Grande Pepe Eliaschev

Grande Pepe Eliaschev

El pensador argentino escribió este comentario que me permito pegar en este blog.

Pataletas Por Pepe Eliaschev 02/07/11 

Paraguayos, poca cosa. Sin acceso a océanos, encerrados, modestos, poco elocuentes. ¿Para qué molestarse? Por segunda vez en pocas semanas, Cristina se sintió mal a la hora de ir a Asunción esta semana, para participar de la 41ª Cumbre del Mercosur. Sí estuvieron, además del anfitrión Fernando Lugo, la brasileña Dilma Rousseff, el uruguayo José Mujica, el ecuatoriano Rafael Correa y el vicepresidente colombiano.

La vez pasada fue el peligro de una lipotimia y ahora el golpe en la cabeza. La tarde del sábado no se privó de pedir juicio y castigo a Crónica TV por haberla encandilado y hacerla derrumbarse desde sus stilettos. Pero no se la veía tan dañada. De hecho, hizo una de sus performances proverbiales cuando anunció que el viento frío que entró al quincho de Olivos cuando una azafata abrió una puerta corrediza, era señal de que “El” se hacía sentir desde el sur. Estuvo como siempre, canchera, ajustando los micrófonos, dirigiéndose a algunos de sus plateístas, contando cómo la enfermera “Sandra” del Otamendi le puso una inyección y –en suma– pletórica de su característico ímpetu para repartir sablazos, recomendaciones y lecciones.

¿Esa mujer estaba incapacitada de participar de la cumbre de Asunción? El presidente paraguayo, que se trató de un cáncer con quimioterapia, pero nunca arrugó en estas lides, ya no sabía qué decir ante el nuevo plantón argentino. En la comitiva descabezada, la temblorosa corte de varones genuflexos que pone sus ojos en blanco cuando habla la Señora, tampoco atinó a reaccionar ante un episodio de lo que, en términos de relaciones entre países y gobiernos, es un nuevo arranque de pura histeria institucional.

Lo notable es que la señora Cristina manifiesta alergia fehaciente a la hora de tener que pisar tierras percibidas por ella como marginales. No se priva, en cambio, de hacerse ver en escenarios lustrosos y bronceados de prestigio. Hizo hace poco una expedición de cuatro horas a Venecia sólo para pasar por la Bienal y anunciar la firma de un acuerdo por el cual la Argentina dispondrá de un pabellón permanente en la muestra. Es una decisión oficial correcta, pero ¿se necesitaba de la Presidenta para su “venta” mediática, acompañada además de una alegre patrulla de connotados artistas cuyo desplazamiento a Italia sufragó el Estado?

Impresiona la discrepancia entre la cháchara nacional y popular, ese sobreactuado y (por eso) repelente latinoamericanismo en el que no creen, y los datos concretos de los gestos internacionales argentinos. Con Bolivia no pasa nada diferente y –encima– el gobierno indigenista de Evo Morales no se priva de invitar a La Paz al ministro de Defensa del Irán fundamentalista, Ahmad Vahidi, buscado por la Justicia argentina por el atentado contra la AMIA, del que se cumplen dentro de dos semanas

17 años y en perfecta impunidad. No fue el del jerarca militar iraní un viaje de placer: inauguró una escuela de cuadros militares financiada por Teherán, en el corazón de América del Sur. La Argentina pataleó para la popular, pero Morales no detuvo a Vahidi, le pidió sólo que se fuera sin hacer más ruido. Esta semana, Morales fue agasajado por Cristina y la Universidad Nacional de Córdoba, mientras la patética conducción de una AMIA acéfala volvía a hacer el ridículo.

En esta saga de faltazos, plantones, tardanzas y otras impertinencias de similar talante, la presidenta Cristina sigue fielmente la impronta de su marido, cuya aversión a los compromisos internacionales era célebre y de la que no se retractó nunca.

Es curioso que estas “trasgresiones” cosméticas sean inversamente proporcionales al historial auténtico de los líderes. Aunque no usa corbata, el ex tupamaro Mujica pondera y procura toda ocasión para concretar vínculos y reiterar la típica cordialidad de su país, hecha de buenas maneras y respeto a los demás. Los de los argentinos son gestos de adolescente vanidad omnipotente: somos tan singulares y de avanzada, que los protocolos de otros países no nos merecen respeto. Patoterismo seudodiplomático, se diría, a menos que la jefa del Ejecutivo argentino padezca problemas de salud que no han sido suficientemente difundidos. ¿Podría ejercer un segundo mandato sin sustos o debemos ya prepararnos para una presidencia de Amado Boudou, el leal?

