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¿Es Ud. progresista…?
Una sociedad sin hábitos democráticos pero abruptamente colocada bajo el ropaje de la democracia, tenderá a operar bajo los códigos que ésta le impone sin abandonar el pensamiento autoritario. Obligados por las circunstancias, sus líderes podrán elaborar un complejo y costoso mecanismo legal para ayudar en el propósito, aunque con la mente y el corazón puestos en los resquicios que dejará el mecanismo para violarlo. Displicentes ante las normas de convivencia, poco habituados a los límites que consagran la libertad de iguales y estructuralmente discapacitados para considerar “al otro” como de idénticos derechos y oportunidades, los hombres tenderán a ignorar las leyes o alterar su sentido, deformar conceptos y declamar vocablos al sólo efecto de presumir de “democráticos”, sin que los ritos electorales hagan olvidar los vicios que adornaban la infalible y puntual mentalidad de los tiranos.
El lector podrá percatarse de las similitudes de este tipo de sociedades con la nuestra. Y es una de las razones, por la que muchas mas veces de lo necesario, escuchamos hablar de gobernabilidad, de pactos, de alternancia, consensos o de otros sustantivos que no se comprenden totalmente pero sirven para que algunos se den aires académicos, o saquen a ventilar alguna identidad ideológica que no se funda sino en un reducido catálogo de expresiones. Una de ellas y de las mas frecuentemente usadas, es la de “progresista“. Y, de acuerdo a quienes se jactan de serlo, el “progresismo” se identificaría con la izquierda. Uno de los indicios que certifican tal asociación es el frecuente menoscabo que hace la derecha del vocablo. Pues así como designaban “zurdos” a los militantes socialistas, ahora dicen “progre” a los que se dicen progresistas. Con el mismo tufo a desvergüenza que siempre se ha reconocido a la derecha. …
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