Según algunos entendidos, en la misteriosa y sofisticada ciencia de la macroeconomía, el ex-presidente Nicanor Duarte Frutos, habría terminado su gestión, con unos números por demás excelentes, todos ellos registrando una altísima “performance”.
Con algunos récord absolutos en varios ítems, como la recaudación fiscal, exportación de granos, mayores envíos de productos no tradicionales al exterior, más hectáreas sembradas, récord histórico de compra de tractores y máquinas agrícolas, etc.
Sin embargo, las excelentes estadísticas oficiales, nada tenían que ver con la realidad tangible de ese momento coyuntural y que podía demostrarse fácilmente con la infelicidad del pueblo. No existía una ninguna coherencia que respaldase esos números con aquello llamado “distribución de la riqueza”.
Porque a cada estadística promisoria oficial, se oponía una que la contradecía como por ejemplo, el mayor éxodo de compatriotas al exterior, en época de paz, el mayor índice de pobreza extrema de toda la historia de esta nación, el mayor número de desocupados y sub-ocupados de Sudamérica, atendiendo a la relación de cantidad de gente sin trabajo con los de la población total.