GRANDES PROYECTOS CON OLOR A CORRUPCIÓN

A pesar que Ciudad del Este tiene todas las características de cualquier localidad fronteriza del mundo, disfruta a su favor de una cualidad que ninguna de las otras posee: Personalidad propia. 

Las demás han desarrollado una terrible dependencia de ciudades vecinas o bien directamente obedecen ciegamente los dictados de los caprichos capitalinos. 


Sin embargo, Ciudad del Este piensa por sí sola y tiene sus propios criterios de cómo deben hacerse las cosas. Desde el mismo momento de su fundación, cuando sus calles, plazas, aeropuerto y reservorio fueron prácticamente arrancados de la selva, a punta de hacha, machete y topadora. 
Y como nunca hubo un verdadero proyecto de urbanización o si una vez existió, a nadie le interesó respetarlo.

Por eso creció a lo loco, con cuadras de 300 metros, veredas muy angostas porque los frentistas las invadieron, calles que desaparecieron simplemente porque algún que otro de los “notables” de la primer época, la incorporó a su propiedad. Y muchos bulevares que figuraban en los primitivos proyectos, quedaron como muchas otras cosas en el misterio. 
Existía un coraje y una pujanza digna de corazones valientes que deseaban una tierra mucho mejor de la cual habían venido y algo digno para dejarle a las futuras generaciones. 
Pero por desgracia todos esos nobles sentimientos estuvieron revestidos de una increíble ignorancia e improvisación, en cuanto se refiera a como se hace una verdadera ciudad, que piensa realmente en su futuro crecimiento. 
Porque viendo ahora, en retrospectiva, jamás se tuvo en cuenta una red cloacal y una pluvial, como tampoco se pensó en una red de toma de agua para abastecer a los camiones hidrantes de los bomberos, en caso de incendio. Nadie previó la existencia de una planta de tratamiento de residuos, ni de desechos hospitalarios y mucho menos de basura domiciliaria. 
La única planta potabilizadora que tiene nuestra ciudad, ha cumplido hace largo tiempo su ciclo de vida útil. 
Por lo tanto jamás podría suministrar agua potable a los cien mil habitantes fijos y temporarios, con que cuenta actualmente el microcentro y sus alrededores. 
Su fuente primaria de abastecimiento es el Lago de la República, quien ha perdido con los años, gran parte de su superficie a mano del camalotal que la ineficiencia y negligencia comunal ha permitido crecer. 
Eso sin contar con la grave contaminación que este espejo artificial de agua arrastra, a través de sus afluentes. 
Ahora, las actuales autoridades, luego de más de 12 años de permanencia al frente de la comuna esteña, se han dado cuenta que el progreso no significa llenar al microcentro y alrededores con pintura para los cordones, foquitos de colores y muchos canteros en los paseos y plazas. 
Ya que al no dotar a la ciudad de la infraestructura necesaria, al principio de su gestión de vida, lo único que hicieron fue deteriorar la ya precaria calidad de vida del esteño. 
Ahora que se aproximan, a todo galope, las internas municipales y la actual intendente y sus asociados, temen perder el poder conquistado desde diciembre del 2001, ante un eventual candidato que les haga sombra. 
Ahora ellos están presentando una serie de costosas y rimbombantes obras, que si bien son importantes desde el punto de vista turístico, a los esteños no les soluciona ninguno de sus problemas de fondo. 
Entre las maravillas que la comuna local nos ofrece es una avenida Costanera del Lago Acaray, en el km 8, a un costo aproximado de 2 millones de dólares. 
Mientras tanto será construido un Anfiteatro libre, en las cercanías del Lago de la República por un valor de 2,7 millones de dólares y finalmente en el ex aeropuerto, una nueva visión y aprovechamiento del Parque Alejo García, por un importe que rondaría los 2,9 millones de dólares. 
Sin embargo, existe una gran contradicción y que hace que todo esto sea muy pero muy confuso. 
Ya que el grupo que comanda Javier Zacarías Irún ha pactado una serie de convenios político-económicos con el urbanista Cassio Taniguchi, y ex intendente de Curitiba. 
Uno de sus convenios era la presentación de un proyecto de ordenamiento vial que permitiría la descompresión vehicular del centro y microcentro. 
Dicho proyecto promete ser una verdadera maravilla, teniendo en cuenta, toda la fama con que viene precedido este arquitecto brasilero, y que será entregado, tras abonarse la modesta suma de 500 mil dólares. 
Este proyecto tendría implicancias mayores debido a que se pretendería englobar a todo el distrito. De ser así, ¿como el proyecto del urbanista brasilero encaja en los planes demagógicos y proselitistas de los Zacarías? 
Aparentemente chocarían, dado que el proyecto comunal sería un permanente imán para mucha gente, por lo que se necesitaría un buen espacio para el estacionamiento y según las cifras presupuestadas, revelan que no ha sido de ninguna manera contemplado. 
Por lo que uno piensa mal, y que todo esto no deja de ser las ya muy conocidas promesas electorales, ya bien acostumbrada por nuestra gente. 
Pero esto es solo una arista del tema que hoy nos toca comentar, ya que otro punto llamativo, es que la “maravilla” del urbanista brasilero ha resultado ser un desvergonzado plagio de un proyecto similar propuesto por los arquitectos Luís María Pereira y José Tomás Rivarola y secundado por el arquitecto Concejal Vera Breglia, un poco antes de la Copa América del año 1999. 
Aquel se llamaba “Circunvalación”, con la única salvedad que a la comuna le fue dado sin costo alguno, por parte de los profesionales paraguayos. 
Esto abriría una puerta para pensar en una posible gran estafa a los grandes comerciantes esteños, que serían quienes pagarían el tan mentado proyecto “maravilla”. En realidad los antecedentes del ex alcalde de Curitiba no son buenos ya que fue condenado por el Supremo Tribunal Federal (STF), en el 2010 por malversación de dinero público, de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). 
Por lo tanto, no hay mucho en que pensar, especialmente cuando algo no encaja y uno siente un fétido olor a corrupción. 

