EL DEMONIO TRANSGÉNICO

Comenzó a contarme que son muy pocos los que saben de dónde proviene lo que comen. Palabra va, palabra viene, se fue adentrando en un tema espinoso del cual solo tocaba de oído. Y empezó diciéndome que como en toda cuestión, existen dos bandos incompatibles. Los que están del lado de las grandes productoras de semillas transgénicas y los que defienden la salud y los derechos de los ciudadanos como también el medio ambiente.

 

Estudios serios indican que estos aceites contienen altas cantidades de grasas transgénicas, ya que se propicia la desnaturalización de sus grasas, con serios riesgos a la salud humana. Recientemente fue la leche con melamina, preparada por un grupo lácteo chino. La melamina, es una sustancia muy usada para la fabricación de plásticos y cemento.

 

En los años 50 varios Ph D “demostraron” que el tabaco no hacía  daño, al contrario, era saludable. Sin embargo, tiempo después, varios científicos honestos descubrieron el fraude. Fue así que los tribunales condenaron a las tabacaleras a pagar 700 mil millones de dólares. El tabaco ha causado la muerte de millones de personas; los culpables han sido las compañías que maquillaron argumentos y los medios de difusión al divulgar falsos estudios.

 

Hoy, el 98% de las semillas transgénicas que se cultivan y venden en el mundo recaen en seis productos: soja, maíz, colza, algodón, girasol y arroz. El 80% de ellas son resistentes y rociadas con abundante Glifosato, un herbicida cancerígeno. El otro 20% contienen Bacillus thuringiensis Bt. Este bacilo es introducido genéticamente en el maíz. Así, apenas muerda el insecto, morirá. Los científicos ya advirtieron del peligro de liberar cultivos Bt para uso humano.

 

Como en el caso del tabaco, este polémico herbicida Glifosato, sorteó con éxito todos los estudios toxicológicos requeridos en EE.UU, y cuando se les descubrió su trampa y fueron procesados por falsificación de datos, omisión sobre defunciones de ratas y cobayos, falsificación de estudios y manipulación manual de equipamiento para dar resultados falsos. Esto significa que la información existente sobre el Glifosato en alimentos y el medio ambiente no es confiable.

 

La gran conspiración entre las productoras de semillas (Monsanto, Syngenta, DuPont, BASF, Bayer, Aventis, Pioneer, etc), los fabricantes de agrotóxicos, donde las diez mayores empresas controlan 89% del mercado. Sus filiales dedicados a la industria farmacéutica veterinaria, controlan 63% de ese rubro. Si le sumamos los 10 mayores procesadores de alimentos (Nestlé, PepsiCo, Kraft Foods, CocaCola, Unilever, Tyson Foods, Cargill, Mars, ADM, Danone) controlan el 26% del mercado total. Con estas cifras no sorprende que hayan quebrado la integridad de muchos científicos.Es ridículo juntar genéticamente un mamífero con un pez o un ave con un molusco. Los humanos no conocemos cómo funciona la naturaleza, y con cada hallazgo, nos damos cuenta de lo poco que sabemos. Sin embargo, algunos científicos, se han puesto a jugar a ser dioses, combinando genes sin estudiar sus secuelas, liberando sus productos, sin importarles el resto de la humanidad.

 

 


Lo grave de los estudios de las compañías de semillas transgénicas reside, en que estos duran solo semanas o meses y no a largo plazo. En EEUU no se etiqueta, por lo que no existe forma de saber el daño real que causan los transgénicos. Pero, hay un incremento alarmante de las alergias desde que se consumetransgénicos. 


En un momento dado, lo puse tan nervioso a mi amigo, por mis preguntas, que me recomendó que lea  el libro “El mundo según Monsanto”de laperiodista e historiadora francesa Marie-Monique Robin, icono del periodismo de investigación en su país.