Lo de Paraguay y la Argentina tiene, además, resonancias patéticas, porque dos plantones presidenciales consecutivos y especialmente injustificados producen un daño difícil de cuantificar. Los paraguayos nada dirán en público. Asolados por desgracias históricas de larga data, no son gente altanera ni ruidosa. Tragan saliva ante la típica soberbia argentina, y anotan en su larga memoria otro destrato más. El Gobierno argentino, por su parte, engrosa su historial de impostaciones, sólo que ahora la hipocresía demostrada es “progresista”. Es que el modelo que hace flamear la Casa Rosada se integra con estos flagrantes derrapes.

Hace ocho años largos que la Argentina viene dando estos rústicos ejemplos de arbitraria informalidad y descuido por los vínculos permanentes de una nación que debe preservar calidez y continuidad con sus vecinos. Nada de esto tiene, claro está, consecuencias electorales. El Gobierno se ha encargado de reclutar muchísimos ciudadanos paraguayos a los que se nacionaliza para, método infalible, generar “clientes” y, obviamente, votos.

Ese derrotero de viajes cancelados y audiencias misteriosamente pospuestas habla de un ejercicio caprichoso y frívolo del poder. Al igual que en muchas otras instancias en la historia reciente del país, son episodios cuya toxicidad se revelará sólo en el medio y largo plazo. Ratifican la enésima hipocresía, perpetrada por los sacerdotes de un “relato” supuestamente apegado a las tradiciones aborígenes más enraizadas, pero que en la agenda cotidiana, que evidencia sus intereses, terminan prefiriendo la fastuosa Venecia a la húmeda y sencilla Asunción. ¿Alguien pedirá disculpas al pueblo paraguayo en nombre de la Argentina?

El cholulismo paraguayo mal correspondido

El cholulismo paraguayo mal correspondido

Todos los días y todo el día leo en el Twitter una inmensa cantidad de paraguayas y paraguayos -como se dice ahora- que no solamente siguen a personas famosas de todo el mundo sino que se pasan enviándoles tuits que jamás son respondidos.

“Hola Paulita -para Paula Chaves, modelo argentina- te queremos mucho en Paraguay. Y a Peter también. Enviame saludos” Un mensaje que se pierde en la inmensidad del tiempo y la distancia. La respuesta es cri cri cri cri cri.

A Alejandro Sanz le llenan de mensajes. Y éste buen señor, buen compositor y regular cantante, jamás les da bola. Y eso que él es, junto con Ricardo Montaner, de los que retuitean los mensajes de sus fans. Ni Sanz ni Montaner se conmueven ante los tuits de la paraguayada.

Ni hablemos de los actores, actrices, modelos, mediáticos y demás especímenes de la farándula argentina a quienes le llueven los tuits desde el Paraguay y ni ndéko jagua.

No sé si los queridos compatriotas se dan o no se dan cuenta que no les dan bola pero ellos, tenazmente, gloriosamente, tuitean y tuitean. A veces hacen trampitas para llamarles la atención a los famosos. Por ejemplo creo que Montaner va a tener una nieta o un nieto en estos días. Entonces el cholulaje paraguayo, esperando conmoverlo, le pregunta cosas tales como: “¿ya patea?” o “¿cómo se va a llamar?” y ni ahí.

A mi por un lado me da pena, por el otro me da ternura y en la mayoría de los casos me picha pensar en cómo se puede ser tan pelotuda/o en no darse cuenta que no te están dando bola.

Hay casos peores. Veo que hay tuiteros que le desean buenas noches o le cuentan cosas a modelos o actrices famosas no precisamente hispano parlantes. Esas si que, supongo, ni siquiera han de entender lo que se les dice. La respuesta de esas señoritas es la misma: el silencio.

Yo sigo a un montón de gente no con la intenciòn de relacionarme con ella sino porque me interesa leer lo que escribe, lo que piensa. No entré al Twitter con la intenciòn de tuitearme con los famosos del mundo que tuitean. Y es así porque no quiero que mi vida tuitera transcurra pasando pelada. Prefiero seguir siendo ignorado por mi propia decisión y no porque otros me hacen ver que no existo.

