LOS HOSPITALES ESTÁN ENFERMOS

La Ley 1.032 de 1996, dio las pautas para el inicio de la descentralización, pero nunca se pudo avanzar. En 1998 se realizó una experiencia piloto, con 23 municipios, pero solo 10 lo implementaron. Esto fue un hecho aislado y no se lo puede tener en cuenta por lo pequeño del muestreo, a pesar de contar con un marco legal.

Como lo afirmé y lo sigo reiterando, Paraguay tiene graves limitaciones con todos sus datos estadísticos y sobre salud, se agudiza. La mayoría de los informes proceden del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSP y BS), y muchos de ellos, no coinciden con los centros de atención, están desactualizados o bien simplemente no existen.

Según los últimos números suministrados por el MSP y BS, en el 2005, que es lo más nuevo conseguido, contaba con 670 puestos de salud, 50 dispensarios, 130 centros de salud, 23 hospitales distritales, 17 hospitales regionales, 18 hospitales especializados y 7 centros especializados.

El crecimiento de la red hospitalaria, siempre se dio por medio de las decisiones políticas, y no basado en un plan estructurado sobre las necesidades de la población. Es por eso que existen grandes distancias entre un centro y otro, cuando debería ser todos equidistantes y de acuerdo a los índices de densidad poblacional.

No hay suficiente incubadoras, máquinas de diálisis, unidades de terapia intensiva, instrumental quirúrgico, y especialistas que cubran todos los servicios, como el de pediatría. Hay centros sanitarios donde un solo profesional debe atender entre 200 y 250 pacientes diarios. Sin embargo la Organización Mundial de la Salud recomienda no más de 20, para que este sea un servicio de calidad.

La salud del adolescente entre 12 a 19 años está amenazada por las infecciones respiratorias agudas, la anemia, la parasitosis y los accidentes de moto. Siendo la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia juvenil, problemas serios debido a fenómenos de urbanización y falta de trabajo.

Los adultos entre 19 y 60 años de edad, son más de la mitad (53%) de la población del país. Los accidentes, los homicidios, la tuberculosis, Chagas, dengue, tumores y las enfermedades cardiovasculares son sus máximos enemigos.

Existen pocos especialistas en enfermedades de la vejez en Paraguay. Generalmente los clínicos solo les recetan vitaminas a los hombres y hormonas a las mujeres, pero esto es insuficiente. La salud de la mujer, de la embarazada y de la planificación familiar está realmente descuidada y desatendida.

El 55 % de los nacimientos en el sur del país se realizan en ciudades fronterizas argentinas. La atención sindical para los trabajadores, no existe como lo tienen los países vecinos. Eso también contribuye al mal estado sanitario de la población.

El 70% de las empresas no pagan IPS, por lo tanto, para los trabajadores, es muy difícil acceder a una atención social. Los discapacitados tienen ciertas concesiones, pero no muchas. En realidad siempre siguen siendo una pesada carga para la familia, ya que dependiendo de la discapacidad, los montos de atención y cura se elevan astronómicamente. Existen organizaciones fundadas por los mismos padres que palian el desamparo estatal.

De julio de 2000 a julio de 2007, en Paraguay murieron 3648 personas, intoxicadas con plaguicidas. La mayoría fueron producidos por acción de organofosforados, rodenticidas, carbamatos y piretroides. Hablar de salud popular en Paraguay es muy deprimente, especialmente si se es pobre, y no se cuenta con un seguro de salud ni estatal ni privado.

Tantos estos años perdidos y la nula planificación han hecho que tengamos un retraso de por lo menos 60 años en materia sanitaria, es por eso que todos nuestros hospitales están tan enfermos.