Fiscalía sometida, impunidad asegurada

Enrique Vargas Peña (foto de abc.com.py)
Nuestro Ministerio Público debe ser, a estas alturas, uno de los menos fiables del mundo: Se encuentra absolutamente sometido a políticos de los poderes Ejecutivo y Legislativo que deben ser los principales sujetos de su vigilancia, los principales.
La razón por la que los políticos de los poderes Legislativo y Ejecutivo deben ser los principales sujetos de la vigilancia del Ministerio Público es que estos políticos controlan el dinero que la gente común de nuestro país paga con sus contribuciones para el funcionamiento del Estado.
Luego, al estar el Ministerio Público sometido a aquellos a quienes debe vigilar más que a nadie, es evidente por sí mismo que la vigilancia no es la adecuada, por lo que  quienes pueden robar el dinero de nuestro pueblo tienen garantizada la impunidad.
Esa es la causa de la corrupción rampante que sufre nuestro Estado, la que impide que el dinero que aportan los contribuyentes llegue a la educación, a la salud, a la seguridad, a la defensa, a la infraestructura.
El diputado José María Ibañez, por ejemplo, hace pagar con dinero de nuestro pueblo a quienes cuidan la espléndida casa quinta que posee en Areguá. Lo hace con tranquilidad porque los fiscales que deben investigarlo dependen de él y de los aliados de él en la política para tener y mantener sus cargos, que son su medio de vida.
Generalmente, nadie molesta a aquel de quien depende su trabajo. José María Ibañez dormía y vivía, pues, tranquilo, cargando al pueblo paraguayo sus cuentas particulares. Como dormían y vivían tranquilos todos los integrantes de la clase política.
Debe haber pocas excepciones en la clase política: Sus integrantes se hacen invariablemente millonarios mientras están en la función pública, pues la legalidad de sus fuentes de ingresos no puede, normalmente, ser escrutada por los fiscales.
Hasta que ocurrió la anomalía (“Del lat. anomalĭa, y este del gr. ἀνωμαλία. 1. f. Discrepancia de una regla o de un uso”) por la que la unidad de Delitos Económicos del Ministerio Público empezó a investigar y a imputar a algunos pocos de estos políticos, entre ellos, el citado Ibañez.
Esta anomalía se debió a dos factores: Una disputa entre diversos clanes (clan: banda, facción, pandilla) de la clase (“Del lat. Classis. 1. f. Orden o número de personas del mismo grado, calidad u oficio”) política que hizo que uno de ellos decidiera sacar a luz los chanchullos de otro clan (el de Horacio Cartes contra el de Víctor Bogado, por ejemplo) y, enseguida, la presión popular para que esos chanchullos no queden impunes.
Cuando el clan de Cartes entendió que la presión popular empezaba a afectar a sus propios miembros (Ibañez), empezó a moverse para revertir la situación, movimiento que parece tener el apoyo de la mayor parte de los clanes de la clase política, excepto, tal vez, el de Bogado, interesado en cobrarse lo que le hicieron.
En ese momento aparece el traslado del jefe de la unidad de Delitos Económicos, Carlos Arregui, quien fue durísimamente atacado en el Congreso por los coyunturalmente afines al clan de Horacio Cartes.
