Enrique Vargas Peña (foto de abc.com.py)
Una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), encabezada por Lisandro Abrego, concluyó, creo que el viernes, su evaluación de la situación económica de nuestro país, recomendando principal, aunque no únicamente, la implementación del impuesto a la renta personal (IRP) y el aumento de la presión tributaria.
En palabras simples, el FMI quiere que los paraguayos paguemos más impuestos para que el Estado disponga de recursos.
Para entender adecuadamente las recetas del señor Abrego, es necesario no olvidar que el FMI es básicamente un banco; que el negocio de los bancos es prestar dinero y que el negocio de prestar dinero requiere que quien presta se asegure que quien recibe el dinero pueda devolverlo.
El FMI no es malo ni bueno. Es simplemente un tipo de banco. No está para regalar dinero y cuando lo presta toma los recaudos que cualquiera en su lugar tomaría.
El caso de Grecia lo ejemplifica muy didácticamente.
Grecia, o mejor, los políticos que gobernaron Grecia durante los últimos veinte años, construyeron con gastos prebendarios uno de los mayores déficits fiscales del planeta y hace dos años se encontraron con que ya no podían financiarlo. Gastaron mucho más de lo que podían.
En situación de quiebra, esos políticos pidieron préstamos para pagar la deuda y en ese momento recurrieron al FMI, junto con la Unión Europea (UE) y el Banco Central Europeo (BCE), que formaron lo que los griegos denominan “la troika” (literalmente trineo de tres tiradores, literariamente triunvirato) que envió a los políticos de Atenas un “memorándum”.
Así se conoce, bajo el nombre de “memorándum”, el pliego de condiciones que la troika impone al gobierno griego para prestarle el dinero que necesita para refinanciar su deuda.
Al FMI le interesa recuperar el dinero que va a prestar y, por tanto, su objetivo en una operación de salvataje como la que se está ensayando en Grecia, es asegurarse de que los políticos griegos pondrán a su disposición los recursos requeridos.
El FMI no fue a Grecia. Los políticos griegos fueron al FMI.
Las condiciones que el FMI impuso para prestar a los políticos griegos fueron simples y lógicas: Si quieren dinero del FMI tienen que asegurar el retorno y para ello deben elevar la presión tributaria todo lo que sea necesario para ese fin concreto.
Así, para obtener el dinero para pagar los gastos en que ellos incurrieron, los políticos griegos elevaron todos los impuestos en un promedio del quince por ciento, se incrementó además el impuesto al valor agregado (IVA) a la construcción de viviendas, las pensiones de la seguridad social fueron reducidas hasta un catorce por ciento, se estableció un impuesto de emergencia al consumo de electricidad, entre otras cosas.
El FMI no tiene por qué mirar la manera en que los políticos obtienen los recursos que necesitan para devolver los préstamos y, de hecho, no lo hace. Lo único que hace es exigir que el dinero le sea devuelto.
En síntesis, los políticos griegos hacen pagar sus cuentas al pueblo y, si son hábiles, le echarán la culpa al FMI. Esto es lo que harán también aquí cuando llegue el momento, pues no se puede esperar originalidad de nuestros políticos.
En nuestro país está ocurriendo la misma cosa que en Grecia. Exactamente la misma cosa. Nuestros políticos liberales, colorados, oviedistas y luguistas están montando un déficit fiscal descomunal para sostener sus gastos prebendarios y para financiarlos quieren que nosotros, el pueblo, paguemos más impuestos.
Los datos del presupuesto está allí para cualquiera que desee mirarlos, son datos objetivos, son hechos: La mayor parte de los ingresos tributarios se destina al gasto corriente (jornales para recomendados de los políticos en todas y cada una de las reparticiones públicas y recursos para que tengan luz, agua, teléfono, Internet y transporte mientras sean funcionarios) y muy poco queda para la inversión.
Incluso los llamados programas “sociales” están compuestos en su mayor parte por jornales para recomendados políticos.
Por eso no tenemos dinero para construir una simple línea de 522 Kv para nuestro propio uso, tampoco lo tenemos para dar agua corriente al sesenta por ciento de nuestros compatriotas que no la tienen, tampoco lo tenemos para darles desagües cloacales (ochenta y cinco por ciento de los paraguayos no lo tienen), ni desagües pluviales, ni nuevas rutas, ni mantenimiento de las viejas, ni escuelas, ni medicamentos.
Nuestros políticos liberales, colorados, oviedistas y luguistas creen, todos, que el Estado es una “bolsa de trabajo” y no un prestador de servicios. Son iguales o peores que los políticos que arruinaron a Grecia. Creo que son peores.
El ministro Dionisio Borda se encuentra en figurillas este año para solventar los dispendios de los políticos y su obligación, como director de la Hacienda Pública, es asegurarse de tener a disposición líneas de crédito que le permitirán, eventualmente, financiar el déficit.
Su insistencia con el IRP tiene, como principal objetivo, lograr que los paraguayos paguemos dos mil quinientos millones de dólares más que ahora en impuestos (vía IVA), según me explicó el diputado Cándido Aguilera (el pasado 19 de marzo), quien trabaja muy bien relacionado con Borda y es autor de la ley de entrada en vigencia inmediata de ese impuesto ().
Para lograr apoyo público para esto, los políticos y el ministro Borda le dijeron al país que lo recaudado vía IRP no sería usado en gastos corrientes. Mintieron como pocas veces en nuestra historia.
Lo recaudado directamente por el IRP es apenas el cuatro por ciento del total de recaudado por la implementación de ese impuesto (que será vía IVA) y sobre el noventa y seis por ciento restante, ni los políticos, ni Borda, se comprometieron a usarlo en inversiones.
Y cuando el diputado Sebastián Acha propuso, en la sesión del 3 de mayo que aprobó la puesta en vigencia del IRP en la Cámara Baja, que todo lo recaudado mediante la implementación del IRP (dos mil quinientos millones de dólares via IVA) sea destinado a inversiones, los políticos le votaron estruendosamente en contra.
En fin, el señor Abrego del FMI no tiene por qué meterse en esto, él recomienda simplemente que los políticos le tengan esos millones de dólares listos en caso de que su organismo deba prestarnos el dinero.
Artículo publicado en la edición impresa de La Nación el 13 de mayo de 2012.