Él opina que con los errores del DDT, la energía nuclear y los CFCs (gases que rompieron la capa de ozono) se descubrieron  luego que su uso se extendió. Por lo tanto se debe aplicar el principio de precaución con cualquier nueva tecnología, hasta tener cierta seguridad que no es nociva.

 

Todas estas ideas y conceptos aquí dichos no tienen una ilación lógica, son solo retazos de una larga conversación con un querido amigo, pero si es una clara advertencia sobre lo que ustedes llevan todos los días a su boca y a las de sus hijos y nietos. Ya están  convenientemente advertidos; de ahora en más, los riesgos son por vuestra cuenta. 

 

EL ALMACÉN DE LOS POSGRADOS

La universidad es la encargada de avalar los conocimientos que posee el graduado, otorgando grados académicos y un título profesional que lo acredita como tal. Una facultad en cambio, es un centro docente donde se imparten estudios superiores especializados en alguna materia o rama del saber (Medicina, Derecho, Teología, etc.); y generalmente constituyen una subdivisión de una universidad.

En las facultades se imparten licenciaturas o ingenierías, carreras de ciclo largo, y doctorados. Pueden ofrecerse diplomaturas. Estas últimas habilitan para ejercer docencia y en otros casos son títulos “intermedios”, válidos para entrar en otro ciclo universitario, como el caso de una licenciatura. Aclarado más o menos el tema, pasamos al siguiente punto.

En 1991, Andrés Rodríguez decreta la creación de las universidades privadas: Columbia, UniNorte y Autónoma de Asunción. Luego de éstas tres, y modificada la Ley 2529, las universidades privadas se multiplicaron como conejos. Hoy, es tanta y tan variada la oferta que hasta los propios interesados se encuentran mareados por el bombardeo publicitario que promueven infinidad de carreras y no todas válidas fuera de nuestro territorio.

Ahora bien, al gran negocio que supone la enseñanza universitaria privada, que mueve ciento de millones de dólares, en nuestro país; habría que agregarle un nuevo ingrediente, con la incorporación de los famosos títulos de posgrado. Un reciente anuncio del Ministerio de Educación, alertaba a los desprevenidos, que estos cursos de posgrado, en dichas entidades, no gozarían de la acreditación correspondiente, siendo esta, una de las tantas irregularidades que dichas casas de altos estudios cometen.

Acá el que les da de comer es el Estado paraguayo, ya que no existe ningún tipo de control hacia este tipo de instituciones. Las normas son demasiado flexibles y por lo tanto, más posibilidades que las casas de altos estudios no tomen en cuenta los requisitos indispensables, no  sólo para abrir una universidad, si no para ofrecer servicios adicionales. Hay una ausencia de regulación que hace que exceda la oferta a la demanda.

Una de las tantas universidades que recientemente ha brotado de la nada, tiene como sede, al garaje de una vieja casona, no lejos del microcentro de Ciudad del Este. Como ya dije, lo importante no es la infraestructura, si no el rédito proporcionado a los socios del directorio. Total, el mercado cautivo siempre responde. Cuanto más se gaste en publicidad, más respetable parecerá a los ojos de los futuros “clientes”, perdón quise decir alumnos.

Otro de los temas controvertidos es el caso de los estudiantes extranjeros, en especial los brasileros. En Brasil, los títulos de posgrados, sea de maestría o doctorado, expedido por las universidades privadas paraguayas, son tenidas como “piratas”. Ya que gozan de la misma fama como la que tienen los productos vendidos en Ciudad del Este. Y esto no lo digo yo, si no algunos de los brasileros que están cursando en nuestro país.

Yo sé que los jóvenes profesionales a veces se deslumbran y pierden la óptica de las cosas, pero por favor, no se dejen engañar con falsos programas de posgrado, doctorados o maestrías ofrecidos por universidades que realmente no tengan el reconocimiento oficial o validez académica. Porque sería lo mismo como ir de compras a un “shopping” o aún peor; a revolver las estanterías del almacén de los posgrados.