Quiero proponer a los cholulos del Twitter que bajen sus pretensiones. Tuiteenle a famosos locales, que es probable que les respondan, porque son buena onda. En vez de tuitearle sin posibilidad alguna de respuesta a Jorge Rial, tuiteenle a -mirá lo que te digo- Kike Casanova.

Mandenles tuits a Sole Franco, a Denise Hutterz, a Alberto Peralta, a Hugo Biedermann, a Julio González Cabello. Alguna respuesta van a lograr. Ni se les ocurra a Leryn Franco porque es tan indiferente con los mortales paraguayos como lo son los internacionales. Leryn no se rebaja a nuestra altura.

Otrra que está fuera de la órbita terrestre de los paraguayos y las paraguayas es Larrisa Eiquelme. Aterricen muchachos, ella no se junta con esta chusma.

Lo más cercano a una famosa internacional que por lo menos va a retuitear sus tuits -y no siempre- y hasta puede que les responda si esta de buen humor es Dallys Ferreira. Y es paraguaya.

Digo todo esto con todo cariño porque para mi es frustrante ver como tanta dedicación, tanto empeño y tanta perseverancia por recibir una respuesta es ignorada olímpica y hasta cruelmente por sus destinatarios.

No sé si me explico.

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Alta, Posta Y Nada

Alta, Posta Y Nada

Muchos paraguayos no somos más boludos por falta de práctica. Nos pasamos la vida criticando y puteando a los argentinos al mismo tiempo que nos pasamos la vida copiándoles todas sus argelerías. A las pruebas me remito.

En las canchas paraguayas, el que no salta es kurepi. Y gua’u que es muy paraguaya la misma hinchada que “tiene aguante” y le canta a la hinchada rival “sos un amargo”. “Aguante” y “amargo” son conceptos plagiados de las “barras bravas” argentinas. Los paraguayos en serio le tratamos al amargado de amargado y no de amargo. Porque lo que tiene es una amargura y no un sabor desagradable. No sé si se capta la diferencia de conceptos.

Se ha llegado al colmo de la ridiculez de extender un pasacalles cerca de la Junta de Gobierno que decía: “¡Aguante Pynandi Colorado!”. El autor de ese adefesio conceptual, de esa mezcla rara de Mitre y Mariscal López, se merecía, en el mejor de los casos, un juicio sumario y un fusilamiento con bodoque en la plaza pública.

Ayer @LUISFER_INSFRAN tuiteaba preguntando de dóne salió esta modalidad de llamarle “alta” o “alto” a todo. Le aclaré que del mismo lugar de donde importamos toda la argelería verbal de los últimos tiempos: de ashá, visteeee…

“Alta” y/o “Alto” en el uso que le dan los argentinos no es sinónimo de estatura sino de envergadura, con perdón de la expresión. Los pelotudos paraguayos, copiando a los argentinos, dicen cosas tales como “alta fiesta tuvimos anoche”, “es un alto cantante” que canta “alto tema”. Y así una camionada de “altos” y “altas”.

Es algo así como el “harto” chileno pero no igual. “Harto divertido estuvo todo”, diría el chileno. “Alta diversión la de anoche”, la versión kurepi entusiastamente copiada por el boludismo paraguayo.

“Alto” o “alta” está empezando a hacer furor en el Pargauy. No sé si va a reemplazar o va a convivir con el impresentable “y nada” que está vigente. Miles de paraguayos no hablan sin agregar “y nada” a cada rato a sus frases. Son insufribles y nada. Arrancan sus respuestas con “y nada”. Terminan sus frases con “y nada”.

Yo que veo mucha televisión argentina cumplo en adelantarles que la próxima argelería que va a desembarcar en el habla del boludismo paraguayo es “posta”. Acuérdense de lo que les digo, posta. Todo va a ser “posta”. Porque esa es la palabra que más están usando en la tele kurepa. Como lo fue en su momento “tipo”. O sea tipo nada, boluo.

Para los extranjeros que lleguen a leer este divague quiero dejar en claro lo siguiente: no todos los paraguayos somos así. Cuando hablo de los paraguayos boludos hablo de los paraguayos boludos y no de los paraguayos en general.

A muchos compatriotas sodomizados culturalmente les parece genial ser otros y no ellos mismo y andan por el mundo viviendo vidas ajenas, modismos ajenos, frases ajenas; incapaces totales de crear su propio lenguaje y hacerse entender por lo que ellos son y no por lo que creen que tendrían que ser.

No sé si me explico.

(Alto comentario me mandé, boluo. Posta. Y nada)

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