Por este y otros motivos cambié mi vida laboral. Me inicie profesionalmente en el periodismo, aun sin sentirlo. Sin embargo estaba rodeado de periodistas que me trataban como a un colega más. Esto al menos, me daba de comer, y eso es solo una forma de decir. Luego descubriría que en nuestro país, el periodista tiene menos prestigio social que el recolector de basura. Eso sin ningún tipo de ofensa ni desmerecimiento hacia este oficio.
Desde hace más de cuarenta años escribo cuentos cortos y siempre mi sueño fue ser un literato. Pero nadie me conocía como tal. Todos me seguían diciendo ingeniero por acá o ingeniero por allá, pero nadie osaba llamarme “señor escritor”. Más tarde recibiría dos invitaciones que me llenarían de orgullo y sentí que tocaba el cielo con la punta de los dedos.
Con la llegada de este nuevo año, se cruzaron en mi camino, varios proyectos culturales sumamente interesantes y de trascendencia nacional. Por lo tanto, no me puedo quejar, si lo hago es de puro vicio. En realidad, sé que me he sacado el premio mayor la lotería, por los amigos que me rodean. Ellos tienen un gran porcentaje de mérito en todos mis modestos logros. Más, con el correr del tiempo, fui conociendo cosas buenas y otras no tanto, acerca del manejo de esta sacrificada profesión.