Hambre criminal y explosión demográfica

 JOSÉ CARLOS GARCÍA FAJARDO* 

“La muerte de un niño por hambre es un asesinato”,
afirma Jean Ziegler, exrelator especial de la ONU para el Derecho a la
Alimentación. Culpa de ello a los especuladores, a quienes se refiere como
“criminales legales” por comerciar con el precio de los alimentos
para generar fortunas en las cuentas de beneficios de grandes empresas. También
acusa a los bancos y a los Gobiernos occidentales de “cómplices”
porque no ponen los medios para acabar con la especulación alimentaria. 
El profesor de la Universidad de Ginebra ha calificado de “vergüenza
intolerable” que en un país “poderoso” y “democrático”
como España un solo niño pase hambre, después de conocer las cifras publicadas
por UNICEF y en las que se advierte de que unos 2,2 millones de menores viven
por debajo del umbral de la pobreza.
Con motivo de la presentación de su nuevo libro Destrucción Masiva. Geopolítica del
hambre
, de la Editorial Península, Ziegler ha explicado que un niño que es
subalimentado durante meses está “condenado de por vida”, aunque su
situación social mejore con los años, porque no se va a desarrollar de forma
correcta, al ser la infancia “el periodo en el que las neuronas se
desarrollan y necesitan mayor cantidad de nutrientes”. 
Alerta de que “el hambre hace imposible la construcción de una sociedad
pacificada” y señala que la crisis en el sur de Europa “puede acabar
con la paz social”. En este conflicto, Ziegler ha querido diferenciar las
víctimas de los verdugos. Así se refiere al Fondo Monetario Internacional (FMI),
a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y al Banco Mundial, como “los
jinetes del Apocalipsis”.
Cada día mueren de hambre 57 mil personas, un niño menor de diez años cada
cinco segundos. Esta es la situación absurda. Vivimos en un orden mundial
criminal y caníbal, con 500 multinacionales que controlan el 52 % de la riqueza
mundial, afirma Ziegler quien ha añadido que 1 000 millones de personas viven
en una situación de subalimentación grave y permanente. En este punto, se ha
referido a los Objetivos de Desarrollo del Milenio y ha acusado a los jefes de
Gobierno de una “hipocresía total” por no llevar a cabo las medidas
necesarias para “combatir la especulación, acabar con el robo de las
tierras, eliminar los agro carburantes y, en definitiva, hacer frente a las
oligarquías financieras”. 
Sostiene que las oligarquías del capital financiero deciden quién va a morir de
hambre y quién no. Por tanto, estos especuladores financieros deben ser
juzgados y condenados, reeditando una especie de Tribunal de Nuremberg. 
Sin embargo, es llamativo que no denuncie la explosión demográfica como una de
las primeras causas de este crecimiento exponencial del hambre y de sus
secuelas. No son más que datos objetivos y contrastables: en 1914, cuando el
desastre de Sarajevo que dio origen a la Gran Guerra, se estima que la
población del mundo no sobrepasaba los 1 200 millones de personas. En ese mismo
siglo, en 1991, y en Sarajevo, el secretario general de la ONU, Kofi Annan,
sostenía en sus manos al recién nacido que simbólicamente hacía el número 6 000
millones de habitantes. En menos de un siglo, la población mundial se
incrementó en casi 5 000 millones de seres humanos. 
En solo una década, la población mundial se ha disparado hasta 7 000 millones
de habitantes. Con sus consecuencias de hambre, enfermedad, desnutrición,
deterioro del medioambiente, agotamiento de los bienes naturales,
desertización, erosiones irreparables. Y una sensación, cada vez más
incontrolable, de desesperanza y de una razón para un vivir que tenga el menor
sentido. No sin causa, el número de suicidios no hace más que incrementarse de
forma galopante.
Ante esta bomba de destrucción masiva que es la explosión demográfica no hay
otro camino que la educación pública y gratuita. Lo demuestra que, en todos los
países miembros de la OCDE, en donde las mujeres tienen el mismo acceso a la
educación y a los puestos de trabajo que los hombres, no existe explosión
demográfica. Al contrario, el más grave problema es el envejecimiento de la
población que, en menos de 20 años, será superior al número de población
activa. De cada cinco ciudadanos, solo cerca de dos trabajarán. 
La clave no está solo en distribuir más y mejor los alimentos sino en crear un
nuevo orden social más justo y solidario. Crear condiciones de vida para
comunidades capaces de vivir con dignidad. (Tomado
de Adital)


* Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid.