensada con el concurso de los militares.

La idea básica sería utilizar a estos como un primer anillo, a modo de fuerza de intimidación e inmovilización y ataque en caso de ser agredidos. Mientras que la policía se encargaría de los correspondientes arrestos y demás trámites legales que esta operación conlleva. 

Sería una manera inteligente de usar una fuerza hoy ociosa, pero muy poderosa, dándoles un papel vital, en una nueva modalidad de lucha y permitiéndole a los militares integrarse plenamente a una sociedad que aún tiene recelos de ellos y dándole la oportunidad de reverdecer viejos laureles marchitos.