Para justificar su movida, el fiscal general Javier Diaz Verón sostiene, con el concurso de muchos abogados, que la disposición del artículo 80 de la ley 1562 que dice que “En ningún caso podrá trasladarse a agentes fiscales sin su consentimiento previo y expreso” no afecta al agente fiscal encargado de una fiscalía adjunta, aunque el artículo 47 de la misma ley establece que “Son funcionarios fiscales del Ministerio Público: 1. el Fiscal General del Estado; 2. los fiscales adjuntos…”
El artículo 47 de la ley 1562 define que los fiscales adjuntos son agentes fiscales; su artículo 80 dice que los agentes fiscales no podrán ser trasladados sin su consentimiento, pero Javier Diaz Verón y muchos abogados sostienen que los fiscales adjuntos no son afectados por el artículo 80. La ley no hace el distingo, pero Diaz Verón sí.
El mensaje de la clase política a los fiscales es demasiado claro, demasiado obvio: Si los fiscales se meten en serio con los políticos, pierden su trabajo.
Generalmente nadie que dependa de su trabajo para llevar el pan a sus hijos se arriesga a perder su trabajo. Simplemente acata las reglas, no incurre en anomalías, se alinea, se tranquiliza, se queda en el molde.
Los paraguayos estamos ahora escuchando cientos de discursos ridículos del fiscal general Diaz Verón, ejecutor de la orden de castigar a Arregui, y de integrantes de la clase política acerca del compromiso que tienen de mantener las investigaciones que empezaba a realizar la unidad de Delitos Económicos.
Ridículos porque son palabras huecas que pretenden ocultar el hecho, el hecho cierto e incontrovertible, de que el fiscal que se meta en serio con los políticos, pierde su trabajo. Ahí está Carlos Arregui como ejemplo vivo de la verdadera situación que se busca ocultar con esos discursos ridículos.
De modo que los paraguayos estamos condenados a seguir sufriendo la impunidad de la clase política, a la espera de alguna aislada ocasión en que en el futuro alguno de sus clanes vuelva a tratar de perjudicar a otro de ellos y deje ver toda la podredumbre que la caracteriza.
Esto significa que el dinero que los paraguayos aportan como contribución al sostenimiento del Estado seguirá sin llegar a las escuelas, a los hospitales, a la seguridad, a la defensa, a la infraestructura y significa que la clase política podrá seguir construyendo y manteniendo, sin demasiados sobresaltos, quintas palaciegas de veraneo, y casas, autos, viajes, buena ropa, buena comida, buenos negocios y buenas cuentas bancarias.
Todo debidamente encubierto, claro está, por altisonantes discursos sobre la opción preferencial por los pobres que dicen tener todos los políticos.
Artículo publicado en la edición del domingo 09 de marzo de 2014 de La Nación ().
Materiales sobre el tema en otros medios:
Ultima Hora, “Que parezca un accidente” de Luis Bareiro ().
Ultima Hora, “En la antesala del final” de Benjamín Fernández Bogado ().
Abc, “Políticos son investigados por el robo de US$ 140 millones” ().
Abc, “La corrupción” de Alcibiades González Delvalle ().
Abc, “Putrefacción” de Edwin Brítez ().

