PEQUEÑOS APRENDICES DE PATOTEROS

Tendría 6 ó 7 años, a lo sumo, y de eso me acuerdo como si fuera hoy, cuando los Ponce, tres hermanos mucho más grandes que yo, no dejaban de molestarme ni un solo momento. Especialmente Carlos, el menor de ellos, que era, según lo evoco, el más malo.
Recuerdo también que físicamente era menudo y el más bajito de la clase. Muy rubio y con unos lentes de marco negro sumamente pesado y grande para mi cara. Me perseguía y hacía bromas estúpidas sobre mí, avergonzándome delante de mis compañeros. En los recreos venía directo hacia donde me encontraba y me empujaba contra las paredes, sin motivo alguno. Para los Ponce, no era la provocación un justificativo demasiado importante. Bastara con que no le cayeras en gracia, para declararte la guerra total.

LOS ÁNGELES DE BLANCO

Fue la inglesa Florence Nightingale, quien le dio a la enfermería, una nueva dimensión, hasta ese entonces; creando un modelo conceptual que con ligeros cambios ha llegado hasta nuestros días. Esta mujer tenía una vocación de servicio tan grande, que hasta tuvo que enfrentar a sus padres y a todos sus familiares, en pos de un sueño: asistir a los enfermos y reconfortarlos en sus horas más amargas.

 

En aquella época, estaba muy mal visto que una mujer, de una clase social alta, desempeñara una tarea tan indigna como la de simple enfermera. Según los cánones no escritos, de ese tiempo, decían que la mujer debía casarse, formar una familia, cuidar de sus hijos y de su educación. Sin embargo, Florence contra viento y marea, hizo su voluntad y dándole a esta profesión, una valorización que no tenía.


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