Abc, “Cenadores”, de Mabel Rehnfeldt ().    

EL ACOSO DISFRAZADO DE CARNAVAL

Si bien el tema del acoso sexual no es nada novedoso y mucho menos original, sigue siendo un tema recurrente y cotidiano, que hasta la fecha, se encuentra sin miras de solución. Solo de escribirlo causa vergüenza y repugnancia, cuanto más si se trata de una jovencita de origen humilde que necesita si o si trabajar. 

Hablar de esto, es como llegar a chocar de frente con las reservas mismas de la dignidad humana. 

Pero la cosa se remonta, al menos en Paraguay, desde aún antes de la colonia, quizás trayendo del Viejo Continente, esta inmunda práctica. A no olvidarse que a nuestra tierra, llegó mucha gente de malvivir, y que con la sola esperanza de una vida mejor, arriesgaban sus propias vidas. 
Para aquellos, que no tenían ya nada que perder, era preferible enfrentar lo que fuera en el Nuevo Mundo, antes que morirse de hambre en tierras europeas. 
Apenas los invasores, venidos de lejanas comarcas, desembarcaron en esta región, tomaron a las indígenas para su provecho y abuso personal. 
Esto desvirtuó aquel antiguo mito enseñado en las todas escuelas, hasta la fecha, sobre la nueva raza creada sobre la base del amor entre americanos y europeos. Luego vendría la aterradora historia de las llamadas “criaditas”. 
Estas eran niñas pequeñas, entregadas por sus humildes madres, a familias acomodadas, a quienes prometían tenerlas como sus “propias hijas”, dándole comida, vestimenta y vivienda a cambio de su trabajo, en los quehaceres domésticos. 
Sin embargo esto nunca fue verdad. Nenas de siete a doce años eran obligadas a trabajar 12 a 14 horas, prácticamente sin ningún descanso. 
Se les daba de comer las sobras, dormían en inmundos camastros, en el peor lugar de la propiedad, y sus ropas eran las que habían sido usadas por todos los niños de la familia. 
Por lo general se la mantenía escondida de las visitas a los dueños de casa, así como de los parientes de la niña. Recibían constante castigos corporales y contraían innumerables traumas psicológicos. 
A todo esto se le agregaba un pequeño trabajito extra, no incluido en ningún trato; la iniciación sexual de todos los varones de la casa, que casi siempre era sin el consentimiento de la niña. 
De vez en cuando, y aprovechando la ocasión, el mismo padre de la familia, visitaba a la preadolescente en horas no convenientes y lejos de los ojos de los demás integrantes. Esto es lo que en Paraguay se le llama “irse en jakare”. 
O sea, es una simple violación, pero sacándole todo lo dramático que este hecho aberrante implica. Ambas costumbres perduran, pero de una forma más atenuada, ya que con el correr de los años y la creación de distintas organizaciones no gubernamentales, el acoso, en sus diferentes formas, crearon cierto tipo de conciencia hacia la denuncia de estos hechos. 
Aún así, en pleno siglo XXI, sigue existiendo este tipo de lacra y quienes lo hacen, no se han amedrentado con las nuevas leyes que castigan este delito, quizás porque existe cierta impunidad que le otorga el relajado control policial – judicial, que no toma en serio esta cuestión. 
Muchas veces los mismos agentes policiales se burlan de las niñas o parientes de ellas, al hacer la denuncia. Otras, los funcionarios judiciales, saturados de cientos de procesos, lo ven como un mal menor, dentro de la marea de inmundicia que ellos observan en los pasillos de los Tribunales. 
Esta humillación que sufren tanto jovencitas solteras como mujeres casadas se encuentra empotrada en todas las oficinas, tanto estatales como privadas. El común denominador en el cual el acosador se apoya, es la falta general de trabajo y con este punto ejercen una férrea presión. 
La insistencia a veces se hace insoportable, provocando un desesperante estrés en las víctimas. La mayoría renuncia y otras acceden solo por la necesidad apremiante de mantener el empleo. 
Son cientos los casos que ocurren en nuestro territorio nacional, todos los días, solo que son muy pocos los que llegan al conocimiento del gran público. 
Cada tanto, uno de ellos sobresale y entonces toda la prensa se zambulle de cabeza, en los pormenores de tal “hazaña” e insiste durante varios días, hasta que la noticia languidece y deja de serlo. Ahora es el turno de Ciudad del Este. 
Muchas de las empleadas de las galerías y centros comerciales de nuestra ciudad son obligadas a usar un uniforme poco convencional, ya que sus empleadores las presionan a vestirse de manera provocativa, con el pretexto de atraer a una clientela decididamente masculina. 
Las chicas, muy molestas, manifiestan que desde la salida de sus casas hasta la llegada a su empleo, deben soportar todo tipo de groserías y al llegar a su puesto de trabajo, el acoso sexual y maltrato por parte de sus jefes. 
Pero el acoso no solo se refiere a lo sexual, sino también al estilo autoritario, en donde las jovencitas deben trabajar no menos de diez horas, todas de pie, donde se le controla el tiempo de estadía en el sanitario, cosa que con el tiempo les causa graves problemas urinarios. 
Se fiscaliza también el tiempo de duración del almuerzo, todas estas exigencias sin que haya horas extras por domingos y feriados, so pena de quedarse sin empleo. 
Sin embargo la piedra del escándalo fue un video que dura 2:36 minutos y en el que se observa como unas jóvenes vendedoras bailan una provocativa danza, vestidas con shorts y mini blusas, mientras una tercera lo hace descalza y con un diminuto vestido, algo transparente, al ritmo del funk, frente al pasillo de uno de los centros comerciales más concurridos de la ciudad. 
Casi al final del video, una de las jóvenes se levanta la ropa y baila, durante unos breves segundos, exhibiendo su ropa íntima. 
Las imágenes fueron compartidas en Facebook más de 200 veces durante los primeros días en que se subió dicho material a la red, creándose una singular polémica. 
Divididos entre las mujeres quienes hablaban sobre la humillación de las pobres chicas y por el otro lado, el deleite visual de los varones. 
Las mil caras del acoso se tornaron más y más sofisticadas con el correr del tiempo. Teniendo en cuenta que la Justicia hace muy poco por defender los derechos de las mujeres, ellas mismas deberán encarar al problema, aunque el acoso se disfrace de Carnaval.